El complemento

por | 7 diciembre, 2019

La energía psicofísica es uno de los instrumentos que el ser humano ha utilizado para experimentar estados modificados de conciencia. Y el sexo ha sido la palanca que ha facilitado la experimentación de esta energía, especialmente en las tradiciones provenientes de India por un lado, y de Asia Menor y el Mediterráneo por otro. Como tantas otras veces, Orfeo, desde la cumbre del Pangeo tracio, intercambia miradas con Shiva, sentado en el más alto pico del Himalaya.

No es solo que la sexualidad cumpla con una función vital para la especie, dejando así su impronta en cada ser humano que ha vivido y vive, también es una gran motivación vital.

La imagen perceptual que despierta esa potente atracción dispara asociaciones en la consciencia, que a su vez, generan una reacción energética, que vuelve a actuar como estímulo interno, realimentando el circuito. Todas estas tensiones y emociones son traducidas por la consciencia en una suerte de imágenes, que compilan estos impulsos de forma estructurada. De todas ellas, sin embargo hay una, de trato esquivo, que aglutina la representación física del sexo y, como producto destilado del recuerdo de las relaciones ocurridas, un clima emocional de trasfondo. Esta imagen, personificada como complemento de nosotros mismos, es alegorizada por Diotima en “El Banquete”. No cuando le instruye a Sócrates sobre Eros, sino en el relato sobre Hermafrodito, en el que los seres humanos, en un estado previo, estábamos formados por un cuerpo duplicado en todo, pero con una sola cabeza. Los había de tres tipos en su composición, por hombre y mujer, por dos mujeres y por dos hombres. En una de sus inacabables luchas, Zeus nos lanza su rayo y nos divide en dos, haciendo que cada parte ya solo pueda perseguir por siempre la otra mitad, que según el caso, será del sexo opuesto o del mismo.

Fo-hi

Fo-hi

El reconocimiento del complemento es el encuentro con un modelo que imprime dirección a los actos, y por tanto, dejará huella en la actitud ante la vida. Así intuimos que pudo ocurrir con Sócrates, cuando hace dos mil quinientos años, podía expresar a Timeo algo tan fuera de su tiempo, como “Respecto a las mujeres, declaramos, que sería preciso poner sus naturalezas en armonía con la de los hombres, de la que no difieren, y dar a todas las mismas ocupaciones que a los hombres, inclusas las de la guerra, y en todas las circunstancias de la vida.”

El complemento ha sido utilizado en el tantrismo, incluso desde mucho antes de que esta corriente se formalizara como tal. De forma diferente, también en la orgía dionisíaca. Pero escudriñamos si su búsqueda se dio antes y en puntos geográficos alejados de estas influencias. Nos preguntamos por su universalidad, y encontramos en el chamanismo algunos fenómenos significativos por diferentes latitudes, aunque no muy frecuentes, en los cuales la identificación con un modelo complementario del sexo opuesto supone una transferencia de papeles.

Estudiosos como Santiago López-Pavillard nos proporcionan la bibliografía necesaria para explorar las transferencias que se dan durante los trances, desde un punto de vista psicobiológico. Anne Bolin, describe casos de conversión del chaman en hermafrodita, o la aparición de dos espíritus de diferente sexo, otros en las que la mujer chamán se descubre con un “corazón de hombre”, y rituales en los que se intercambian los roles sexuales.

Susan Ackerman, por su parte, relata cómo en Malasia las mujeres actúan de médiums con los dioses masculinos, mientras los hombres profesan cultos oficiales con las diosas femeninas.

Eliade nos da noticia de la transformación de los chamanes en mujeres entre los chuckchi, en el extremo noreste de Rusia, y que incluso llegan a casarse con otros hombres. También documenta casos en otros grupos esquimales, y en pueblos tan diversos como los Dayacos de Indonesia, los Patagones y Araucanos en América del Sur, y algunas tribus de América del Norte como los Cheynee, Arapaho, etc.

Hay que tener en cuenta que la disparidad de derechos y consideración social entre géneros, también distorsiona tanto el fenómeno, como la forma en que se ha estudiado. Las mujeres, por lo general, no han tenido una posición más ventajosa en el chamanismo de aquella que han tenido socialmente, y desde el final de los matriarcados neolíticos, han acarreado también la discriminación en esta labor. Véase como muestra que es común que la mujer chamán tenga un ámbito de operación restringido al entorno hogareño, quedando para el hombre el rito público.

El uso de alcaloides para provocar el trance ha sido generalizado a lo largo de la historia y las culturas, pero cuando las mujeres las han utilizado, como en Europa usaron las solanáceas, (beleño, belladona, mandrágora, etc.), son considerada brujas, y perseguidas. Cuando durante el trance son tomadas por el dios o el espíritu, se las considera poseídas, y han de ser exorcizadas.

Erika Bourguignon distingue entre el Trance de Posesión, en el que el individuo es poseído por otro ser que se manifiesta a través de él, en el cual se produce una amnesia con respecto a lo ocurrido, del Trance donde no se producen ni la posesión ni la amnesia. También señala que las mujeres han experimentado en mayor medida el Trance de Posesión, que se ha considerado de menor importancia, ya que el individuo se convierte en medio (médium) del ser espiritual, mientras que el hombre chamán sigue teniendo control durante su trance. Se hace difícil de entender, el porqué de esta valoración, en donde el trance en el que se consigue apartar todo lo que constituye el Yo, es de menor interés. Habría que preguntar a Teresa de Ávila o a la sibila de Cumas.

Y sin embargo, aun reconociendo la fuerza y el provecho del complemento en la vida cotidiana, creemos que antes de alcanzar un estado de conciencia modificado, es mejor dejarlo atrás, esperando en el camino nuestro regreso.

El yogui ha de diferenciar la percepción de los sentidos, de la consiguiente elaboración de contenidos desencadenada en la conciencia, y de su efecto en la energía psicofísica. Esta diferenciación requiere de un reconocimiento, difícil, de la mecanicidad de la conciencia, y no en cuanto a una teoría que afecta a un lejano genero humano, sino en cuanto a íntima aceptación de las condiciones propias.

En cualquier caso, es el reencuentro con el complemento lo que ahora correspondía subrayar, la inefable experiencia que tampoco se desea explicar, solo volverla a vivir.

 

Atenea

Atenea

 

Relato

En el fondo del valle boscoso encontré la puerta. Cuando buscaba cómo abrirla, el anciano que cuidaba de la entrada apareció de entre los árboles. Tranquilamente se acercó y se dirigió a mí.

“No entres. Aquí se almacenan construcciones que han sido levantadas con recuerdos. Márchate y construye tu futuro. Es donde espera la única realidad que puedes poner sobre tu mano.“

Como yo permanecía callado esperando, con un gesto rápido abrió la puerta y entró perdiéndose de mi vista.

El lateral del muro donde estaba encajada la puerta era un espejo. Pensé que si dejaba allí mi imagen, de alguna manera grabada en su reflejo, el anciano se daría por satisfecho y yo contaría con una referencia si necesitaba regresar. Observe mi imagen hasta reconocerme, y entré.

La sala era tan alta y amplia que no alcanzaba a ver ni las paredes ni el techo envueltos en sobras. Grandes pilas de armarios, retratos, estanterías, mesas, cajas, aparatos y telas de todo tipo hacían que tuviera que avanzar aprovechando pequeños espacios vacíos que conformaban intrincados pasillos.

Distinguía objetos familiares a cada paso. Paré a observar una pequeña construcción coronada por la estatua de una persona a la que conocía muy bien. Reparé en lo acertadamente que estaban representadas las facciones de su cara.

Seguí adelante por un paisaje en constante cambio. Tras un tabique de piedra una construcción había ardido por completo y aún expulsaba finas columnas de humo.

Más adelante, en un recodo formado por muebles amontonados, tomé un marco que descansaba sobre una mesa. Aparté el polvo que cubría el cristal para hallar una imagen de mi pasado. Rememoré la situación a la que hacía referencia. Todo mi cuerpo reaccionó como si volviera a vivirla, con la misma garra que entonces me oprimiera los músculos, el mismo pecho repleto de emoción y los pensamientos que continuarían en mi tanto tiempo después.

En ese momento oí voces. Dejé el pequeño marco caído sobre la mesa y me acerqué al lugar de donde provenían. Frente a mí se abría la amplia explanada de un cráter. Por algunas grietas abiertas se veían discurrir ríos de lava desplazándose con parsimonia. Allí se representaba la escena que acababa de ver en la imagen. También me reconocí a mí allá abajo.

Temí por ellos ya que aquel era un lugar cambiante y peligroso. De pie, quieto, les vi representar la escena una y otra vez. Los hechos se repetían pero su sentido era distinto en cada ocasión, la altiva victoria era reemplazada por la derrota, el hecho transcendente perdía toda sustancia, y la finalidad de los actos se desvanecía entre el humo. Solo quedaba repetirla hasta encontrar una solución válida.

A mi lado, su presencia llegó antes aún que el sonido de sus pasos. Me giré y los reflejos del fuego me permitieron distinguir sus ojos. Aquellos ojos por los que mi alma tantas veces había volcado toda su fuerza.

Su voz llegó como un olor del pasado, como una melodía inolvidable. “Libéralos. No fueron éxitos o fracasos. No están para justificar o comprometer tu futuro. No los relegues al olvido, no hay pena alguna en ellos.”

Puso sus dedos sobre mis ojos, cerrándome suavemente los párpados. Luego su mano descendió acariciándome la cara. Llamadlo locura o ingenuidad, pero desde ese momento yo sé el significado de ser tocado por un ángel.

Cuando mis sentidos regresaron fui consciente del silencio. No había nadie conmigo. Me adentré entre los árboles en su búsqueda, siguiendo un impulso que sabía inútil. Enseguida encontré un sendero, sobre el que un cielo magníficamente estrellado me daba acogida.

Poco más adelante una pequeña luz esférica flotaba sobre el camino. Me acerque a ella. En el interior del brillo dorado se sucedían las imágenes que representaban aquella escena de mi pasado, solo para mi íntimo recuerdo, sin tener que responder por nada. Sin pena. La esfera era tan liviana que me senté para verla flotar mientras jugueteaba con ella entre mis dedos.

 

 

Diana cazadora, Gaston Casimir Saint-Pierre

Diana cazadora, Gaston Casimir Saint-Pierre

 

Representaciones del Complemento

Partimos de la búsqueda de producciones en nuestra cultura relacionadas con el Complemento, una imagen en la conciencia que actúa como modelo, y nos completa emotiva y sexualmente. El desvelamiento personal del Complemento es útil para cualquier persona, pero acompaña especialmente las prácticas energéticas.

Indagar por el Complemento más allá del ámbito íntimo que le es propio, en alguna medida resulta extraño. Es una imagen tan personal que no pareciera que pudiera funcionar de forma colectiva, y, sin embargo, aquí y allá aparecen indicadores que merecen ser atendidos.

En la psicología humanista está suficientemente argumentada la existencia de imágenes compartidas colectivamente, y la experimentación del hecho no es compleja. Por otra parte, que grupos, inmersos en paisajes humanos similares, compartiendo vivencias, inquietudes, mitos y creencias, maneje compensaciones o anhelos parecidos, y que estos operen en un sentido muy semejante para la mayoría de sus miembros, es fácil de comprender. Podríamos abundar con material de otras corrientes, como las interesantes explicaciones de Jung sobre la capacidad de los arquetipos, como imágenes primordiales del inconsciente colectivo, para constituirse en materia prima de los motivos universales recogidos en religiones, leyendas, etc.

Melpómene, la melodiosa, musa de la tragedia. En la Sala de las Musas, del Museo Pío Clementino, en el Vaticano, 2016.

Melpómene, la melodiosa, musa de la tragedia. En la Sala de las Musas, del Museo Pío Clementino, en el Vaticano, 2016.

El Complemento actúa ineludiblemente, seamos conscientes o no, pero sacar a la superficie sus trazos, requiere de un minucioso trabajo de escuchar, con sinceridad, los susurros del alma. Esta figura esquiva que lo caracteriza supone una dificultad para reconocer sus representaciones externas. Pero podemos recurrir para nuestros descubrimientos a lecciones aprendidas durante el trabajo interno, como son las referidas al ámbito, a la función, y al efecto.

El ámbito en este caso es fundamental, ya que la “conexión” con el Complemento tiene lugar en una ubicación concreta del espacio de representación, la base del tronco, cuyos registros cenestésicos se traducen como lugares recogidos, cálidos o con fuegos, húmedos, y con luz tenue. Son muchas las topografías sugeridas, pero principalmente, habremos de explorar grutas, bosques umbríos, lagunas escondidas, o la presencia de hogueras o rescoldos y luces de Luna.

En cuanto a la función, quizás la principal sea equilibrar las energías, intelectual, emotiva y corporal, de forma que obtengamos nuestro máximo potencial. Este registro de bienestar armónico, se asocia a la sanación y a la vida natural. Los desplazamientos energéticos, que parten del sexo, como catalizador, al resto del organismo, se convertirá iconográficamente en serpientes o reptiles, de una o dos cabezas, que delinearán los recorridos.

Diana, Opera de París, 2011.

Diana, Opera de París, 2011.

El efecto más destacado del contacto con este modelo es la inspiración, que, con mayor o menor intensidad, dispara la creatividad, ideas que en otro momento no surgirían o no tendrían la fuerza necesaria para ser puestas en marcha.

Equipados con estos indicadores, ya podemos seguir el rastro en los primeros relatos y en las producciones escultóricas de nuestra cultura. En el caso de los pueblos influidos por el fantástico conector cultural que fue el mar Mediterráneo, hallaremos alguno de estos trazos en seres tanto humanos como míticos, pero es extraño que podamos visualizar figuras claramente delimitadas por las características que hemos apuntado. Seguramente esto se debe a una confluencia de factores cuyo funcionamiento se nos escapan, pero sí podemos reconocer la mezcla de símbolos que en unas ocasiones aparecen como respuesta a impulsos internos, y otras veces han de justificar situaciones coyunturales, o que son modificados por narraciones provenientes de puntos lejanos que son mal fusionadas. En cualquier caso, estas representaciones sufren evoluciones y transformaciones, como, por ejemplo, la de Melpómene, la melodiosa, que comenzó siendo la Musa del Canto, para más tarde, y dada la relación de este arte con el teatro y de ella misma con Dioniso, evolucionar a ser la musa de la tragedia.

Con el paso del tiempo, obviamente los cambios serán mayores, como la ninfa de algún estanque formado por agua que desciende por rocas, o procedente de un manantial de montaña que, con seguridad, terminará siendo una virgen de la gruta.

Artemis, Museo de Heraclión, Creta. Agosto 2003.

Artemis, Museo de Heraclión, Creta. Agosto 2003.

Pero regresando a un tiempo más antiguo, el factor sexual y de género también ayudó en numerosas ocasiones a transformar los papeles desempeñados por los personajes, y fue una constante añadir episodios que dieran cuenta de la llegada y consolidación de sociedades patriarcales sobre relatos que partían de argumentos matriarcales. De esta forma, se relegó a protagonistas femeninas a un segundo plano, o se trastocaron sus atributos, especialmente los referidos al sexo, para adecuarlos a una posición de sometimiento.

A pesar de lo dicho, figuras como la diosa griega Artemis acopian rasgos que rescatan algunos de los indicadores señalados. Era diosa de los bosques, y cuando Zeus le ofrece decidir los lugares de su dominio, elige las montañas agrestes y frondosas. Dada su asociación a la naturaleza virgen, aparece habitualmente acompañada de un cervatillo, o de animales salvajes como el oso, el león, el jabalí o el lobo, y en su faceta de diosa de la caza, con el perro.

Selene fue la diosa que primigeniamente representaba la Luna, pero de forma temprana su papel fue asumido por Artemis dado su carácter lunar. Se la representaba con una media luna sobre su cabeza en oposición a su hermano Apolo, dios solar, a quien, estando recién nacida, asiste en su nacimiento.

Es de gran belleza, gemela de Apolo, su contrapartida masculina, pero difícilmente aprehensible por los hombres, lo que la confiere su virginidad, pero con una concepción arcaica referida su falta de atadura a ningún varón, ya que sí sostuvo amores con Ares y Orión, además de un amor tan solo platónico con un humano, el pastor Endimión. Pero incluso esta castidad es sobrevenida, ya que, por una parte, Artemis originariamente fue una diosa orgiástica, y por otra, Selene, en Atenas, era celebrada durante el festival de Leneas, el de las mujeres desenfrenadas, donde Dioniso era representado por un toro que se cortaba en pedazos. Y aunque no encontramos una relación directa con el fuego, como la de Afrodita, casada con Hefesto, dios del fuego y de la fragua, su filiación con la sexualidad es manifiesta.

Es la diosa sanadora por excelencia, uno de sus atributos más antiguos, y además de proteger los partos, también apadrina a los cachorros de todos los animales, incluidos el hombre. Posiblemente en relación a esta capacidad sus equivalencias latina y asiática, Diana y Astarté, son las creadoras del arte de la hechicería.

Esta recopilación pareciera descubrirnos una notable correlación de atributos entre la diosa y el Complemento.

Atenea Varvakeion

Atenea Varvakeion. Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Una estatua similar, pero de grandes dimensiones se albergaba en el interior del Partenón.

La metamorfosis de Atenea

Otro caso que también muestra trazas significativas es el de Atenea[i], especialmente interesante por su complejidad, pero con un proceso distinto y, en alguna medida, sorprendente.

Atenea es hija de Zeus y parte de los doce dioses olímpicos. Su ámbito de poder era muy amplio y abarcaba la sabiduría, la civilización, las artes, la guerra, la justicia, y las habilidades artesanales. Su participación en las historias mitológicas y épicas, o en las actividades diarias era profusa. La encontramos, recién nacida, ayudando a Zeus en la guerra contra los gigantes, con los argonautas inventando el timón para su nave, en la guerra de Troya aconsejando a Ulises, y asistiendo en la consecución de sus hazañas a Heracles o Perseo.

Su papel es el de ofrecer ayuda práctica y enseñar. Impartió conocimientos tanto a dioses y héroes para alcanzar su destino, como a las mujeres que realizan las labores del campo y el hogar, formó por igual a músicos y a cuidadores de caballos, fue la primera en enseñar los números, y a todos les proporcionó inventos y utensilios que, según aparecían, fueron cambiando sus vidas sobre la tierra o el mar.

Palacio de Cnosos

El culto de Atenea procede de Creta. Año 2004, Palacio de Cnosos.

En un mundo eminentemente masculino y ante un pueblo distinguido por su potencia naval, compitió con Poseidón por ser la deidad protectora de Atenas. El dios del mar era casi tan poderoso como Zeus, y sus regalos en igual medida importantes, pero Atenea, con su capacidad para ir a lo realmente necesario, les ofrendó el olivo, siendo así erigida como diosa guardiana de la ciudad.

Sus animales serán el búho y el cuervo, pero, sobre todo, se acompaña habitualmente por una o varias serpientes, posiblemente como remembranza de su origen en las cuevas de Creta, donde se practicaban cultos con elementos energéticos. De hecho, tiene un hijo con Poseidón, y el niño es mitad humano mitad reptil.

Otra ciudad donde alcanza una especial relevancia es Roma. Es inmediatamente asociada, por su inteligencia, con la Ménerva de Etruria y la Minerva del Lacio, ambas comparten la raíz indoeuropea Men que significa actividad mental. Sin embargo, está presente en todo el Mediterráneo y Asia Menor, e incluso podemos rastrear su presencia en Gales como Branwen, cuervo blanco[ii].

En la batalla es más eficaz que su hermano Ares, dios de la guerra, porque domina la táctica y la estrategia, pero no ama la lucha como aquel. Se las ingenia, siempre que las circunstancias lo permiten, para arreglar disputas por medios pacíficos. Cuando ha de guerrear lo hace decididamente, pero ni tan siquiera tiene armas propias, cuando las necesita las pide prestadas. Es misericordiosa y su voto permanece constante a favor del perdón, y por este motivo se decía que, si un jurado empataba a la hora de condenar a un reo, el voto de Atenea resolvía la igualdad a favor de la misericordia.

El Partenón

El Partenón, era la residencia de Atenea Partenos. Abril 2016.

En su aspecto de diosa guerrera es donde vemos con mayor claridad cómo cambia a tenor de los tiempos, para dar respuesta a las también cambiantes necesidades de los atenienses. En sus representaciones en el s. VII apenas está armada. A medida que va finalizando la época arcaica, hay dos presentaciones que se imponen. Primero, la de Palas Atenea, erguida y firme, con casco, lanza, escudo, y la égida, una piel de cabra rodeada de serpientes que se coloca sobre el pecho como armadura, sobre la que dispone la cabeza de la medusa, y cuyas propiedades mágicas la protegen. La segunda es la de Atenea Prómaco, igualmente ataviada para la guerra, pero dando una gran zancada adelante, como símbolo combativo. Sin embargo, según vamos entrando en la época clásica, se desarma progresivamente, hasta ser la Atenea Niké, la victoriosa. La Atenea de Fidias, apenas manteniendo la égida y con el caso a los pies, representa una paz ganada con esfuerzo, donde puede fructificar el arte, la creación de herramientas, la agricultura, y la vida en general.

Pero, qué vemos si miramos a la profundidad de los ojos de Atenea.

Vemos a una mujer hermosa que, carente de coquetería, fue esquiva a los amores. Protectora, llegando para ello, cuando es necesario, al extremo de la valentía más osada. Atenta a las necesidades de los suyos; poderosa, pero sin vanidad; y por encima de todo, sabía. Dispuesta a transmitir su inteligencia y conocimiento, enseñando a realizar todo tipo de tareas y otorgando con sus inventos un claro impulso civilizador.

Si bien en su origen cretense podemos apreciar rasgos característicos del Complemento, protagoniza una transformación, donde queda definida, en síntesis, por otros atributos que son la fuerza, la sabiduría y la bondad. Estas propiedades las reconocemos en otro modelo profundo que se constituye como guía interno. Modelo, fundamental y primigenio, cuya guía está asociada a la dirección mental[iv].

Creemos que hay motivos suficientes para suponer que, a lo largo de un tiempo dilatado, se encontró inspiración suficiente en esta figura, como para ir depositando en ella algunas de las mejores virtudes, reales o anheladas, de un pueblo, hasta completar esta transformación en la que Atenea transita entre dos formas diferentes de modelos.

Diana cazadora

Diana cazadora. Museo del Louvre, 2011.

Notas

[i] Somos conscientes de tratar sobre el fenómeno solo sobre imágenes femeninas y, obviamente, en muchos casos, el Complemento tomó forma masculina, y esto se reflejó también en las producciones, aunque estamos hablando de una sociedad con un importante desequilibrio en el papel social de cada sexo.

[ii] No es el único paralelismo entre el Mabinogion, compendio de historias galesas, y la historias que nos ocupan. En la historia de Branwen el papel de su hermano Bran es crucial, y al igual que Orión, que mencionamos como amante de Diana, su cabeza, separada del cuerpo, cruza el mar.

[iv] Sobre el concepto de dirección mental.

La dirección mental, los recorridos de respuesta y el trasfondo emotivo que se han ido grabando para dar respuestas al medio, da forma y dirección a los pensamientos y acciones.

Si no hubiera dirección los elementos de la conciencia entrarían en desorden mecánicamente y se produciría una contradicción constante.

La dirección mental actúa en uno, -que produce-, y sobre el mundo, -atrayendo. Actúa en el mundo a través del pensamiento, y como reflexión de la acción.

Mediante el esfuerzo intencional, podemos actuar, en ascenso, sobre la dirección de la mente, ya que es causa primera y causa última. Aquí reside la guía del acto positivo.

La experiencia indica que cada momento de conciencia de uno mismo tiene como consecuencia un acto del mismo tipo, esto es, otro momento de conciencia. Muestra, en cierto sentido, una relación simple y directa entre repetición y dirección.

Minerva y las musas

Jacques De Stella, Minerva y las musas.

Minerva vista a las Musas en el Parnaso.

(Inspirado en La Metamorfosis, de Ovidio, de la que toma algún verso, en cursiva).

Minerva, con un andar decidido y tranquilo, sube el monte Helicón, donde va al encuentro de las Musas.

Minerva – Hermanas, que feliz encuentro. Dejadme abusar de vuestra hospitalidad por este día.   

Talía – ¡Feliz día! Qué alegría tenerte con nosotras.

Calíope – Y agradecidas porque nos dediques tu tiempo. Sabemos lo atareada que estás en los asuntos del mundo.

Polimnia, haciendo un guiño – Adivino que algo tiene que ver con las últimas hazañas de Pegaso.

Minerva – Sí, contadme. ¡Qué hermoso animal! Lo vi a él de la materna sangre nacer.

Polimnia – Vamos al manantial y se testigo tú misma.

Clío – Y admira sus portentos.

Se ponen en camino, entre risas. Mientras avanzan, conversan.

Melpómene – Entre tanto recorremos el bosque, cuéntanos de ti. Se oyen tantas historias que no sabemos ya cuánto de lo que nos llega es de fiar.

Minerva bromea – Quedaros siempre con la mejor mitad.

Erato – Y con las aventuras amorosas, sin dudar.

Minerva – Ya no soy aquella joven cretense. Son ya solo buenos recuerdos.

Las Musas a coro, susurrando – Aún recuerda con placer los labios acogedores de las ninfas.

Artemisa visitando a Endimión.

Artesima visitando a su amado dormido, el pastor Endimión. Edward John Poynter, The Vision of Endymion, 1902 Manchester City Galleries; Supplied by The Public Catalogue Foundation

Minerva – Recuerdos en los que apenas me detengo. Es hoy que los humanos me necesitan, y hoy, que para sostenerlos, mudo mi ser

Coro de Musas – con placer, el recuerdo, de los labios sedientos de los hombres marineros

Minerva – a ellos arranco de la tierra, con mi hálito los yergo en pie, los forjo creadores, y levanto su mirada para que os busquen y sueñen que os encuentran

Melpómene – hermana, hasta aquí llegan, acarreando su relato

Minerva – si introduzco en ellos ideas ventajosas que aligeren sus tareas, es para que a su calor entre la música en el hogar

Coro de Musas – llegan, y cuando descansan confiados, cantan para nosotras el amor que sueñan contigo

Minerva – si cuando caídos sobre las rodillas hago sonar en su pecho el himno más épico, es para que la alegría de permanecer vivos les arrastre hasta vosotras

Coro de Musas – lleva ahora el recuerdo de los labios llenos que claman por cantar tu poema

Minerva – porque sin vosotras no hay finalidad, no hay victoria, nada hay sin pies que dancen, sin el hermoso canto de historias memorables, nada que puedas llamar real sin la belleza

Coro de Musas – verdades dices y con mérito apruebas nuestras artes y lugar.

 

Artemis. Louvre, 2011

Artemis. Louvre, 2011.

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