La idea de alma medieval y el orfismo

por | 17 noviembre, 2018

La encrucijada del final del mundo clásico

La edad media coincide aproximadamente en su duración con el imperio bizantino (s. V – s. XV). En el siglo IV Constantino se lleva la capital del imperio a Bizancio, desplazando el eje de gravedad del poder a un punto intermedio entre oriente y occidente.

No es el único cambio importante. Unifica de nuevo el imperio después de las tetrarquías, reformar las leyes, el ejército, y acaba con el antiguo imperio, estableciendo como nueva forma de gobierno la monarquía absoluta y hereditaria.

También necesita cambiar la religión. En occidente el paganismo está en rápida retirada y en oriente no tiene fuerza. Aunque él personalmente adora al Sol Invictus, los intentos de establecer una religión imperial mediante la divinización del Emperador no han tenido éxito. Con el Edicto de Milán en 313, legaliza el cristianismo y, teóricamente, da libertad religiosa a los habitantes, pero en la práctica comienzan las persecuciones a los paganos. En el 325 en el Primer Concilio de Nicea establece lo que ha de ser la religión del imperio tomando de base el cristianismo paulista (romanizado).

En filosofía, entendiendo como tal la corriente que impregna el pensamiento general, se retorna a las ideas platónicas que se unen al misticismo proveniente de las religiones orientales. Esto acaba de tomar forma con el neoplatonismo, precisamente en el siglo III, con la mixtión de filosofía y espiritualidad.

Es difícil perfilar la idea sobre el alma específica de una religión o filosofía, ya que además de su universalidad, las explicaciones se llenan de matices e imprecisiones. Sin embargo, aparecen claras similitudes en la concepción de la idea de alma entre el orfismo y el cristianismo del imperio.

 

Trazar la línea desde el orfismo

No se sabe con seguridad el origen. Quizás cuando las antiquísimas prácticas dionisíacas llegan al mundo micénico, sus ritos orientados al éxtasis se encuentran con la mística del poeta tracio, y dan origen a una religiosidad diferente y al margen de la tradicional en las polis.

En el orfismo hay un fuerte componente del naturalismo, un estado de la religión arcaico. Orfeo posee la prodigiosa habilidad de actuar sobre la naturaleza y los seres vivos, utilizando como vehículo la música y la poesía, porque él adquiere su capacidad directamente de la naturaleza misma. Es mediador ente la naturaleza y el hombre.

En cuanto al alma, la diferencia con respecto a la religión olímpica es evidente. Proclama la salvación del alma, con una oposición entre alma y cuerpo. También hay una transmigración del alma provocada por un pecado anterior al nacimiento de los hombres, cometido por los titanes que devoran al niño Dioniso, y la expiación se realiza mediante la iniciación en los misterios y ritos dionisíacos. Si esto ocurre, el alma se transforma adquiriendo un carácter divino.

 

Hacia la segunda mitad del siglo V antes de la era actual, el pitagorismo comparte aspectos doctrinales con el orfismo, especialmente en lo referente a la inmortalidad del alma. Estos filósofos y místicos liderados por Pitágoras de Samos levantan su construcción sobre la base del culto órfico, pero incluyen aspectos como la transmigración de las almas. Ya que son inmortales, han de ir a otro ser vivo al morir el cuerpo donde se alojaban.

Basan esta teoría en las relaciones entre el zodiaco y el movimiento de las almas. Hay dos puertas para entrar y salir de la gruta cósmica. Por una, al sur, la de Capricornio que coincide con el solsticio de verano, ascienden los hombres. Por la otra, al norte, la de Cáncer y el solsticio de invierno, descienden. Mucho después, el neoplatónico Numenio de Apamea (Fragmentos y testimonios), lo explicará así:

Pero la de Cáncer, propia para descender, también es septentrional, y la de Capricornio, propia para ascender, austral. La región del norte es de las almas que descienden a la generación. Y correctamente también las puertas de la gruta situadas al norte son las que permiten el descenso a los hombres y las del sur no son de los dioses, sino de quienes suben hacia los dioses. Por esta causa Homero no la llamaba “camino de los dioses”, sino “de los inmortales”, término común también para las almas porque son en sí o por esencia inmortales.

 

Durante la etapa en que la filosofía tiene su centro en la Atenas clásica, el pitagorismo aparentemente pierde importancia. Sin embargo, es bien conocida la relación de filósofos como Aristóteles o Platón con los misterios, y de este último también con el pensamiento pitagórico.

Proclo, principal representante de la escuela neoplatónica de Atenas, dirá: “Entre los griegos toda teología procede de los misterios órficos. Pitágoras fue el primero en ser instruido por Aglaofamo en lo que respecta a la ceremonia de los dioses. Platón fue el segundo que recibió un conocimiento completo acerca de ellas a partir de libros órficos y pitagóricos”.

Habitualmente los comentarios sobre la teoría de las ideas o las formas, se centran en el desarrollo lógico y su discurso, que da entrada a una nueva forma de afrontar el discurrir, pero si variamos el foco y lo llevamos a las conclusiones encontramos la inmortalidad del alma y el amor como motor fundamental, y como objetivo, el alcance e integración con lo bueno y lo bello.

Usa una expresión, soma-sema (cuerpo-cárcel), que bien podría ser órfica y, aparte de la alegoría del carro y el auriga donde abunda en la concepción del alma, en la de la caverna, el alma se impele a liberarse de los sentidos del cuerpo para alcanzar el mundo superior. Escribe, “el amor (eros) es la vía que sube por grados de éxtasis hasta el origen único de todo lo que existe, lejos de los cuerpos y la materia, lejos de lo que divide y distingue”.

 

En la época helenística, en el último siglo de la era anterior, el pitagorismo resurge, pero es en Alejandría en el siglo I de esta era, que toma una gran fuerza. Y como ya había ocurrido antes con sus formulados originales, inmediatamente a continuación del neopitagorismo, es que hace su aparición el neoplatonismo, y también en Egipto. Ammonio de Sakkas (175-242) fue el maestro del también alejandrino Plotino (205-270) en lo referente a la purificación del alma. Plotino, además de místico y pitagórico, fue el principal exponente de la filosofía neoplatónica, y sus Enéadas se consideran a la altura de las principales obra de metafísica.

Después de una fallida expedición a Persia para conocer su pensamiento, abre una afamada escuela en Roma, donde disfruta de relaciones con la corte y, directamente, con el emperador y su esposa, aunque por su parte lleva una vida ascética, dedicado a recoger huérfanos de la calles y a enseñar.

Porfirio (234-305) sistematizó para su publicación las obras de su maestro Plotino, y como él fue un convencido vegetariano, práctica también común a los órficos. En él el sincretismo entre oriente y occidente es claro. Dice que Hesíodo, Orfeo, Pitágoras, Moisés, Zoroastro, Platón, Cronio, Numenio, o Plotino, además de otros, compartían las mismas ideas, expresadas de forma diferente.

 

El éxito de algunas ideas órficas, en cuanto a su perduración en el tiempo, sería claro tan solo por su implicación en los misterios, que en casos como el de Eleusis, tuvieron una duración de más de mil años. Pero además, esas ideas estaban vivas y en boga en Roma en el momento en que se elaboran los cimientos del cristianismo como religión imperial. Por supuesto falta una comparación detallada de las coincidencias e indagar en otras posibles procedencias, pero es una posibilidad viable.

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