Bajo la luz de Ahura Mazda

por | 30 julio, 2018

El zoroastrismo actualmente cuenta con algo de más de dos millones y medio de seguidores, divididos en dos grupos. El principal es el de los Parsis en Bombay, y el otro, más reducido, el de los llamados abars (infieles) por los musulmanes, en Teherán.

A pesar de tener hoy un seguimiento minoritario, esta religión influenció notablemente a otras, primero desde su origen en Persia, y más tarde a través de sus ramificaciones, el mitraísmo y el maniqueísmo, y también, en gran medida, la religión cátara.

Entre las ideas que presentó o que recuperó de la antigüedad para volver a poner en valor, estaban el sistema dualista del bien y el mal, el mito del Salvador (Saosyant), la elaboración de una escatología en la que en el final de los días triunfará el bien y tendrá lugar la salvación universal, la doctrina de la resurrección de los cuerpos, y la mitología de los magos.

Para conocer las propuestas con las que irrumpió para renovar las creencias anteriores, la fuente principal es su escritura sagrada, el Avesta.

Avesta

Sin embargo, lo que conocemos del Avesta es solo parte de la reconstrucción del original. Parece que el Avesta constaba de 21 libros escritos en 12.000 pieles de buey, cuando fue quemado por Alejandro Magno durante su invasión de Persia. Se reconstruyó, pero con otra invasión, la islámica en el siglo VII, volvió a ser destruido. Solo nos ha llegado un libro completo, el Venidad, y parte de otros nueve textos.

Los documentos que conocemos están diferenciados en tres grupos, el Avesta, el Khorda Avesta y el Zend-Avesta.

El Avesta, fue recompilado en dos dialectos, Gatico y Avéstico, en época sasánida, y se compone de los siguientes libros:

  • Venidad (ley contra los demonios). Leyes sagradas e historias mitológicas.
  • Visparad (para todos los dioses y seres divinos). Letanías en honor a los seres divinos.
  • Yasna (sacrificio). Invocaciones, oraciones, ofrendas, etc. Dentro de los Yasna están los Gathas, cinco himnos en una lengua antigua, el Gático, vinculados por los especialistas directamente a Zoroastro.

El Khorda Avesta, o Pequeño Avesta, recoge plegarias destinadas a:

  • Los 5 Gath, o genios correspondientes a las 5 partes del día.
  • Los 30 Sisozah, divinidades para cada uno de los 30 días del mes.
  • Los 3 Afrigan, para diversos momentos del calendario, como el fin de año, cuando los muertos visitan la tierra.
  • Los 5 Nyasis, para el sol, la luna, el agua y el fuego y a los ángeles que están asociados a ellos.

La datación, como es habitual en estos casos, difiere según la fuente consultada, pero lo más aceptado es que los primeros textos son del s. VI o V a.C. y se continúan redactando hasta el s. V d.C.

El periodo, en cualquier caso, debería quedar comprendido entre el imperio persa Aqueménida (550 a.C. – 331 a.C.), durante el cual el zoroastrismo se desarrolla y alcanza cierto prestigio, y la proclamación del Avesta como libro sagrado y del mazdeísmo como religión oficial por parte del primer gran rey sasánida, Ardashir I (224 – 239/49 d.C.). Aunque la composición definitiva que supone el canon mazdeísta es del tiempo del rey Sapor II (309-380 d.C.), y su compilación corresponde a Adarbad Mahraspand.

Por antigüedad, el orden es: Gathas, Vendidad y Yast, Khorda Avesta, Yasna, y Visperad.

Los textos se completan con los llamados “libros Pahlavi”, por la lengua en que están escritos, o Zend-Avesta, elaborado entre el s. VII y XI d.C. Zend significa “comentario”, ya que se platean como exégesis del Avesta.

Creencias anteriores

Comprender la fuerza con que irrumpieron las ideas del zoroastrismo en la antigua Persia es más fácil teniendo presente algunos apuntes sobre las creencias que se habían ido forjando con anterioridad.

Pueblos indoeuropeos.

A finales del III milenio, los indoeuropeos que darán origen a las civilizaciones persa, india, griega, latina, germánica, etc., comienzan a descender hacia el sur, desde una zona posiblemente situada entre el norte del Mar Muerto y el norte del mar Caspio.

Al comienzo del segundo milenio, algunos pueblos indoeuropeos se desplazan hasta Irán y las montañas de Afganistán. Comparten un panteón, el indoiranio, que aún no ha comenzado a diferenciarse.

Son pueblos que practicaban el nomadismo ganadero, con familias patriarcales, organizados militarmente y que practicaban las incursiones de pillaje y la conquista de territorios.

Según la afamada teoría de Dumézil, se estructuraban en tres funciones,  la sagrada-jurídica, la guerrera y la de producción. Los dioses también se organizan de la misma forma, siendo los de la primera función, los del poder supremo y la magia cósmica, Mitra y Varuna en la India, Ahura Mazda en Irán, Júpiter en Roma y Odín en el panteón germánico. También hay una trinidad divina, Esus, Tutatis y Taranis en los celtas; Thor, Odín y Freia en los nórdicos; la Trimurti india con Brahma, Visnú y Shiva; Zeus, Poseidón y Hades en Grecia; o la triada capitolina romana con Júpiter, Juno y Minerva. En Persia, serán Ahura Mazda, Mitra y Anahita, diosa del amor y la fecundidad.

En las religiones indoeuropeas un elemento característico es el culto al fuego. Agni, fuego, es un importante dios védico.

Entre los indoiranios se practican ritos para la renovación del mundo, normalmente en Año Nuevo. Darío crea Persépolis solo para celebrar la fiesta de Año Nuevo, Nawroz, ya que esta ciudad no tiene importancia política. También practicaban sacrificios y conocían el valor mágico-religioso de la palabra y el canto.

En las religiones indoeuropeas hay un héroe creador que vence a un monstruo marino o a un dragón: Indra a Brita, Baal a Yam, Zeus a Tifón, etc. En el Avesta, Fretón (también nombrado Faridum o Thraetona) contra el dragón Azi Dahaka.

Los daevas y asuras en la época indoirania son dioses. Sin embargo, en la India los asuras acaban siendo considerados malvados sedientos de poder. En Persia, al contrario, son los daevas (demonios) los que caen en el mal. En este grupo se incluyen los dioses con función guerrera, Indra, Saurva y Vayu. Por el contrario, en el mazdeísmo, el gran asura prototipo, Varuna, se convierte en Ahura Mazda y el resto de asuras o ahuras fueron asociados con las fuerzas del bien como ángeles.

En Irán y en la India brahmánica la técnica de oficiar sacrificios y alcanzar la iluminación es para la minoría religiosa, que construye la tradición esotérica. Un elemento clave en estos ritos es el soma (India) o haoma (Persia), que es la fórmula indoirania de la bebida de la inmortalidad (amríta); es verosímil que sustituyera a la bebida indoeuropea madhu, hidromiel. El Soma ocupa el tercer puesto en el panteón védico por el número de himnos que le están dedicados. Todo un libro del Rigveda, el III, trata del Soma pavamána, el soma “en proceso de clarificación”.

Periodo Elamita 2700 – 539 a.C.

En el siguiente milenio se diferencia la religión irania.

El imperio elamita se encuentra al suroeste de Irán, y Susa es su capital, importante centro cultural y plenamente integrada en la historia de Mesopotamia. Se cree que el pueblo era de origen dravídico, al igual que en el sur de la India.

Ya se ha completado el proceso de separación entre las malas divinidades (Daeva), y las buenas (Ahura). Estas dos fuerzas se mueven entorno a Vayu, el árbol cósmico, eje pilar que une el cielo y la tierra. Además hay espíritus protectores, tutelares, etc., buenos y malos.

A la cabeza del panteón iranio, destacan los seis Amesha Spentas, o seis aspectos sagrados:

  • Amererat, la inmortalidad, asociado a las plantas, relación evidente en el caso del Haoma, la planta de la inmortalidad. En la India encontraremos la misma relación, especialmente visible en el Ayurveda.
  • Aramari, la moderación, asociado a la tierra.
  • Asha, el orden justo, asociado al fuego.
  • Haurvatat, la salud, asociado al agua.
  • Xshathra, la realeza, asociado al metal.
  • Vohu Manah, el pensamiento bueno, asociado al buey.

Y los dioses fundamentales son:

  • Ahura Mazda, señor supremo de los dioses, señor de la sabiduría
  • Mitra, dios-juez, dios-sol
  • Vayur, ideal del guerrero, señor de soldados y muertos, y de la atmosfera en movimiento
  • Varasthranya, dios de los seres vivos y el viento
  • Anahita, diosa de la fecundidad, señora del agua y de la Luna
  • Atar, dios del fuego, hijo de Ahura Mazda

El Hombre está compuesto por dos partes espirituales: una celeste, Daena, y una terrestre, Alma. De la daena dependía el comportamiento del alma, si actuaba bien, al morir volvía al alma divina, y si actuaba mal era castigada. Tras la muerte había un interrogatorio al alma, y luego atravesaba un puente como prueba iniciática, el Kinvat, para llegar a la luz del paraíso. Mohu Manah se encarga de acompañar a las almas en este recorrido hasta Ahura Mazda.

Se ha acreditado la existencia de sociedades secretas compuestas por jóvenes guerreros nobles, que se entregaban al éxtasis, y veneraban al dios matador de dragones, Farn o Fretón. Su emblema era el lobo y el dragón.

Periodo Meda (fin s. VIII a.C. – s. VII a.C.)

En la religión Meda carecían de templos e imágenes de dioses. Tenían una lista de demonios que entraron a formar parte de los Daevas.

La influencia fundamental es la introducción de los Magos. Se cree que procedían de la tribu meda de los Magi. Se fueron haciendo cargo de las funciones religiosas hasta ser el núcleo de oficiantes.

Religión Escita.

Al norte de Persia se encontraban los escitas. Se conoce muy poco de su religión. Había tres símbolos fundamentales: la copa, el hacha de combate, y el carro y su yugo.

Heródoto, empareja sus dioses con los olímpicos, con ese sincretismo tan propio de la Grecia clásica donde lo importante es el carácter que representa cada dios, sea cual fuere la zona del mundo o el idioma en el que se le venera. Así, relaciona a Hestia con Tabiti, Zeus con Papeo, Gea con Api, Afrodita- urania con Artímpasa, Helios-Apolo con Goitósiro, y a Heracles, Ares, y Poseidón los aúna en Tagimásadas.

En el rito fúnebre se colocaba el cadáver en un carro, se hacía una comida y tras 40 días se enterraba. El chamán acompañaba el alma del muerto al mundo inferior.

Periodo Aqueménida (s. VI-IV a.C.)

En esta época vive Zoroastro.

Los tres dioses fundamentales son Ahura Mazda, Mitra y Anahita, aunque existen otros muchos entre los cuales son importantes el fuego, el viento, el agua, el cielo, el sol, y la luna.

Los Magos eran oficiantes habituales de himnos y ofrendas a los dioses, que principalmente consistían en aceite de oliva mezclado con miel y leche, aunque también había sacrificios de animales, e incluso, a veces, humanos.

Una procesión constaba de cinco elementos ordenados de la siguiente forma. Primero iba el altar con el fuego, y, a continuación, los magos cantando. En tercer lugar 365 jóvenes vestidos de púrpura, representando los días del año. Después un carro blanco con caballos blancos y un yugo de oro, representando a Ahura Mazda. Y, cerrando la procesión el carro correspondiente a Mitra.

En cuanto a rituales funerarios, en este momento convivían tres, el enterramiento y el embalsamamiento, por un lado, y el ritual zoroástrico, en el que primero se dejaba el cuerpo a los animales, y solo más tarde se enterraban el despojo, ya que todo contacto con la muerte es considerado impuro.

Zoroastro

Zoroastro, o Zaratustra, probablemente viviera entre mediados del s. VII, hasta mediados del s. VI a.C., y naciera al oeste de Persia, en Media, actualmente Azerbaiyán. Aunque hay muchas teorías, que intentan arrojar algo de luz sobre los pocos datos existentes.

La tradición le atribuye milagros en la niñez, además de ser protegido por animales. Es educado como zaotar, sacerdote sacrificador y cantor, (similar al hotar sánscrito). Pertenece al clan Spitama, criadores de caballos.

A los 20 años abandona el hogar. Está casado y tiene, al menos, dos hijos, la más pequeña, una niña llamada Puruchistá, y vive de forma bastante pobre.

En un ritual de primavera se le aparece Voho Mada (la buena intención), y le permite ver los principios de la verdad y de la buena religión. En ese momento comienza su reforma. Tiene 30 años.

De los 30 a los 40 consigue un grupo de fieles y la conversión del rey Vishtaspa. Y también la enemistad de los sacerdotes. La comunidad a la que se dirige está principalmente formada por pastores sedentarios, que cuentan con sacerdotes karapan (murmuradores) y usig (sacrificadores), a los que Zaratustra no dudó en criticar.

Construye una hermandad con tres grados: Xvaetu, los fuertes de espíritu; Verezena, los trabajadores; y Airyamma, los amigos. En general entre sus discípulos se autodenominan drigu, “pobres”.

Según la tradición, a los 67 años muere violentamente por encargo de los sacerdotes.

Zoroastrismo

Zoroastro no propone nuevos dioses ni una nueva religión, sino un profundo cambio de enfoque que conlleva una substancial reforma, en la que combina elementos de su época (aqueménida), con otros de la religión original indoirania.

No está claro si potenció el papel de los magos, o bien fue un proceso que se dio de forma orgánica, pero se hicieron cargo de las ceremonias, el cuidado del fuego y los sacrificios, hasta ser directamente identificados con el zoroastrismo. Sin embargo, siempre fueron un grupo aparte, de manera que, aun siendo los oficiantes por excelencia, procesaron un tipo de religiosidad propia. Creían en la transmigración de las almas y eran ascetas, no tomaban vino, ni tenían sexo, y eran vegetarianos. A partir de la invasión griega pierde importancia su papel, y pasan a desempeñar otros de menor importancia, aunque parece que para ese momento ya habían declinado convirtiéndose en astrólogos, brujos, etc.

El zoroastrismo es posiblemente la primera religión monoteísta. Ahura Mazda se convierte en el dios supremo, padre del resto de dioses, que pierden su condición de tales, para convertirse en seres celestiales.

Los Amesha Spenta, los aspectos sagrados, se transforman en seis arcángeles: La buena mente, la perfecta justicia, la majestad, la devoción, la salud, la inmortalidad. Con Ahura Mazda suman siete que se considera ya un número místico. Luego están los Yazata o ángeles, unos cuarenta.

En el lado contrario, enfrentado a Ahura Mazda, se encuentra Ahriman, Angra Mainyu, el mal, que, de forma paralela a éste, cuenta con seis demonios opuestos a los Amesha Spenta, y con los Daeva, opuestos a los Yazata.

El Yasna XIX narra la creación. Al principio de los tiempos había un texto sagrado denominado Ahuna-Vairya, y Ahura Mazda lo canta con perfección y al hacerlo da comienzo a la formación del mundo. Esta idea de que la palabra cantada con perfección es el principio desencadenador de la creación, también lo encontramos justo en el comienzo del más antiguo de los Upanisad, el Chandogya.

También dentro del ámbito de lo sagrado, están los Fravashi, existentes desde antes de la creación, los espíritus de todos los individuos que, en el pasado, actualmente o en futuro vivirán.

Los humanos, al igual que los seres espirituales, tienen libertad para elegir ser seguidores de la verdad, Ashavant o del diablo Dregvant. El hombre tiene tres partes: alma, cuerpo y mente. La mente es la más elevada, ya que distingue las buenas acciones y los buenos pensamientos. El cielo se relaciona directamente con el mejor estado mental, y el infierno, con el peor. El cuerpo humano, es bueno en sí, ya que no tienen entendimiento como para poder elegir. Tras la muerte, hay un juicio, y solo aquellos que han elegido la luz, serán capaces de cruzar el puente Kinvat. Con esto reaviva la antigua tradición indoirania del viaje de los muertos.

Y, a pesar de esa libertad de elección, al final de los tiempos, la luz vencerá al mal. Sin embargo, no se alcanzará solo con la revelación de Ahura Mazda, sino que se requerirán varios Salvadores (Saosyant), que habrán de ir renovando este mensaje a lo largo de la historia. Ya no se renovará el mundo a través del rito que se realiza cada Año Nuevo, sino que serán estos Saosyant quienes los hará en cada época.

Pero, quizás, el punto de ruptura más claro es la defensa de la vida agrícola frente a la tradición nómada. No solo en el Yasna XXIX, llamado “El llanto del ganado”, sino también en la relación de cosas que, dice, son agradables a la Tierra, como son la tierra de cultivo, los lugares de ganado, el nacimiento de ganado, y los lugares de estiércol para el ganado. En oposición a estas, hay otras que le son desagradables: la violencia, los lugares de enterramiento, las torres de incineración de los cuerpos, los lugares donde habitan los espíritus del mal, y el alejamiento humano del camino recto.

El cultivo del campo y la ganadería se convierte en actos casi religiosos que agradan a Ahura Mazda, mientras que el nomadismo es despreciable. En este nuevo paradigma, también es necesario modificar el papel de los guerreros. Su función, como las del resto de la sociedad, en parte se sacraliza, y se le añade un aspecto moral, que ha de cumplir para seguir teniendo el favor divino.

Los ritos

El rito es especialmente importante en el zoroastrismo, ya que es a través de él que se experimenta el mundo sagrado. O, al menos, es capaz de operar en el interior de los participantes, en aspectos como el consuelo o la reconciliación, con ritos como la confesión, algunos sacrificios, o las procesiones.

También hay un nivel iniciático, no prohibido, pero sí restringido a oficiantes, por el cual se pretende alcanzar la experiencia de éxtasis.

Los dos ritos más importantes son el del fuego y el del Haoma.

Mantener el fuego sagrado, era de una importancia fundamental. Hay en él, posiblemente, aprendizajes acumulados desde el principio de la humanidad, y por ello se extiende por todas las culturas. Como ejemplo, tenemos descripciones detalladas de cómo era el culto a Vesta en Roma, y la transcendencia del cuidado del fuego.

Además, está relacionado con el segundo, el del Haoma, ya que se practicaba ante el altar del fuego, y que bendice a quien lo bebe con la inmortalidad, la salud, la vitalidad, el poder contra el odio y la mentira, y la sabiduría para prevenir el mal y sus acciones.

Zoroastro critica severamente el rito de Haoma llevado a cabo en orgías donde se sacrificaba un toro. Mencionamos antes a las sociedades secretas compuestas por jóvenes guerreros nobles, y es curioso que, en la India, Indra era el jefe de estos jóvenes, los Maruts, y tenía el calificativo de adhrigu, “el que no es pobre”, mientras que los seguidores de Zoroastro se denominaban de forma genérica entre ellos “los pobres”. Por otra parte, el animal relacionado con Indra también era el toro.

Para Zoroastro, el ritual del Haoma, no estaba destinado al exceso, sino a la obtención de la iluminación y la experiencia de la inmortalidad. Eleva la espiritualidad y la sabiduría. El término “sacrificio” (yasna) equivale en los Gatas a “pensamiento”, llama a su dios “sabio”, y exalta la verdad y el buen pensamiento. El fuego, según su visión, purifica y espiritualiza el mundo.

El nombre del paraíso, “garó demana” significa “la casa del canto”. El oficiante, por medio de su canto y la realización pura del rito, emula a Ahura Mazda en la creación del mundo, y el Haoma, rico en fluido sagrado, proporciona la llama sagrada que se encuentra en la frente de Mitra.

 

Bibliografía fundamental.

  • Alfredo Tiemblo. 2018. Kinvat. Editorial Dilema.
  • Georges Dumézil. 1977. Los dioses soberanos indoeuropeos. Herder Editorial
  • Georges Dumézil. Mito y Epopeya, II: Tipos épicos indoeuropeos: un héroe, un brujo, un rey. Fondo de cultura económica.
  • Mircea Eliade. 1976. Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Ediciones Paidós Ibérica.
  • Varios autores. The Sacred Books and Early Literature of the East. Selections from the Zend-Avesta, Translation by James Darmestetter.
  • Mary Settegast. When Zarathustra spoke. The reformation of Neolithic culture and religion.

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