Comentarios al Mito de Gilgamesh

por | 5 julio, 2014

Con mi agradecimiento a Ernesto de Casas por sus comentarios, que como siempre, han aportado visión.

 

Planteamiento

El poema épico de Gilgamesh es el más antiguo que conocemos y describe las hazañas de un legendario rey de Uruk. Pero desde su redescubrimiento, los estudiosos han hallado un mito repleto de contenidos con significados que requieren ser interpretados, ya que pertenecen a una cultura remota[1], y hoy su comprensión no es directa para nosotros. Quizás este sea uno de los motivos por los que la narración se ha analizado e interpretado por eruditos de diferentes disciplinas y desde diversos puntos de vista.

Dos de estas interpretaciones son especialmente interesantes. Una es la visión estructuralista de Levi-Strauss, donde la motivación subyacente del relato es la búsqueda de la inmortalidad por parte de Gilgamesh, y le llevará hasta Ut-Napishtim, el hombre que la ha conseguido mediante la divinización. La segunda, lo considera como el relato de la tensión producida dentro de una misma civilización entre la cultura (la ciudad, la civilización) y lo natural, siguiendo en este caso al filólogo G. S. Kirk[2].

Indudablemente, estos temas se encuentran en la narración, junto con otros más, como las luchas ancestrales entre la agricultura y la ganadería, y en concreto con el pastoreo, además de algunos más universales como la amistad, la fama, etc.

En el presente trabajo se explora otra interpretación, consistente en que la epopeya describe un proceso, que tiene lugar tanto en el mundo (cielos, naturaleza), como en el interior del ser humano, y que hace uso de la historia del héroe para ejemplarizarlo. De esta forma, a lo largo de la historia aparecen personajes que no son sino metáforas del proceso interno, o traducciones de experiencias humanas, siendo la más llamativa la de Enkidu, doble de Gilgamesh.

Se equipara también el proceso interno y el externo porque responde a la visión de que las normas que rigen los cielos se aplican igualmente en el plano humano y en el inframundo.

Este proceso, además, tiene forma cíclica. Este ciclo se encarna en la vida de las personas, rige el año con sus estaciones y meses, y gobierna el recorrido de las constelaciones. Así, el calendario no solo marcará casi por completo las actividades laborales o sociales, sino que la traducción que se hace del transcurrir del tiempo, equipara los ritmos y ciclos de la experiencia propia con los observados en el cielo.

No solo es que en el momento y lugar que tratamos se dé a las doce constelaciones los nombres que todavía hoy se utilizan popularmente, identificando el esquema del carácter humano con el mapa de cuerpos celestes, sino que se intentará dar una explicación globalizadora, conceptualizando estos ciclos y ritmos como leyes universales.

Uruk y Gilgamesh

El entorno de donde parte Gilgamesh tiene un protagonismo notable en este caso. Fue la primera ciudad que se convierte en centro de irradiación cultural en Mesopotamia. Ya hacia el 3.700 a.n.e. su influencia se extendía por los valles fluviales del Éufrates.

Se la considera ciudad-estado aunque según se describe en el poema también podría imaginarse como ciudad-templo, ya que pone relevancia en las murallas y el templo por encima de otros elementos. En cualquier caso, aún no intenta la expansión política o geográfica. La ciudad guarda a la civilización, y fuera está el mundo desconocido y salvaje.

Los sacerdotes diseñaron la ciudad y eran los arquitectos de los edificios. Gilgamesh aparece en la lista de reyes de Uruk como quinto rey después del diluvio y es llamado “señor de Kullab” que era el distrito religioso de Uruk. Reinó hacia el año 2650 a.n.e. Habría sido un rey-sacerdote, que era el modelo de soberano absoluto sumerio-acadio.

Son muchos los logros de los habitantes de esta ciudad y muy larga su historia, en la que no vamos a extendernos. Sin embargo apuntaremos que la lengua sumeria, continuó por muchos siglos siendo la empleada en los usos religiosos y cultos, aun después de haber desaparecido la población sumeria, de forma similar a como ocurrió con el latín o el sánscrito, y a pesar de que el acadio era una legua semítica y popular emparentada con el árabe y el hebreo.

También es importante anotar que su alcance comercial y cultural ha sido trazado hasta el Indo y el Nilo. Y por último, enunciaremos algunos inventos de Uruk, como son la rueda, la navegación fluvial, la talla de sellos, la joyería, la topografía, la escuela, el derecho, los números y la escritura, solo para hacernos una idea de la fuerza contenida en la ciudad de Uruk como contexto de cualquier acontecimiento ocurrido en su interior en estos tiempos.

El texto

Las leyendas orales de origen sumerio sobre Gilgamesh comienzan hacia el año 2650, pero su escritura se realizará en el periodo 2330-2000. En concreto, nos han llegado seis poemas que podemos considerarlos como la prehistoria de la historia de Gilgamesh: 1) Gilgamesh y Agga de Kish, del que no hemos encontrado rastro en la epopeya posterior. 2) Gilgamesh y el País de los Vivos, que pasa como episodio importante. 3) Gilgamesh y el Toro celeste, que también será un elemento central. 4) Gilgamesh, Enkidu y los Infiernos, incluida como tablilla XII en la versión ninivita. 5) La muerte de Gilgamesh, donde es promovido post mortem a regente y gran juez de los difuntos. Pareciera no haber tenido continuidad en versiones posteriores. 6) El Diluvio, que con un tratamiento diferente pasa a la tablilla XI.[3]

Sin embargo, la epopeya completa se compila en época acadia (Versión Antigua o Babilónica, 1750-1600). Posteriormente, entre el 1600 y el 1000, irán apareciendo sucesivas versiones, (hitita, hurrita, etc.) Hacia el año 1000 antes de nuestra era, (época Asiria), se reescribe la epopeya, que alcanza una amplia difusión. A esta versión se la llama ninivita, porque la mayoría de los restos de las tablillas fueron encontradas en Nínive. Hacia el 250 a.n.e., se escribe el último fragmento conocido.

La versión antigua o babilónica posiblemente constara solo de siete u ocho tablillas, y no es hasta la versión ninivita o asiria, que pasa a XII[4]. Esta versión consigue una gran fuerza narrativa, se ha podido reconstruir substancialmente, y es posible que tuviera como autor al erudito Sinleke’unnenni, del que solo se sabe que pudiera haber dado comienzo a un linaje sacerdotal.

A continuación resumimos el contenido de cada una de las tablillas, e incluimos seguidamente los comentarios respectivos[5]. Si bien intentaremos mantener estas observaciones en el ámbito de la tablilla a la que pertenecen, será inevitable que en algunas ocasiones se haga referencia a hechos producidos en otros puntos del poema[6].

Tablilla I

(Texto Asirio) Así comienza, en referencia a Gilgamesh:

“Quien ha visto el fondo de las cosas y de la tierra,
y todo lo ha vivido para enseñarlo a otros,
propagará su experiencia para el bien de cada uno.
Ha poseído la sabiduría y la ciencia universales,
ha descubierto el secreto de lo que estaba oculto”.

Se describe Uruk y sus partes principales, templo de Ishtar (Inanna sumeria)[7], murallas, etc., como obras espléndidas.

Composición de Gilgamesh:

“Dos tercios de él son dios” (Babilonio)

“Dos terceras partes de su cuerpo son de dios, la otra es de hombre. Su forma es perfecta…” (Asirio)

G es el pastor de Uruk. Es enorme y fuerte pero es arrogante, y no deja vivir en paz a las gentes – separa a los hijos de los padres, persigue a las mujeres…

Ha sido creado por Aruru – una diosa madre – y le piden a ella que cree otro ser igual para que luchen entre ellos y así deje a las gentes en paz. La diosa crea a Enkidu con arcilla. Tiene pelo por todo el cuerpo y es oscuro.

Enkidu es salvaje y vive con los animales. Los cazadores le temen. Recurren a Gilgamesh, y este les dice que le lleven a una servidora del templo y dejará de ser salvaje.

La ramera[8] espera hasta que llega Enkidu. Se desnuda y él la toma seis días y siete noches, después de lo cual los animales le rehúyen, porque ha cambiado su condición. “¡Eres sabio, oh Enkidu…!” le dice ella. Le lleva a Uruk a conocer a Gilgamesh.

Gilgamesh sueña con Enkidu: “Entonces lo abracé como se abraza a una mujer”. Su madre le explica que el significado es que se unirán como uno solo. Al día siguiente sueña con un hacha de doble filo, y su madre le da la misma explicación.

Comentario Tablilla I

En el texto sumerio se dice directamente que Enkidu es el doble de Gilgamesh. Y en el ninivita se dice que “es como G”. Este “ser” o “ser como” en el mito es equivalente al “ser”[9]. Así pues, tanto si aceptamos sin más que E es el doble de G, como si “ser como” G es equivalente a “ser” G, el resultado es que Enkidu es Gilgamesh.

Por otra parte, se nos dice que G está compuesto por dos partes divinas y una humana, lo que se puede interpretar como que es más divino que humano, pero también puede significar estrictamente lo que enuncia, que hay una composición específica de tres partes, de las cuales, dos son divinas. Debemos entender esta divinidad en el contexto de la cultura: “Según dos versiones sumerias, el hombre primitivo compartía en cierto modo la sustancia divina, soplo vital de Enfei o sangre de los dioses lamga, lo que quiere decir que no existía una distancia infranqueable entre el modo de ser divino y la condición humana”[10]. Así pues, podemos entender que hablamos estrictamente de la composición humana, que comparte con los dioses el soplo divino.

Por último, añadamos los sueños de G y las interpretaciones de su madre en ambos casos, en el sentido de que E será el complemento de G. En lugar de tomar cada uno de estos tres signos[11] por separado, plantéense en estructura: 1) G está compuesto de tres partes; 2) E es G; 3) E complementa a G. Así pues, obtendremos que E es una de las partes de G, y en concreto se nos dice que es la del doble.

Y qué es este doble. En algunas culturas antiguas se utiliza esta concepción, si bien en la que es más clara la explicación quizás sea en la egipcia. Allí, se divide al hombre en un parte corporal, otra espiritual (el Ba), y una tercera representada como doble (el Ka). Este Ka es en buena medida similar a la psique griega, que no está tan solo referida a las funciones intelectuales, sino que incluye todo lo no tangible, pensamientos, emociones, etc., y también la energía psicofísica presente en el todo el cuerpo y parte integrante del funcionamiento de la conciencia. De ahí que sea habitual que la psique se traduzca del griego como “alma” y no como psiquismo. La experiencia personal del ser humano de contar con elementos más relacionados con la energía que con la materia, se ha traducido, en distintos lugares y momentos, en ideas y formulaciones parecidas[12]. En Egipto, se pueden encontrar representaciones de faraones donde aparecen con dos imágenes, la primera la del propio faraón, y la segunda la de su doble o Ka. Este Ka no transita al lugar que pudiera idearse como destino después de la muerte, sino que se desintegra poco después de la muerte del cuerpo, siendo el espíritu el que sí puede alcanzar esos otros lugares propuestos.

Otro dato disponible, si bien fuera del texto, es la representación que se hace en sellos y relieves, de Enkidu como un ser con cabeza y piernas de toro, imagen ésta utilizada ampliamente para simbolizar la fuerza vital.

E y G, juntos son el Hombre, y aquí se habla de la creación del Hombre, en el caso de Enkidu con arcilla y paja.

Qué sentido podríamos darle si no es así al hecho de escribir un poema épico dedicado a engrandecer a G, y sin embargo, tras describirlo como físicamente magnífico, nos encontramos con que es un ser sin control, que “separa a los hijos de los padres, persigue a las mujeres”. ¿No se está describiendo a un ser sin conciencia?

Otro elemento de interés es la hierogamia entre la joven del templo y Enkidu. Tal y como nos apunta Mircea Eliade, el elemento final del ritual de la fiesta de Año Nuevo babilónico, el aki-tu, era la hierogamia ente el rey-sacerdote con una hieródula en el aposento de la diosa. Este acto dura siete días, número que indica en varios momentos el cambio de nivel. En esta ocasión desde estado natural al civilizado. En la hierogamia[13] se plantea un significado bastante común en muchos ritos basado en la magia por simpatía: si hay fecundación y renovación entre los oficiantes, la naturaleza y las cosechas actuarán de igual forma. Pero vemos aquí que también se propone un segundo objetivo, que es el de despertar al ser salvaje a la conciencia del mundo civilizado que le rodea, presentando el sexo como vehículo para la maduración personal que causa el tránsito desde el niño al adulto.

Con respecto a la fiesta de Año Nuevo, aki-tu y su relación con el poema, y también del significado del siete se amplían las explicaciones más adelante.

Tablilla II

La muchacha enseña a Enkidu a comer pan y beber cerveza/vino (según versión) como los hombres, y no como hacía antes, como los animales. Le corta la maraña de pelo del cuerpo y le frota con aceites. La muchacha le lleva a la ciudad, Uruk.

Enkidu se hace consciente de la existencia de la muerte.

Gilgamesh va a la Morada de la Reunión, lugar del templo de Ishtar donde se da la hierogamia con las servidoras sagradas, y donde E y la hieródula van a tener una noche nupcial, con el objetivo de ejercer como rey su derecho de pernada sobre la mujer. En la puerta le espera Enkidu. Los dos luchan y casi inmediatamente se hacen amigos.

Comentario Tablilla II

Aunque el relato se centra en G y E, si describimos los desplazamientos y movimientos del relato, lo que obtenemos es que toda la dirección de la acción va desde o hacia la servidora del templo. Ella guía el proceso de maduración de E, hasta que se hace consciente de la muerte. Le convence de ir a Uruk. También es el cebo que atrae al rey, llevado por el deseo de tomarla, a la Morada de la Reunión. Aunque G está asistido por el derecho de tomarla, es su relación con E, la que hace que este espere en la puerta a G para impedirle el paso, y que luchen.

Si realizamos un ejercicio de reducción, y tomamos a la servidora como la función sexual, a Enkidu como el doble o psique (en los sentidos antes descritos), y a G como el ser, aún sin consciencia, podríamos interpretar el relato como que el sexo hace madurar al doble tanto en su aspecto energético como psicológico, produciendo su enfrentamiento con el resto del ser y su consiguiente unión.

Tablilla III

(Versión babilónica. De la asiria hay poco material)

A Enkidu le abandona la sacerdotisa de Ishtar y queda sin fuerza.

Gilgamesh decide animar a su amigo haciendo una expedición contra el país de los cedros. Allí está el monstruo Huwawa (“Enormidad” en sumerio) creado por el dios Enlil y que guarda el Bosque de los Cedros. Enkidu no quiere ir porque le vio, y explica que su grito es la tempestad, su boca vomita fuego y su aliento es mortal, pero Gilgamesh quiere la gloria e insiste en ir a por Humbaba (asirio).

Van a los herreros, a forjar su equipo: hachas de tres talentos cada una, puñales de dos talentos, y lanzas de treinta minas.

Los ancianos previenen a G sobre el peligro de la aventura, y finalmente encargan a Enkidu, que conoce el camino, que guie y proteja a G.

Entre los consejos que le dan para el viaje está que abra un pozo en los momentos de calma para tener agua fría, y que le ofrezca agua fría al dios Shamash (el dios sol).

(Versión asiria): Van a ver a la divina Ninsun, madre de G, para preguntarle el camino. Ella hace un rito con incienso para pedir al dios sol por G.

Comentario tablilla III

La servidora del templo, que ha desempeñado un importante papel hasta ahora, abandona la escena, lo que conmociona a Enkidu.

Gilgamesh decide que la mejor forma de sacar del abatimiento a su amigo es mediante la consecución de la gloria, en este caso a través de una hazaña militar. En la versión antigua posiblemente se esté reflejando una de las expediciones de saqueo que se ejecutaban para obtener los recursos escasos en Babilonia, como la madera de calidad, y que posiblemente se dirigiera hacia el noreste, a los montes cercanos a Irán. Posteriormente, en la época de la versión asiria, es más probable que se estuviera haciendo referencia al actual Líbano. Sargón I se jacta de emular a Gilgamesh porque él también fue a cortar el cedro, en referencia a una campaña militar en el país donde esta madera crece, que en estos momentos ya correspondía al Líbano.

En la exégesis del mito, Silo lo llama “País de la Vida”, siguiendo el poema sumerio anterior, referido a esta expedición. Por otra parte, no es difícil trazar la utilización de la analogía entre el árbol y la vida[14]. Hay que tener en cuenta que el término utilizado en sumerio se refiere a las coníferas en general, y solo en la versión asiria se acota al cedro. Aquí aparece un primer intento por parte de Gilgamesh de apoderarse de la inmortalidad, de momento a través de la fama y la gloria.

Son los herreros, quienes conocen el secreto del fuego, los que fabrican las armas, al igual que ocurre, por ejemplo, con la creación del rayo de Zeus. (Superioridad entre pueblos por mayor desarrollo metalúrgico, entre otros significados).

El resto de la preparación para la aventura consta de tres elementos: Enkidu será el guía de G, ritos de purificación con el agua como protagonista, y peticiones al dios sol para que les otorgue protección. Siguiendo con la interpretación de E como conciencia, nótese que a partir de este momento, será E quien tomará la responsabilidad de guiar a G en sus actuaciones, así como frecuentemente de interpretar sus sueños.

Tablilla IV

(Texto babilónico muy destruido. Fragmentos reunidos de versiones asirias, hititas y acadias).

Describe el viaje de E y G al país de los cedros.

Gilgamesh va teniendo sueños que Enkidu interpreta. (Versión asiria).

Enkidu cae enfermo, posiblemente porque algún dios se sintió molesto, cuando antes de la partida le asustó la idea de luchar.

Se restablece y los dos entran en el bosque.

Comentario tablilla IV

Hay importantes lagunas en los textos, pero en esta tablilla se describe el largo viaje en el que tienen que cruzar siete montañas con sus siete valles, y en cada etapa G tiene un sueño que E interpreta. Parece que G provoca la consecución de los sueño mediante algún tipo de técnica. Bottéro directamente habla de incubación[15].

La enfermedad de Enkidu parece consecuencia de alguna actitud inadecuada.

Tablilla V

Llegan a las puertas del bosque.

La víspera del combate Gilgamesh tiene un sueño: suben a una montaña y esta se derrumba. Enkidu lo interpreta como que matarán a Humbaba.

(Completado con un fragmento hitita). Al cabo de 40 horas comen algo, y de 60 horas descansan. Gilgamesh hace un rito con harina en la tierra para tener sueños. Sueña con una situación de desastre y caos, donde el fuego lo convierte todo en cenizas. Luego tiene otro sueño de una montaña que cae sobre él. Enkidu siempre los interpreta como beneficiosos.

Gilgamesh invoca a Utu/Shamash, dios solar del cielo para que les ayude.

(Poema sumerio). Cortan siete cedros para atraer al guardián. Cuando van a luchar, Shamash envía huracanes, hasta ocho vientos contra Humbaba, hasta derrotarlo. Humbaba pide clemencia, y G le va a perdonar la vida, pero Enkidu le urge a que lo mate antes de que los dioses puedan actuar en su ayuda, y le cortan la cabeza.

Comentario tablilla V

Aunque el dios del sol, Shamash, los ayuda a vencer a Humwawa, no quiere que lo maten, como parece que tampoco querían el resto de dioses. Por ese motivo Enkidu se apresura a cortarle la cabeza, para que ningún dios tenga tiempo de venir en su ayuda y le salve la vida.

Esta actuación en contra del deseo de los dioses más adelante tendrá serias consecuencias, especialmente para Enkidu.

Tablilla VI

Después del combate la diosa Ishtar le pide a Gilgamesh que sea su amante. Le promete riqueza y poder si es su marido. Gilgamesh la rechaza porque dice que ha traído la ruina a todos sus amantes.[16]

Ishtar se enfurece y va al cielo, y les pide a su padre Anu y a su madre Antu que creen el Toro Celeste, y lo lancen contra Gilgamesh. Anu en principio no quiere, pero amenazado por Ishtar, lo crea a cambio de siete años de buenas cosechas.

El toro mata a muchos en Uruk, pero Enkidu agarra al Toro por los cuernos y Gilgamesh le clava la espada. Le arrancan el corazón y se lo ofrecen a Shamash.

Ishtar los maldice pero Ekidu le arroja los órganos sexuales del toro y la amenaza. Las sacerdotisas de Ishtar lloran sobre los órganos.

Celebran una fiesta, ya como héroes.

Comentario tablilla VI

El toro celeste se refiere a la constelación de Tauro, ya llamada así, y la muerte de centenares de hombre con dos o tres resoplidos, puede reflejar algún tipo de catástrofe natural que cayera sobre Uruk, con una importante mortandad, y que la población achacaría a un enfado de la diosa que habitaba su templo principal. Gilgamesh como rey de Uruk debió dar algún tipo de solución a la situación, o quizás simplemente se arrogó el motivo de su finalización. En esta ocasión G y E dan un paso más en su fama, pues si en el bosque de los cedros lucharon contra monstruos del mundo natural, en esta ocasión lo hacen contra los destinos del cielo, y por tanto contra los dioses.

Tablilla VII

(Texto hitita) Enkidu sueña que los dioses Anu, Enlil, Ea y Shamash, se reúnen y Enlil decide que deben morir por matar a Jumbaba y al Toro Celeste. El dios del sol, intercede por ellos, pero Enlil furioso decide que Enkidu deben morir.

(Texto asirio) Enkidu maldice a la sacerdotisa por haberle llevado a la ciudad, pero Shamash le reprocha esta actitud, y le recuerda que ella le civilizó.

Enkidu sueña que un personaje con garras de águila le pide que lo siga al infierno.

Comentario tablilla VII

Han conseguido la fama y han luchado contra el destino, pero ni aun así consiguen la inmortalidad. Enkidu, la psique, el alma, debe morir. Por un momento se revela contra la servidora del templo, que al hacerle madurar para el mundo le hizo consciente de la muerte. Pero el sol en su interior, le hace comprender que esto es injusto.

Tablilla VIII

(Texto asirio. Apenas la columna II utilizable) Gilgamesh se lamenta por Enkidu ante los ancianos.

(Leyenda sumeria) Enkidu enferma y muere. Gilgamesh está con su amigo durante doce días, hasta que el cuerpo se descompone.

Comentario tablilla VIII

En la leyenda sumeria de la muerte de Enkidu, Gilgamesh como rey-sacerdote, le da consejos sobre cómo debe actuar en el inframundo. El inframundo babilonio era muy parecido al griego en el sentido de que también tenían que cruzar una laguna con ayuda de un barquero, estaba bajo la tutela de un dios, en este caso la hermana de Inanna, y tenían unas normas de funcionamiento muy determinadas, aunque en el medio oriente vivían una inmortalidad más parecida a la vida en la tierra que el triste vagar de las almas griegas.

A Enkidu, por un momento se le permite volver al mundo de los vivos y contar a Gilgamesh cuál ha sido el destino de los que han muerto, y según su relato, aquellas actitudes y comportamientos desarrolladas en vida, determinan cómo transcurrirá el tiempo que se perpetuará en el inframundo. Por tanto, acompañar al cuerpo hasta su descomposición puede indicar algún tipo de ritual en el que se intente ayudar al difunto a establecerse en la otra vida.

Tablilla IX

Gilgamesh lleno de terror a la muerte decide ir en busca de su antepasado Ut-Napishtim (el Noé asirio, Ziusudra en sumerio), que se convirtió en inmortal tras sobrevivir al Diluvio, para que le dé el secreto de la inmortalidad. Llega hasta la montaña Mashu, cuidada por los hombres escorpión, que tocan los cielos y los infiernos. Les dice que busca a su antepasado Ut-Napishtim. Le dejan entrar y se ha de dirigir hacia el sol, el este, por tanto amanecer. Ha de cruzar por un túnel bajo las montañas, donde todo se oscurece. El camino tiene doce etapas de una legua cada una, en las ocho primeras todo es oscuridad, en la novena sigue oscuro pero nota viento, en la once comienza a ver el alba, y en la doce termina. Aparece en un jardín lleno de joyas perteneciente a Siduri, diosa de la sabiduría en los escritos sumerios, y más tarde degradada a tabernera.

Comentario tablilla IX

Una vez aceptada la muerte de la psique y dejada atrás, se emprende la búsqueda de la inmortalidad, no a través de la fama ni de la rebelión contra los cielos, sino directa. Este viaje tiene doce etapas, donde hasta la novena no se comienza a intuir la salida de la oscuridad, que ocurre a partir de la décimo primera. Al finalizar entra en un jardín-paraíso[17], donde prefiere no quedarse para proseguir con su búsqueda de la inmortalidad.

Tablilla X

(Texto babilónico) Gilgamesh encuentra a Shamash, el dios sol. Le explica que tras haber buscado su camino en la llanura ahora quiere que el sol le inunde. Grita, “¡Que los muertos vean los rayos del sol!”

(Texto asirio) La tabernera Siduri que vive cerca del mar, intenta que vuelva a la vida habitual de los hombres y se sienta satisfecho con lo que esta ofrece, pero Gilgamesh busca la inmortalidad y pregunta cómo llegar hasta Ut-Napishtim. Siduri, finalmente, le indica que debe atravesar el mar de la muerte, y hablar con Urshanabi que es quien conduce el bote y está acompañado por “los de piedra”, a lo cuales Gilgamesh destruye, para luego pedir al barquero que le lleve. Urshanabi, le hace cortar leña y alquitranarla, para después partir hasta las aguas de la muerte.

Llegan hasta Ut-Napishtim.

Comentario tablilla X

A partir del momento en que Enkidu deja de guiar a Gilgamesh, este papel lo asume el dios sol, Shamash. Siduri, que fue una especie de ninfa, es ahora una tabernera, junto al mar, cuya función pudiera ser la de advertir de que si se continua se abandona la vida habitual y dar las últimas indicaciones. Gilgamesh está decidido a dejar atrás esa vida en busca de la inmortalidad.

La representación del mundo sumeria era un disco de tierra, con montañas a este y oeste, que flotaba sobre el mar. Gilgamesh, encuentra a Siduri en el límite este. A partir de ese mar, aparentemente se dejaba el mundo, o al menos el mundo conocido.

No pareciera haber una explicación evidente al significado de “Los de piedra”, pero hemos encontrado una costumbre antigua, de la zona, a la que pudiera hacer referencia, consistente en romper una estatuilla pequeña de piedra antes de embarcarse, para propiciar una navegación sin infortunios.

Tablilla XI

(Texto asirio) Ut-Napishtim, El Lejano, le revela la historia del diluvio, desencadenado por Enlil como respuesta al bullicio provocado por los hombres. Pero Ea advierte a Ut-Napishtim, le ordena que construya una nave y la llene con toda simiente de vida, y en siete días el mandato está cumplido. Los doce anunnaki queman la tierra y después llega el diluvio. Al finalizar les otorgan a Ut-Napishtim y a su esposa la inmortalidad.

Ut-Napishtim y su esposa finalmente se compadecen de Gigamesh y le proponen una prueba donde debe permanecer despierto siete días, pero no la supera. Así pues, le preparan comida y le llevan a una fuente para que se lave y limpie su vestido para el regreso. Pero se apiadan de él y le susurran el secreto de una planta que le dará la inmortalidad y que está en el fondo del agua. Gilgamesh parte, y de camino se sumerge y recoge la planta, pero durante el viaje una serpiente se la roba, y vuelve con las manos vacías.

Comentario tablilla XI

¿Qué significa la historia del diluvio? Propongamos una primera interpretación. Los dioses han decretado la muerte para todos los seres y la inmortalidad solo se consigue en cuanto que se ponen los medios para que la vida continúe, no solo la de la propia especie, sino también la del resto.

Pero también podría haber una segunda interpretación. Quizás los doce anunnakis que acaban con la vida, representen el tiempo, (un ciclo temporal más bien, relacionado con el 12), tras el cual el agua viene a limpiar lo antiguo y renovar la vida. Recuérdese que en la cosmogonía sumeria la vida surge del mar, “La diosa Nammu (cuyo nombre se escribe con el pictograma que designa el «mar primordial») es presentada como «la madre que engendró el cielo y la tierra», como la «abuela que parió a todos los dioses». El tema de las aguas primordiales, consideradas como una totalidad a la vez cósmica y divina, es muy frecuente en las cosmogonías arcaicas. También en este caso se identifica la masa acuática con la Madre original que engendró por partenogénesis a la primera pareja, el Cielo (An) y la Tierra (Ki), que encarnan los principios masculino y femenino”[18].  Por otra parte el agua es símbolo de renovación vital, “El bautismo equivale a una muerte ritual del hombre antiguo seguida de un nuevo nacimiento. En el plano cósmico equivale al diluvio: abolición de los contornos, fusión de todas las formas, regresión a lo amorfo”.[19]

Quizás nuestra primera opción sea válida para el mundo físico, y esta segunda se adapte más al espiritual, y esta sea la revelación de Ut-Napishtim.

Sin embargo, pareciera que todavía le propone a Gilgamehs dos opciones para conseguir su inmortalidad, una a través de una prueba iniciática, permanecer despierto siete días, y otra a través de una planta con propiedades milagrosas. En el primer caso, es incapaz de conseguir siquiera acercarse, y en el segundo la serpiente, que bien pudiera ser representación del dios serpiente, señor del árbol de la vida, se la arrebata. ¿Se proponen estas dos opciones con la intención de cerrar definitivamente esas puertas, o al contrario?

Tablilla XII

(Texto sumerio) Innana/Ishtar guarda el tronco de un árbol que creció después de crearse el universo, con el fin de hacerse una cama y una silla. Pero varios animales y espíritus dañinos anidan en él. Gilgamesh la ayuda, y con la madera que sobra construye un tambor y unos palillos para tocarlo. Realiza algunos ritos mágicos con él, pero se le caen a las profundidades del inframundo, y Enkidu regresa de él trayéndolos de vuelta y reuniéndose con Gilgamesh.

Comentario tablilla XII

La tablilla XII es una parte de la leyenda sumeria donde se recoge la muerte de Enkidu. Un texto que parece no venir a cuento, y que los especialistas en general toman como un añadido sin relación con el resto de la epopeya. Muchos de ellos solo consideran hasta la tablilla XI como parte de la narración.

Sin embargo, en los años sesenta, una misión italiana escavaba un yacimiento arqueológico en Siria, sacando a la luz lo que fue la ciudad de Ebla[20] cuya existencia está datada desde el 3000 a.n.e. En el año 2400 a.n.e., el palacio de la ciudad quedó arrasado por la llamas. Dentro había una biblioteca formada por unas 20.000 tablillas de arcilla que quedaron cocidas en el incendio. Giovanni Pettinato, catedrático de Asiriología de la Universidad de Roma, empezó a leer en 1975 las tablillas encontradas y encuentra un final diferente para la historia, donde Gilgamesh, después de no conseguir la inmortalidad regresa y se suicida con 80 familiares de la corte.

Por otra parte, en 2001, se escaba la “sala del exorcista”, en Me-Turan, en Irak, junto al lecho del Éufrates, donde hay una sala con ochenta y tres cadáveres, confirmando la existencia de un enterramiento real, con toda la familia y cercanos, además de los textos utilizados para propiciar un tránsito adecuado a la otra vida, confirmando de esta manera la costumbre real.

Es muy posible, como ha ocurrido con frecuencia en las historias que se han hecho populares, y pasado de narrador en narrador, que el relato se haya pulido con el roce de los gustos de la audiencia. El final del gran héroe decidiendo morir puede haber sido poco aplaudido hasta ser retirado, y sustituido por una antigua leyenda, que si bien también trata el tema de la muerte, lo hace desde una perspectiva diferente.

Y sin embargo, una tablilla XII, un final en el que Gilgamesh muere, puede ser el más adecuado a la lógica interna del relato. Ha de cerrarse el ciclo para poder volver a comenzar.

Síntesis del contenido de las tablillas

Para una mejor visión del proceso, puede ser de ayuda hacer una síntesis del contenido de las tablillas.

Tablilla I. Enkidu como doble de Gilgamesh. La hierogamia como factor civilizador.

Tablilla II. Enkidu madura a través del sexo. Gilgamesh se convierte en un ser con conciencia.

Tablilla III. Búsqueda de la inmortalidad a través de la gloria.

Tablilla IV. Viaje como proceso, y sueños mediante Incubación.

Tablilla V. Muerte de Humwawa, en contra del deseo de los dioses.

Tablilla VI. Gilgamesh rechaza a Ishtar, y matan al Toro Celeste. Nueva rebelión contra los dioses.

Tablilla VII. Ni por la gloria, ni luchando con los dioses, ni con la madurez, se consigue la inmortalidad. Enkidu se hace consciente de que ha de morir.

Tablilla VIII. Enkidu muere y baja al inframundo. Gilgamesh le vela 12 días tras la muerte.

Tablilla IX. Viaje como proceso hasta Ut-Napishtim con 12 etapas.

Tablilla X. Gilgamesh, guiado ahora por el dios sol, abandona la tierra de los vivos.

Tablilla XI. Revelaciones de Ut-Napishtim: la inmortalidad física solo es posible en cuanto a favorecer las condiciones necesarias para que la vida siga en las futuras generaciones, no personalmente, y la inmortalidad espiritual es una renovación, para la cual son necesarios la muerte y el renacer.

Tablilla XII. Muerte de Gilgamesh.

 

Desarrollo de los temas centrales

En el comienzo, ya adelantamos que proponemos varios temas, como centrales de la epopeya. Estos se resumen en dos: la trama como relato de un proceso interno que traduce la experiencia humana de la búsqueda de la inmortalidad, y la relación intrínseca de este proceso con los del cosmos, reflejado en el tiempo y sus ritmos.

En cuanto al primer tema, hemos insertado comentarios en las tablillas que pretendían explicar el punto de vista que hemos expuesto.

El segundo tema, relacionado con ciclos temporales, creemos que requiere profundizar en algunos elementos, que intentaremos completar a continuación.

El ciclo anual

En referencia a la noción de ciclo celeste, encontramos en el prólogo a su edición, que Gastón Blanco menciona lo siguiente: “Y en cuanto a poema particular es desarrollo literario de las ceremonias sumerias del akitu, Festival del Año Nuevo.”

Mircea Eliade[21], amplía la cuestión: “Los lectores familiarizados con la etnografía y la historia de las religiones no ignoran la importancia de toda una serie de ceremonias periódicas que, por comodidad de exposición, podemos clasificar bajo dos grandes títulos: 1° expulsión anual de los demonios, enfermedades y pecados; 2° rituales de los días que preceden y siguen al Año Nuevo. En uno de los volúmenes de La rama dorada (parte VI, El chivo emisario), Sir James George Frazer[22] ha agrupado a su modo suficiente número de hechos de ambas categorías (el “chivo emisario” era expulsado “al desierto” por los hebreos y los babilonios).

“El ceremonial del Nuevo Año babilónico, el aki-tu, es bastante concluyente a ese respecto. El soberano desempeñaba un papel considerable, puesto que se lo consideraba hijo y vicario de la divinidad en la tierra; como tal, era responsable de la regularidad de los ritmos de la Naturaleza y del buen estado de la sociedad entera. A él le incumbía la misión de regenerar el tiempo. […] En el curso de la ceremonia akitu, que duraba doce días, se recitaba solemnemente, y varias veces, el poema llamado de la Creación: Enuma elish, […] cerrábase el ciclo por la hierogamia del dios con Sarpanitum, hierogamia reproducida por el rey y por una hieródula en la habitación de la diosa, y a la cual correspondía ciertamente un intervalo de orgía colectiva.”

Ciclo como ley universal

Decíamos al introducir el punto de vista que el ciclo se constituye en ley universal, al manifestarse tanto en el cosmos como en el interior del ser humano. Esta visión se extrapola a las matemáticas y la astronomía en cuanto intento de explicación del cosmos, de forma que los ciclos, ritmos y leyes que se pueden observar en los cielos han de tener su correlato en nuestra naturaleza.

Esta civilización, en el IV milenio antes de nuestra era (a.n.e), veía cómo tomaban forma en el mundo real, las ideas de ciclo, ritmos y formas, con el invento de la rueda, las matemáticas y la construcción de zigurats.

El gran impacto que estos logros causan en la cosmovisión colectiva se hace patente en cómo extienden sus observaciones a todos los ámbitos, como por ejemplo, al deducir que si el año marcaba la renovación en la Tierra, habían de existir periodos para la renovación del universo, y que su duración en años había de ser igual a la cantidad de segundos de un día.[23]

Hay dos ciclos repetidamente utilizados a lo largo del poema. El basado en el número 12, anual solar, y en el número 7. Este último tiene dos referentes inmediatos, los días de la semana, y los astros del sistema solar conocidos en la época.

Hemos trazado la importancia del número 7 en la cultura babilónica, y encontrado el establecimiento de rituales en los que el rey y su consorte representaban al sol y la luna, y el resto de la corte a los otros cinco planetas visibles.

  1. O. James[24], también lleva esta relación a la construcción de los templos: “El ziggurat de Birs Nimrud (Borsippa), descrito por Herodoto y excavado por sir Henry Rawlinson en 1854, que fue dedicado a los planetas cuando lo terminó Nebuchadnezzar II en el siglo VI antes de Jesucristo, tenía siete pisos, cada uno coloreado del tinte especial prescrito.” Y más adelante, “En Babilonia, frente a Borsippa, está el templo de Marduk llamado Esagila, «la casa alta»; y los siete pisos de su torre, llamada Etemenanki («la casa del fundamento de cielos y tierra»), estaban asignados, respectivamente, a los principales cuerpos celestiales: el Sol, la Luna y los cinco planetas—y los dioses con quienes se asociaban—. Esto dio al ziggurat un significado cósmico como reproducción de la morada de los dioses.”

A lo largo de la epopeya, este número es utilizado con una función simbólica de cambio de nivel, o de escala. Ya en el poema sumerio de “Gilgamesh y el País de los Vivos”, (según la nomenclatura de Kramer que trataremos más adelante), anterior a la creación de la epopeya, veremos que en su aventura en el bosque de los cedros, han de atravesar siete montañas, tiene que luchar con Huwawa armado con los siete Fulgores, y sus seguidores podan siete árboles. En “Mitos raíces universales”[25], también se recoge la misma utilización del número, entre otras ocasiones, en “Gilgamesh, la creación de su doble”, en donde además de pasar siete días de sexo con la sirvienta del templo, también apunta: ‘Entonces comió Enkidu el pan, comió hasta saciarse, bebió el vino, bebió siete veces…’ [26], indicando estos dos hechos el paso de nivel de Enkidu de hombre salvaje a civilizado.

No solo los poemas referidos a Gilgamesh recogen dentro de la literatura sumeria la importancia del número siete. De hecho, quizás donde más claramente éste número está relacionado con leyes universales y conceptos místicos, es en el hermoso poema de la bajada de Inanna a los infiernos. Siete son las leyes divinas, representadas en siete prendas, que va perdiendo una a una según cruza cada una de las siete puertas hasta entrar en el inframundo. Se establece así una simetría entre el cielo con siete objetos visibles, con el inframundo, que en consecuencia también debe constar de siete niveles.

Por otra parte, se establecen ciclos anuales de doce meses, con divisiones estacionales, adoptando el año solar como unidad de tiempo, y sobre el mapa estelar se dibujan doce constelaciones.

También son diversas las traducciones al plano humano. El consejo consultivo del rey consta de doce ancianos, y las constelaciones se adjudican a dioses y se asemejan a características humanas. Igualmente, encontramos su reflejo en la construcción de la ciudad[27], “Los modelos del templo y de la ciudad son, podríamos decir, «trascendentales», pues preexisten en el cielo. Las ciudades babilónicas tenían sus arquetipos en las distintas constelaciones: Sippar en la de Cáncer, Nínive en la Osa Mayor, Asur en la de Arturo, etc. Esta concepción se generalizó en el Oriente antiguo.” Eliade avanza un poco más estableciendo la misma relación entre los actos de hombres y seres divinos: “En efecto, la teoría de los modelos celestes prolonga y desarrolla la concepción arcaica, universalmente difundida, según la cual las acciones de los hombres son simplemente una repetición (una imitación) de los actos revelados por los seres divinos.”

La división en doce tablillas del poema, realizada por Sinleke’unnenni, nos parece, así pues, intencional y no casual.

A modo de síntesis

En Uruk se produce una explosión de inventiva y desarrollo. El hombre se maravilla con el funcionamiento de la rueda, crea en los números abstracciones del mundo, formaliza pensamientos en unos signos grabados en tablillas y los trasmite a otros, que son capaces a su vez de entenderlos. Se levantan altas murallas, sus templos simulan montañas, y los sabios miden el tiempo a través de la observación de los astros.

Se puede intentar visualizar aquella primera experiencia humana, para constatar que no se es capaz. Pero podemos intentar vislumbrar el impacto que les produjo, a través del mito. Esas impresiones se tradujeron en imágenes que plasmaron en sus poemas e historias. El despertar de la conciencia y su relación con el sexo. La búsqueda del sentido de la vida, y como la fama no es suficiente ante la perspectiva de la muerte. La rebelión contra dioses y leyes terrenas, y las revelaciones relacionadas con el desarrollo de la vida y la transcendencia. También una comprensión de los ciclos y ritmos que habían de ser válidos igualmente para los cielos, para el hombre y para el inframundo, porque, ¿qué motivo tendrían los dioses para crear un mundo que no participara en todas sus partes de su propio ser?

Y por último, pero igualmente importante, la sospecha de que la reescritura posterior de la epopeya por parte de un sacerdote erudito, genial en cuanto a su compilación ordenada de todos los elementos, está auténticamente llena de aquello que llamamos sabiduría ancestral.

 

Anexo. Notas sobre el símbolo en el mito.

Si partimos de la proposición de una relación estructural entre la conciencia y el mundo, que es cambiante según diversos factores que configuran diferentes estados para esta conciencia, podemos convenir en la existencia de un estado específico de conciencia poética, en el cual el mundo de los significados se peralta sobre el de los hechos. El poeta, mediante la traducción de estados internos, creará imágenes que a otros servirán para comprender el mundo, estructurar sus creencias y orientar su acción. En esta situación, las imágenes se constituirán como símbolos, y la capacidad de entenderlos descenderá gradualmente a medida en que nos alejemos en el tiempo y culturalmente. Será útil por tanto, saber distinguir dentro de una historia lejana, donde se encontraba el mito para las personas de aquel momento y lugar.

El estructuralismo y la semiótica, nos enseñan que el signo es la relación entre un objeto, real o no, (Referente), una imagen acústica, visual o táctil (Significante), y su Significado, o la lista de objetos mentales que le dan sentido. Por ejemplo, escribiremos la imagen visual “casa”, que hace referencia a un ente que conocemos, y donde solemos vivir, y dentro de su significado cabrán diferentes tipos de habitáculos, pisos, cabañas, etc.

Sin embargo, en este triángulo, cuando tratamos con el mito, el símbolo adquiere una nueva entidad que transciende a los elementos que lo componen. Por ejemplo, habrá una palabra que represente una “muralla”, y unas características determinadas: es más o menos alta, delimita un espacio, tiene usos defensivos, etc. Pero la “muralla de Uruk” transciende a sus características, divide el mundo salvaje del civilizado, fuera está el mundo natural y dentro el saber y la ciencia. Y en algún momento esto toma una fuerza y un significado especial, y ya estas murallas no son una construcción que delimita una ciudad, sino un símbolo diferente y claro para el contemporáneo de Gilgamesh, con un significado que ha ido más allá de los límites naturales de la construcción.

Cuando las características del objeto referenciado  y los diferentes significados del símbolo, entran en el campo del mito es porque generan una nueva entidad que no se explica por lo anterior. Si, por ejemplo, enumero las características del dinero y los significados que le damos al término, y a continuación enuncio, “cuando tengo dinero siento que mi vida tiene sentido”, nada de lo anterior se aplica a esto y el dinero se habrá convertido en mito.

La anterior, parece una afirmación que raramente se oiría decir en voz alta, pero no es necesario, si la imagen mental existe. Hay estudios que demuestran que los seguidores de equipos deportivos, la semana que ha ganado su equipo cambian sus comportamientos y sus formas de relación. Quizás nadie diga, “si mi equipo gana, esa semana me sentiré un triunfador, y tendré confianza en mí mismo”, pero si la imagen mental opera de esta forma, el significado de ese equipo, y sus símbolos han entrado en el campo de lo mítico igualmente.

Así pues, dentro del relato, especialmente del lejano cultural y temporalmente, detectaremos los elementos míticos si conseguimos reconocer símbolos que se ha  transformado, llevado sus significados más allá de lo que las propiedades del referente podrían sugerir, y habremos de distinguirlos de las “creencias” que son significados que se han dado a un elemento, hoy desactualizados pero vigentes en su momento, y en ningún caso míticos.

 

Figura de Gilgamesh del palacio de Sargon II (Museo del Louvre).

Figura de Gilgamesh del palacio de Sargon II (Museo del Louvre).

 

Notas

[1] En el cuarto milenio, de la unión de los sumerios, de los cuales no se conoce su origen, con un grupo semita, los acadios, surge la civilización mesopotámica.

[2] Se puede seguir la explicación de estas dos interpretaciones, por parte del Profesor Ed Greenstein, del Bible Department, de la Bar-Ilan University de Israel, en una clase grabada en vídeo disponible en internet (en inglés).

[3] Estos poemas originalmente no tienen nombres. Para podernos referir a ellos hemos utilizado los que les otorga Samuel Noah Kramer, en su magnífica obra “La historia empieza en Sumer”, capítulo XXV.

[4] Algunos estudiosos dicen que son once las tablillas, y que el añadido de la número doce es posterior.

[5] De entre las ediciones consultadas se ha elegido la de la Plaza & Janés S.A., con traducción de Agustí Bartra, e incluida en la Colección Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges, de 1986, y prologada por él mismo, porque intenta recomponer la historia utilizando fragmentos de diferentes versiones, y “La Epopeya de Gilgamesh. El gran hombre que no quería morir.” Edición y traducción de Jean Bottéro, (director de estudios de la Sección de Ciencias Filológicas e Históricas de la Escuela Práctica de Altos Estudios de París, coautor con Samuel Noah Kramer de diversos trabajos), Akal Oriente, edición 2007, (traducción de 1992), Madrid, ya que se centra en la versión asiria, la más completa y la que se establece en doce tablillas. En cualquier caso, se considera que el poema consta de unos 3000 o 3500 versos, de los que nos han llegado más de 2000 en diferentes grupos de piezas.

Hemos consultado diferentes ediciones, pero hay que resaltar el “Cantar de Gilgamesh” primer texto publicado en español, en 1978, de la editorial Galerna, con prólogo y notas de Gastón Blanco, en la cual dice basarse principalmente la de “Mitos Raíces Universales”, de Silo, 1991. Ambas ediciones tienen una ordenación similar, pero la de “Mitos” es una exégesis cuyo objetivo es la claridad argumental de la narración, y añade el descenso al infierno del texto sumerio “Gilgamesh, Enkidu y los Infiernos”, no incluido en la compilación acadia, como continuación de la muerte de Enkidu, además de utilizar algunas referencias del “Gilgamesh y el País de los Vivos” sumerio, en el relato de esta hazaña. Si bien ambas son ediciones cuidadas, no siguen el ordenamiento de las XII tablillas que, en esta ocasión, se ha considerado importante mantener, ya que este número no se considera casual, sino reflejo de un ciclo.

[6] Como explica Juan Castaingts (“Antropología simbólica y neurociencia”, Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, México, 2001), la lectura secuencial del mito no favorece la visualización de códigos. Si se ordenan en forma de matriz en donde una dimensión corresponde a los elementos del mito y la otra a las propiedades de cada elemento, se facilita el hallazgo de los códigos.

[7] No es lugar para entrar en una explicación detallada del panteón de dioses, pero será útil saber que había cuatro principales entre los sumerios: An (sumerio)/Anu (acadio), dios del cielo y padre de la dinastía divina; Enlil, dios de los vientos y la tormenta, que luego se transforma en dios de la tierra; Enki/Ea, el más inteligente, creador de los hombres y las civilizaciones; y Ninhursag, la madre creadora de los dioses. Sin embargo, en el texto tiene más participación la triada semita/acadia: Sin (Luna), Inanna/Ishtar (Venus) y Utu/Shamash (Sol).

[8] En la traducción que hemos recogido en los resúmenes, de Agustí Bartra, se utiliza la palabra “ramera”, pero en castellano puede dar lugar a confusión con respecto a las funciones desempeñadas por una sirvienta del templo o una cortesana. Como es una traducción cuidada, hemos supuesto que debía haber un motivo, y lo hemos encontrado en una cuestión etimológica. Estas cortesanas solían colocar un ramo de flores en un lugar visible de la entrada para indicar que estaban disponibles, y de ese ramo deviene el término ramera, que sorprendentemente ha llegado hasta hoy.

[9] Thorkild Jacobsen, Instituto Oriental de la Universidad de Chicago: “uno de los dogmas de la lógica mitopoética es la fusión de similaridad e identidad; ‘ser como’ equivale a ‘ser’.”

[10] Mirecea Eliade, “Historia de las creencias y las ideas religiosas”.

[11] Signo según la visión del triángulo semiótico. Eco, Umberto (1977): “Tratado de semiótica general”, Ed. Lumen.

[12] Se describen varias culturas con conceptos parecidos en la monografía, El doble y el espíritu, de Madeleine John, http://www.libreriahumanista.com/el-doble-y-el-espiritu-madeleine-john/

[13] Se puede ampliar mediante la monografía, La hierogamia en Sumeria, de Madeleine John, http://www.libreriahumanista.com/la-hierogamia-en-sumeria-madeleine-john/

[14] También es interesante ver la relación del cedro con la diosa blanca mediterránea en “La Diosa Blanca”, de Robert Graves.

[15] Sobre la incubación, se puede consultar un trabajo anterior del mismo autor: Empédocles. http://www.parclabelleidee.fr/docs/monographies/Monografia_Empedocles.pdf, y Las prácticas de incubación en la antigua Grecia, de Daniel Bustos.  http://www.parclabelleidee.fr/docs/monographies/201303-daniel_bustos-practicas_incubacion_antigua_grecia-esp.pdf

[16] Inanna/Ishtar, por ejemplo, envía al infierno a su marido Timmuz, el dios pastor.

[17] Robert Graves y Patai Raphael, “Los Mitos Hebreos”, “los jardines de deleite enjoyados se relacionan comúnmente en el mito con la comida de una ambrosía prohibida a los mortales; y esto indica una droga alucinógena reservada para un pequeño círculo de adeptos y que les causa sensaciones de gloria y sabiduría divinas”.

[18] Mircea Eliade, “Historia de las creencias y las ideas religiosas”, capitulo III.

[19] Mircea Eliade, “El mito del eterno retorno”.

[20] Periódico El País, artículo de Gabriela Cañas Madrid, 25 NOV 1983. http://elpais.com/diario/1983/11/25/cultura/438562806_850215.html

Periódico Corriere dela Sera, Conti Paolo, 20 febbraio 2001. http://archiviostorico.corriere.it/2001/febbraio/20/Gilgamesh_suicidio_massa_tempo_dei_co_0_0102208260.shtml

[21] Mircea Eliade, “El mito del eterno retorno. Arquetipos y repetición”, (Emecé Editores, 2001), en el Capítulo II.

[22] Sir James Frazer, “La rama dorada” (Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1965). A lo largo de esta obre se recogen un número importante de ceremonias a lo largo de diferentes culturas y momentos, que relacionan el comienzo de un nuevo año con la renovación de elemento fundamentales (reyes, fuego, utensilios, etc.)

[23] Esta afirmación es arriesgada, pero se basa en lo siguiente: en Babilonia se calcula que desde la fundación del mundo hasta el diluvio, la primera etapa completa de la humanidad, pasan 432.000 años, con 10 reyes. Este número también aparece en la mitología hindú y escandinava, por lo que no parece casual. Según la tradición judía, desde Adán al diluvio, este primer ciclo dura 86.400 días, con 10 patriarcas. Hay que anotar dos cosas: primero que el pueblo hebreo está en Babilonia desde 586 al 539 a.n.e., y toma muchas tradiciones, y segundo que 86.400 son los segundos de un día. En su tradición (Talmud) este ciclo en realidad son dos, uno de creación en el que ocurre la vida, y el otro de disolución en el que se prepara para el siguiente. Podemos dividir 86.400 entre dos y salen dos ciclos de 43.200 días. Este número podría haber sido multiplicado por 10 por algún razonamiento que no conocemos pero que es indicado por los 10 reyes y los 10 patriarcas.

[24] E. O. James, “El Templo, El espacio sagrado de la caverna a la catedral”, 1964. Ediciones Guadarrama, Madrid, 1966. Páginas 127 y 128.

[25] Silo, “Mitos raíces Universales”, publicado en Argentina por Editorial Planeta, 1991; en España por Editorial Antares, 1991.

[26] Sobre la simbología del número siete se puede encontrar alguna información en dos artículos del mismo autor: “La Ley de 7 o Ley de Octavas”, http://www.revista.farosdelahumanidad.org/?p=901, y “El Sepher Yetzirah y la Cábala”, http://www.revista.farosdelahumanidad.org/?p=816

[27] Mircea Eliade, “Historia de las creencias y las ideas religiosas”, capítulo III, Las religiones mesopotámicas.

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