El Dalai Lama y la Compasión

por | 11 noviembre, 2018

El budismo en sus dos mil quinientos años aproximados de existencia ha hecho acopio de una riqueza enorme en diversas ramas del pensamiento, como la filosofía, la psicología, la medicina, y otras. Lo que recojo en este breve texto no pretende abarcar ni resumir todas las enseñanzas del budismo o del Dalai Lama. El objeto es solo compartir las notas de trabajo basadas en algunas de sus enseñanzas, ordenadas de forma que puedan ser útiles a otros.

La vida del Dalai Lama es de gran interés, pero no vamos a recoger aquí información sobre ella, ya que se puede encontrar abundantemente con facilidad. Una de las fuentes es su propia web oficial[1]. Por supuesto, sus acciones o su carácter tolerante[2], son de importancia para lo que aquí se dice, pero no son el objeto de este escrito.

Sin embargo, si es relevante hacer constar que el Dalai Lama es el principal representante del Mantrayana, uno de los vehículos del Dharma de Buda.

Las divisiones del budismo, esquemáticamente son como sigue[3]:

Hay dos grandes grupos bien conocidos, el Hinayana y el Mahayana. No se distinguen doctrinariamente, o según ninguna diferencia en su sabiduría del vacío, sino que lo hacen debido a las diferencias en sus métodos.

A su vez el Hinayana se despliega en otras dos formas, los shravakas y los pratyekabuddhas.

El Mahayana, por su parte se divide en el Paramitayana y el Mantrayana que se enseña en los tantras.

“El objetivo común del Mahayana es entrenarse a sí mismo en las seis perfecciones practicándolas por un deseo de obtener una iluminación inigualable por el bien de todos los seres sintientes.”[4]

“Mantrayana”, “Vajrayana”, “Vehículo de efecto” y “Vehículo de método” son sinónimos.

“Con respecto a los discípulos del Mantrayana, hay cuatro tipos: inferior, medio, superior y el más excelente. Las cuatro clases de tantra fueron enseñadas con estos cuatro tipos de discípulos en mente.”[5] Estas cuatro clases son Tantra ritual, Tantra de conducta, Tantra de yoga y Tantra de yoga sin igual. El Dalai Lama realiza frecuentemente ha iniciado en el Kalachakra, que pertenece a esta última clase de Tantra.

 

La compasión

El principio de no violencia en el budismo es bien conocido, y no solo tiene el enfoque pasivo de no dañar a otros, sino que implica un sentimiento de amor y de compasión. El concepto de la compasión en el Dalai Lama toma la dimensión de hilo conductor de sus enseñanzas.

“La compasión es el deseo de que los demás estén libres de sufrimiento. Gracias a ella aspiramos a alcanzar la iluminación”.

Para él la compasión aparece cuando nos centramos en los demás, en nuestro deseo de liberarlos de su desdicha. “Sin embargo, solo habiendo llegado a reconocer nuestro propio estado de sufrimiento y desarrollando el deseo de salir de él podemos tener la voluntad sincera de liberar a otros de su desdicha. El compromiso con nuestra propia liberación del lodo de esta existencia cíclica debe haber sucedido para que sea posible alcanzar la verdadera compasión.”[6]

La compasión, así vista, entronca con el objetivo principal del budismo Mahayana, cuando habla de obtener una iluminación por el bien de todos los seres sintientes. “Conmovidos por la compasión, los bodhisattva asumen el voto de liberar a todos los seres.” Dice Kamalisha en su libro “Las etapas de la meditación”.

La compasión hacia los otros se convierte en la motivación básica por la que aspiramos a alcanzar la iluminación. De esta forma, se convierte en una actitud que ha de imprimir el carácter del quehacer diario.

El primer paso para conseguir la compasión es cultivar la empatía hacia otros. Luego reconocer el sufrimiento de otros, y para ello penetrar en la verdadera naturaleza del sufrimiento en tres pasos: el sufrimiento del que lo pasa mal, el más obvio y sencillo; el sufrimiento del cambio, más difícil porque implica compadecerse de quien tiene éxito porque un día lo perderá; y por último, el sufrimiento como consecuencia del carácter cíclico de la vida.

Finalmente, una compasión genuina debe ser incondicional, por lo que hay que cultivar la ecuanimidad, para que no nos importe quién es el otro, qué opinamos de él o qué sensación nos produce.

Los budistas llaman bodhicitta a la aspiración de alcanzar el estado de compasión definitivo, esto es, lograr la iluminación para ayudar al resto de seres sintientes, y bodhisattva al que lo ha alcanzado.

 

El karma y las aflicciones

Karma significa acción, y se puede resumir en la ley de causa y efecto de nuestras acciones, no solo a lo largo de esta vida, sino, según la creencia budista, en todas las vidas. El fin último del budista es liberarse de este ciclo, alcanzando el estado de buda. Para conseguirlo se requiere comenzar por tener una existencia como ser humano, con un cuerpo y una mente sana.

Esto parece básico, pero hay que ser conscientes de que, según esta visión, solo se consigue tener existencia como ser humano después de una extraordinaria acumulación de virtud conseguida a lo largo de un infinito número de vidas, y solo en este momento tenemos la oportunidad de conseguir la felicidad propia y de otros.

Para asegurarnos el renacer como seres humanos con el potencial de seguir buscando la budidad, primero hay que seguir el camino de la ética, o según el budismo, evitar las diez acciones no virtuosas. Estas acciones se dividen en tres grupos: Las acciones que se hacen con el cuerpo: matar, robar, y una conducta sexual inapropiada. Las acciones que se realizan con el habla: mentir, criticar destructivamente con el fin de dividir a la gente, el insulto o el discurso autoritario, y la necedad. Y las acciones que se realizan con la mente: codicia, la malicia que es tener intenciones dañinas, y los prejuicios que mantienen tozudamente visiones erróneas de la realidad.

“En la práctica de la doctrina de Buda, si la motivación subyacente que evita la acción negativa tiene en cuenta que con ello impedirá la adquisición de un estado de pena transcendente, ese freno se convierte en un acto moral.”[7]

Sin embargo, la vida es compleja y las aflicciones no disminuyen fácilmente. Aflicciones se les llama a los estados mentales que causan el sufrimiento, y el estado que se sitúa más allá de ellas es el nirvana.

Para intentar que disminuyan hay que empezar por comprender su naturaleza, y esto se hace en tres etapas: la comprensión derivada de la escucha, mediante el estudio de los maestros; la comprensión derivada de la contemplación, mediante el análisis racional; y la comprensión derivada de la meditación, que permite interiorizar hasta tener un conocimiento empírico. Veremos a continuación las meditaciones en más detalle.

“La práctica del dharma debería constituir un esfuerzo continuado por alcanzar un estado más allá del sufrimiento”.[8]

 

Meditación analítica y meditación contemplativa

La meditación analítica[9] es en la que se cultiva la familiaridad con el objeto de meditación de forma racional. Es el análisis racional en el que aplicamos nuestras facultades críticas y, además, nos permite empatizar con ese objeto. Este tipo de meditación es básica en la práctica. El propio Buda dijo: “Oh monjes y sabios, no aceptéis mis palabras únicamente por respeto hacia mí. Debéis someterlas a un análisis crítico y aceptarlas solo cuando vuestro entendimiento os aconseje hacerlo”.

Para interiorizarlo, luego hay que practicar la meditación contemplativa[10]. Concentramos la mente en un objeto sin tratar de analizarlo. Cuando sentimos que el sentimiento se debilita podemos recurrir de nuevo a la meditación analítica con el objeto de reforzar nuestra empatía por él.

A través de la meditación se consigue transformar los viejos hábitos mentales en otros nuevos, y más virtuosos.

Según el budismo los estados mentales, o cualquier objeto no material, se generan de igual forma que los objetos materiales, gracias a la acción de causas y condiciones. Y las causas se  distinguen entre sustanciales y cooperantes.

Los estados mentales son resultado de un conjunto de causas y de condiciones en las cuales se pueden desarrollar.

La causa sustancial de un estado mental es el estado mental previo. Los estímulos que percibimos son las causas cooperantes. Mediante el control de las condiciones influimos en el producto: la mente. La meditación es un método hábil para influir en la mente. En medida que cultivamos cualidades mentales vemos cómo se producen cambios en nuestro estado mental. Es una forma constructiva de utilizar así el mecanismo de causa-efecto.

“Es mediante el esfuerzo constante, basado en la comprensión de la mente y en cómo interactúan sus distintos estados emocionales y psicológicos, como conseguimos el progreso espiritual. Si deseamos disminuir el poder de las emociones negativas, lo que debemos hacer es localizar las causas que las provocan. Debemos trabajar para cambiar o arrancar esas causas. Al mismo tiempo, debemos reforzar las fuerzas mentales que las contrarrestan: sus antídotos.”[11]

La meditación contemplativa, inmanencia serena o concentración en un punto único es “el estado de sosiego en que la mente es capaz de seguir concentrada en un objeto mental durante tanto tiempo como deseemos, con una clama exenta de toda distracción.”[12]

La motivación es el factor fundamental que nos va a permitir la constancia y la profundización en esta práctica.

Los pasos para la meditación contemplativa son:

Primero se elige el objeto sobre el que meditar. Los budistas suelen utilizar la imagen de buda, pero puede ser cualquier otro que nos resulte adecuado. Es útil representar una imagen con brillo, para evitar la somnolencia. También dotarla de cierto peso, para evitar la tendencia de la mente a la inquietud.

Lo imaginamos a unos cinco metros delante de nosotros a la altura de las cejas, con un tamaño no mayor de quince centímetros.

La concentración debe tener dos cualidades: estabilidad y claridad. Debemos conseguir que la imagen no tenga intermitencias, y que no sea difusa.

Hay que utilizar una posición de meditación formal, que mantenga la espalda recta.

Al principio es mejor hacer muchas sesiones cortas al día, de diez a veinte sesiones, de diez o quince minutos cada una.

Se puede llegar a dominar en unos seis meses, si se tiene la intención de aprender a ir solucionando los obstáculos.

Un avance de interés, es cambiar el objeto sobre el que se medita, con el objetivo de experimentar el vacío, y hacerlo sobre los propios mecanismos de la conciencia. “Se puede cultivar la calma duradera tomando la conciencia de sí misma como centro de la meditación.”[13] Hay que atender primero a los pensamientos y emociones que se experimentan, a la forma en que la conciencia surge en nosotros, y en cómo trabajan los estados mentales. Hay que tratar de concentrarse en el presente, en el espacio vacío entre los recuerdos del pasado y las proyecciones a futuro. Ese intervalo es fugaz.

Un estado más avanzado sería meditar sobre el vacío mismo.

En el lamaismo se describen nueve estados de meditación de la inmanencia serena[14]:

Primer estadio. Colocación. Posar la mente sobre el objeto.

Segundo estadio. Colocación continua. Se consigue posar la mente sobre el objeto unos minutos.

Tercer estadio. Recolocación. Conseguimos detener la dispersión y devolver la atención a su objeto.

Cuarto estadio. Colocación cercana. Conseguimos mantener la atención sobre el objeto pero hay periodos de excitación y de lasitud.

Quinto estadio. Disciplina. Se identifica la existencia sutil de la lasitud. Esta identificación es su antídoto.

Sexto estadio. Pacificación. Se identifica la existencia sutil de la excitación. Esta identificación es su antídoto.

Séptimo estadio. Pacificación absoluta. Se han eliminado la lasitud y la excitación.

Octavo estadio. Único punto. Con cierto esfuerzo inicial somos capaces de posar la atención sobre el objeto sin lasitud ni excitación.

Noveno estadio. Colocación equilibrada. Ya no se requiere esfuerzo y podemos estar tanto tiempo como queramos.

 

Lo vasto y lo profundo

La práctica que se refiere a la apertura hacia la compasión describe “lo vasto”. El otro aspecto es la sabiduría, “lo profundo”.

El Dalai Lama describe las tres tareas que competen a esta sabiduría, “trabajamos para profundizar nuestra comprensión de la impermanencia, la naturaleza doliente de la existencia y nuestro estado actual de egocentrismo”.

Buda diría al respecto: “La sabiduría trascendente de la omnisciencia tiene su origen en la compasión, y su causa en el espíritu del despertar del bodhicitta, y se perfecciona con los medios más idóneos.”

Aquí se abren nuevos objetos de meditación, con un objetivo complementario y necesario para eliminar el apego, y es mediante la meditación en el vacío que se aprehende el origen dependiente de estos objetos.

Solo comprendiendo la naturaleza perecedera de las cosas superamos el apego a ellas. Comprendiendo la naturaleza doliente de la vida, nos desapegamos de ella. Superando la ilusión de nuestra naturaleza inherente nos deshacemos del egocentrismo.

 

 

[1] https://www.dalailama.com/the-dalai-lama

[2] “Yo no pretendo convertir a otras personas al budismo. En lugar de eso intento dilucidar de qué manera, como budista, puedo contribuir a la felicidad de todos los seres vivos”. “Conócete a mismo tal como realmente eres”. Dalai Lama, 2006.

[3] Puede consultarse una explicación más detallada de los diferentes vehículos en: https://www.mikrokosmo.net/el-camino-del-diamante/

[4] Introduction to the Kalachakra. https://www.dalailama.com/teachings/kalachakra-initiations

[5] Ibid.

[6] “An open heart”, Dalai Lama. 2001.

[7] “El arte de la compasión”, Dalai Lama. 2010.

[8] “La meditación paso a paso”, Dalai Lama. 2001.

[9] Tibetano: dpyad-sgom.

[10] El Dalai Lama también la llama Meditación unificadora en su libro “Meditación paso a paso”, o en un único punto, (del tibetano rtse-gcig).

[11] Ibid.

[12] “El arte de la compasión” Dalai Lama.

[13] Ibid.

[14] En los libros “La meditación paso a paso” y especialmente en “Conócete a ti mismo tal como realmente eres”, del Dalai Lama, se ofrecen recomendaciones y técnicas detalladas para la meditación.

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