El arrebato de las ménades

por | 7 agosto, 2018

Desde su procedencia en adelante, son muchos los aspectos del dios Dioniso y su culto que no se pueden establecer con plena seguridad por falta de datos. Este hecho refuerza en ocasiones la necesidad de interpretar las fuentes y los indicios disponibles.

Para los investigadores un escollo importante es el encaje apropiado de este culto y los  arrebatos de sus ménades, las madres adoptivas de Dioniso, con el carácter y cultura de aquellos griegos.

El papel de las bacantes es principal. Apartadas de los lugares habitados, en montañas o bosques, recitan versos, tocan música y bailan a su ritmo agitando las cabezas, beben vino, comen carne cruda y practican sexo, buscando alcanzar la “manía”, la locura divina, el éxtasis dionisíaco.

Y cuando en los estudios tratan de explicar su significado, se añade un factor de distorsión que es tan evidente que puede pasar desapercibido, las bacantes son mujeres. Es lógico pensar que a mayor conocimiento del tema, las conclusiones que se obtienen serán más ajustadas a la realidad. Sin embargo, este factor añade una importante distorsión en los análisis.

Afirmaciones como “todo el mundo sabe lo excitables que son las mujeres”, está en alguno de los trabajos más reconocidos, y no procede de lugares referentes de la discriminación femenina, sino de la Europa de mediados del siglo XX. Son generalizadas expresiones más o menos suaves, más o menos explícitas, pero de igual contenido, que hacen referencia a que las ménades, como mujeres, “tienen una imaginación fácil de atemorizar”, o que “pueden realizar un ritual sin platearse su significado”. Es la debilidad psicológica de las mujeres la que permite que un culto asiático entre en el mundo clásico, y de paso proporciona todas las explicaciones que no se han sabido hallar.

Otra forma que toma este enfoque, se esconde tras la “naturalización” de las mujeres, y supone que las bacantes son el remanente de un sustrato cultural atávico. Estas mujeres se quedaron en un estado de desarrollo cultural anterior al que han alcanzado el resto de sus conciudadanos. “Un estado mental mórbido se mantuvo con el temperamento griego como un efecto posterior de la profunda excitación báquica que una vez había azotado a Grecia como una epidemia y todavía estallaba de nuevo periódicamente en las celebraciones nocturnas de Dioniso” Rohde.

En ocasiones a estos restos de la espiritualidad del pasado se le incorporan diversas tradiciones chamánicas. Su existencia es más que probable, al igual que lo es la transformación profunda que sufren al contacto con una civilización que se encuentra en un momento de creatividad y excelencia intelectual evidente.

Hay otros intentos de racionalización de la bacanal que podemos agrupar en diferentes formas de intentar convertirlos en un rito agrícola de fecundidad o estacional. Esta aproximación podría corresponderse con los misterios de Eleusis y otros parecidos, que están íntimamente relacionados con Dioniso y los ciclos naturales. Los misterios estaban institucionalizados en las polis, se realizan de forma generalizada por sus habitantes, indistintamente de su sexo o estatus económico o social, y disfrutan de un carácter festivo además de sagrado. Tampoco se puede equiparar una hierogamia a una orgia ritual. En el caso de las ménades se alejan de las poblaciones, y si nos guiamos por Eurípides, pueden cazar a un animal para comérselo, pero ni es una bestia de las que se usan en los sacrificios, ni tiene ninguna similitud.

De forma más difusa, pero parecida a la anterior, se racionaliza igualmente como rito estacional. El invierno provoca la muerte de la naturaleza y las adoradoras de Dionisos recrean esta muerte y la lloran. Se me hace difícil pensar que esta teoría pueda haberla elaborado alguien que haya disfrutado del clima de Grecia en invierno, desde la última glaciación hasta hoy.

En el lado opuesto está la celebración por la llegada de la primavera. Ya había un afamado festival en honor de Dioniso en Atenas, la Anthesteria, cuyo significado es “la fiesta de las flores”, y tenía lugar a comienzos de marzo. Pero se desarrolla como festividad anual en la que toma parte la comunidad, y no se parece en nada a una bacanal.

En cualquiera de estos casos señalados hay un hecho que se soslaya repetidamente, pero es un elefante en la habitación, el objetivo es intentar alcanzar el éxtasis ritual y lo llevan a cabo un grupo de mujeres.

A pesar de que el papel de las mujeres en la época moderna está mucho más considerado que en la Grecia clásica o arcaica, parece que a nosotros nos cuesta más admitir este hecho. En aquel pasado, que la sibila “apartara” su propia conciencia para dejar sitio a Apolo y que se expresara a través de ella era comúnmente aceptado. También lo era que una bacante interiorizara a Dioniso hasta convertirse en él, aunque como ha ocurrido repetidamente ante estos fenómenos, contaron con la reprobación de muchos.

Pero hoy, hay que plantearse la comprensión del dionisismo, admitiendo con admiración este hecho, había mujeres que profesaban este culto pero no eran sacerdotisas, que realizaban un rito en el que habían recogido el conocimiento y técnicas suficientes para alcanzar arrebatos místicos.

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