Empédocles

por | 18 septiembre, 2011

Introducción.

Si buscamos en los textos clásicos de historia de la filosofía a Empédocles[1], podemos encontrar que nos informan de algunos datos biográficos, como es su nacimiento, en Acragas o Agrigento, en Sicilia, en una familia ilustre, en una fecha difícil de precisar que podría ser el 484 a.E.C., y su jefatura de la facción democrática de su ciudad, que finalmente le llevará al exilio, donde fallecerá hacia el 424 a.E.C. En cuanto a su obra, reseñarán su contribución a la medicina; sus ideas sobre el ser y lo permanente, como una conciliación de las tesis de Parménides; y, como tema principal, su teoría de la composición del universo basada en cuatro elementos, aire, tierra, fuego y agua, y cómo dos fuerzas, la del amor y la del odio, son responsables de asociar y disociar estos elementos en un ciclo sin fin. También se hará referencia a su adhesión a la teoría de la transmigración de las almas, incluyendo la crítica que hacen de esto Aristóteles y Teofrasto.

Estudiar a Empédocles agrega la dificultad de que solo se conservan dos poemas originales, y éstos, solo parcialmente. Una gran parte de la información que tenemos nos la proporcionan las descripciones y críticas de terceros. Entre ellos, Aristóteles, que apenas una generación posterior a Empédocles, nos proporciona una parte significativa de lo que sabemos sobre él. Para Aristóteles el interés estará en la observación de la naturaleza, y rescatará de Empédocles ser el primer científico natural conocido, pero desechará cualquier intento de explicación basado en supuestos poderes ocultos en ella.

Más tarde, seguirá el mismo camino la escuela peripatética nacida en su Liceo, en cuanto a sus críticas a los Neopitagóricos por buscar un conocimiento utilitario de la naturaleza, y no el teórico-científico.[2]

Empédocles, igual que otros antes y después de él, estudia la naturaleza para curar, o para traer la lluvia cuando las cosechas lo requieren. Al igual que Pitágoras y Platón, se involucra en las vidas de los demás para poner orden en sus mundos, y por ello serán seguidos – o perseguidos, según el momento – por sus contemporáneos.

Los orígenes de un largo camino.

La Magna Grecia fue una zona de colonización griega desde el siglo VIII a.E.C., compuesta por el sur de la península itálica y Sicilia. Después de un periodo donde los principales pensadores helenos se localizaban sobre todo en la zona de la Liga Jónica, en la costa turca, el centro se desplaza a la Magna Grecia, dándose personajes de la talla de Parménides, Zenón y otros. Empédocles toma en consideración las teorías de Parménides, y otros pensadores anteriores, si bien, las dos corrientes fundamentales en él serán el pitagorismo y el orfismo.

El pitagorismo.

Pitágoras nace en el siglo VI a.E.C., en Samos, Jonia, y parece que después de viajar por Egipto y Babilonia, hacia el 530 se desplaza a Crotona, en el sur de Italia, donde funda su Escuela. Además, poco después comienzan a aparecer las eterias o asociaciones políticas pitagóricas. Las organizaciones pitagóricas se extenderán y serán fundamentales en esta zona al menos hasta el año 300 a.E.C., aunque alternarán momentos de expansión con otros de persecución política. Aparte de su actividad política abiertamente pública, la escuela tiene un carácter religioso y ascético de tipo iniciático y secreto, apropiado al renacer religioso que se da al final de la civilización Jonia. Los dioses de la mitología olímpica son el fundamento de la religión civil, especialmente en las polis, aunque no tanto en el ethnos,[3] más rural y de valores más tradicionales, donde creencias anteriores relacionadas con la Diosa Madre, y también el orfismo, se mantienen vigentes. La cosmología homérica ya no parece dar la respuesta que se requiere, y surgen intentos de aportar autenticidad a la experiencia religiosa, por un lado, junto a otra respuesta escéptica por otro.

Los pitagóricos trabajarán sobre tres grandes líneas. Primero, la antigua idea de un alma que porta la potencia de la vida y que es inmortal. Segundo, la doctrina de la reencarnación, ya que el alma, al morir el cuerpo, transmigra a otro ser vivo. Y tercero, un principio armonizador del universo que podemos llegar a comprender a través de las matemáticas y otras ciencias asociadas como la música, la aritmética, la geometría y la astronomía. A través de su alumno, Arquitas, a cuya escuela en Tarento asistirá Platón, este aspecto se desarrollará en la filosofía platónica para crear lo que la moderna historia de la filosofía llama la Doctrina de las Formas.[4]

Los partícipes de la escuela pitagórica están bajo una estrictísima regla de silencio hacia los no iniciados[5], con lo que todo lo relativo a su funcionamiento e ideas hubiera debido quedar fuera del alcance de un estudio posterior, o al menos oscurecido. Puede que en algún sentido esto haya sido cierto, sin embargo, contamos con vidas de Pitágoras escritas por Jámblico, Porfirio y Diógenes Laercio, y descripciones de otros autores como Platón y Aristóteles, y además parece que tal secreto habría que entenderlo de una manera no tan simple. Son varios los autores coetáneos, como Dicearco, que bromean con que la inmortalidad del alma y su reencarnación, son secretos que todo el mundo conoce. Bien sabemos, sin embargo, que la teoría es de menor importancia que internalizar esa idea hasta convertirla en algo real, y ese es el trabajo que el que no ha elegido iniciarse difícilmente comprende.

El orfismo.

El orfismo, por su parte, se supone originario de Tracia, una zona que correspondería, si nos guiamos por las fronteras actuales, al noreste de Grecia, sur de Bulgaria, y la parte europea de Turquía. El camino que recorre hasta la Sicilia del siglo V a.E.C. es complejo, y en su recorrido recoge influencias que lo van modificando sustancialmente.

El personaje principal de este movimiento originalmente es Orfeo, sobre el que los especialistas discuten si pudo o no ser un personaje real. Podemos resumir su leyenda de la siguiente manera:[6]

Orfeo visita Egipto donde conoce el culto mistérico. Después se une a los Argonautas en la búsqueda del vellocino de oro, en un viaje en el que, ante las dificultades, usualmente jugará un papel resolutivo, especialmente por medio de su música. Cuando regresan, se casa con Eurídice y se quedan a vivir entre los ciconios de Tracia.

Eurídice es mordida por una serpiente y muere. Orfeo baja al Tártaro con el fin de rescatarla. De nuevo, gracias a su música, convence a Hades para que la devuelva a la vida. Pero el dios del inframundo pone una condición que han de cumplir en su viaje de regreso, y es que Orfeo no puede mirarla hasta que hayan salido a la luz. Orfeo, sin embargo, cuando sale a la luz del día se vuelve para comprobar si es seguido, pero Eurídice no ha acabado de salir y la pierde definitivamente.[7]

Cuando Dioniso invade Tracia, Orfeo enseñó misterios diferentes a los de Dioniso, predica lo pernicioso del homicidio en los sacrificios y que no había dios más grande que Helio, – al que llama Apolo – y con ello ofende a Dioniso, que hace que las Ménades le venguen. Estas mujeres encuentran a Orfeo y le despedazan. Sin embargo, su cabeza sigue manteniendo la capacidad oracular. Orfeo para entonces había instituido los misterios de Apolo en Tracia, los de Hécate en Egina y los de Deméter Subterránea en Esparta.

Hasta aquí el mito original. En cuanto a su origen, Dodds[8] opina que “la patria de Orfeo es Tracia, y en Tracia es el adorador o compañero de un dios a quien los griegos identificaron con Apolo. Combina las profesiones de poeta, mago, maestro religioso y emisor de oráculos. Como ciertos chamanes legendarios de Siberia, puede con su música hacer que vengan a escuchar los pájaros y las bestias. Como los chamanes de todas partes, hace una visita a los infiernos, y su motivo es un motivo muy corriente entre los chamanes: rescatar un alma robada… Concluyo que Orfeo es una figura tracia prácticamente de la misma índole que Zalmoxis, un chamán mítico o prototipo de chamanes”.

Que Orfeo es un chamán con antecedentes en Asia central y Siberia, y que el punto de contacto han sido los escitas, ha sido apoyado por algunos estudiosos.[9]  En este punto será interesante señalar que Diógenes Laercio recoge que Zalmoxis fue un esclavo de Pitágoras, afirmación obviamente inexacta pero que indica el conocimiento del entorno pitagórico de este personaje[10]. Laercio denomina a Orfeo, iatromanteus, que es el término para chamán, y sería el autor de fórmulas mágicas para curar.[11] El iatromanteus, además, “es un héroe religioso cuyos milagros, aunque en contenido y forma puedan parecer magia, no son sino teúrgia y con frecuencia inmediato efluvio de la fuerza divina, que pasa a su través y en él se derrama como en un recipiente.[12]

Eliade, Dodds o Kingsley, entre otros, apoyan la conexión chamánica siberiana, llamada “chamanismo apolíneo”, dada la relación mítica de Apolo con los hiperbóreos. Señalan las similitudes que se dan en la habilidad musical mágica[13], el descenso a los infiernos, las curaciones y el uso de plantas, principalmente. También hay otros que rechazan esta conexión, aduciendo las diferencias que se dan en estos mismos temas, y también quien propugna un desarrollo paralelo al chamánico pero autóctono de Grecia.[14] También otros encuentran antecedentes en el zoroastrismo.

Por otra parte, Alexander Fol, nos indica: “El origen de la noción de inmortalidad y transmigración de las almas es una cuestión que permanece abierta y sujeta a discusión. Así, se ha apuntado que podría proceder de la India (cfr. Burkert 1972, 133) y, con más insistencia, se ha sugerido una influencia de los chamanes de Asia central y Siberia y, muy particularmente, de los escitas. En este sentido destacan los trabajos de Meuli (1935) y Dodds (1951)”.

También se pueden ver paralelismos con otros mitos en los que se descuartiza al héroe y resucita posteriormente, y en este caso enseguida surgirá el recuerdo del mito de Isis y Osiris[15], y por otro lado, en la enseñanza de la música y las artes, el paralelismo aparece con mitos civilizadores como el David israelita,[16] ya que estos se encuentran con frecuencia en los mitos agrarios primitivos relacionados con la Diosa Madre.

En cuanto a la procedencia india, volveremos en breve a Salvatore Puledda y las semejanzas que rescata entre Shiva-Dionisio y la Gran Diosa, Parvati-Cibeles.

El dionisismo.

Esto nos lleva directamente al siguiente paso en el camino de este movimiento místico, que es el momento en que se nutre del dionisismo y su éxtasis. Intentaremos resumir brevemente su significado, y para ello, comenzamos por el mito[17].

Dionisos es hijo de Sémele y Zeus. La madre, que duda de que el padre sea Zeus, le pide a éste que se manifieste en todo su poder. La aparición es tan terrible que Sémele muere. Como el hijo aún no tiene el tiempo de gestación suficiente, Zeus se lo injerta en su propio muslo hasta que es el momento adecuado de nacer, momento en el que se hace un corte y lo saca. Por esto se llama Dioniso (Zeus joven), o el nacido dos veces. Hera – mujer de Zeus – se pone celosa, y para que no acabe con el niño, el dios le manda a Egipto y le transforma en cabrito para ocultarlo. Dioniso inventa el vino de la vid. Hera lo descubre y lo hace enloquecer y entonces vaga por numerosos países, hasta que, en Asia, Cibeles, Gran Madre de numerosos pueblos lo purifica y le devuelve la razón. “Rodeado de bacantes, fue llevando la vid de pueblo en pueblo.” Después de llegar a la India vuelve a Grecia. En cada paso en que un gobernante se le resiste hace que termine despedazado. Sigue su labor misionera hasta que encuentra a Ariadna en Creta.

Siguió adelante el dios en su carro tirado por panteras, ceñida su frente por pámpanos y hiedra, tomando en su mano el tirso divino. Llegando a cada pueblo instituyó su culto y en las noches, al fuego de antorchas, sus devotos embriagados danzaron al son de panderos, cuernos y flautas. En éxtasis divino las bacantes abatían las pretensiones de la razón y al retomar su cordura dudaban de lo visto antes y después. Por esto, al celebrar el oscuro Dionisos con el luminoso Apolo la fusión de sus enseñanzas, el alma humana cedió la ferocidad de su instinto desatado, y la razón lejana bajó a la comprensión de sus profundidades. Y así, cuando la vengativa Hera reconoció el mérito de Dionisos, éste pudo regresar al Olimpo. Sin embargo, descendió antes al infierno y de allí rescató para la vida a la triste sombra de su madre Sémele.”

Y hasta aquí llega el mito. Las investigaciones históricas, sin embargo, ofrecen una imagen menos clara de la procedencia. Es común la opinión de que no es un dios autóctono de Grecia. Primero se encontró su rastro en Tracia, posiblemente a instancias de su adopción por parte del orfismo. También se encuentra el rastro en Frigia, en la península turca. Los frigios fueron un pueblo desplazado desde el Danubio por la presión de otros pueblos indoeuropeos del este de Europa. Hacia el año 1.200 a.E.C. se produce una gran crisis en el mundo antiguo por la aparición de los aún poco conocidos “pueblos del mar”, que entre otras acaban con la civilización hitita, dejando así sitio para que los frigios se establezcan. Incluso quizás ellos mismos fueran uno de esos “pueblos del mar”.

Más tarde la arqueología encuentra un rastro de Dioniso, siglos XV-XIII a.E.C., en Creta.[18] Todo esto, junto a su mito, pareciera indicar que el culto, además de antiguo y extendido desde el Indo hasta Europa, encuentra acogida con facilidad en los pueblos más antiguos con los que toma contacto o quizás ya es conocido por ellos. En cambio, en Grecia no se le dedican templos, ni ninguna ciudad griega está bajo su protección hasta el s. VI a.E.C., coincidiendo con su fusión con el orfismo, cuando comienzan a incluirse a Dioniso junto al resto de dioses del panteón olímpico.

En cuanto al culto de Dioniso, reseñaremos también de forma breve que es el de la “manía”, el éxtasis y la orgía, donde se anulan los estados de conciencia vigílicos normales. El fin es la experiencia religiosa, y la forma de llegar es la embriaguez alcanzada por el vino, la danza, la música, y el sexo. Tras ser asumido por la religión órfica, en su advocación de Dioniso-Fanes se transformará en el dios luminoso de las iniciaciones, de la iluminación que transmite el conocimiento divino.

Los pasos de la orgía, esto es, la ascensión en procesión a la montaña a la luz de antorchas, luego, danza, música y cantos, en tercer lugar, la representación de la historia sagrada por las bacantes, donde se evoca la pasión de Dionisos, y por último el banquete de carne cruda, componen un ritual destinado a anular la conciencia y despertar la fuerza bloqueada proveniente de las funciones primarias de la vida, la alimentación y el sexo.

Y al contrario de lo que se pudiera esperar, los órficos aúnan a Dioniso con Apolo, el dios de la sabiduría tranquila, de la proporción y la armonía. Como la noche y el día, ambos necesarios e igualmente parte de nuestro tiempo cotidiano. Como en el caso de Eurídice en el Tártaro, Dioniso será los meses de invierno y Apolo el resto del año. Dioniso es parte del devenir, como morir es necesario para renacer en un ser transformado. Pero, además, el órfico cree en la inmortalidad del alma, y que, al morir el cuerpo, ésta transmigra a otro ser vivo, y en la existencia de un principio generativo, Eros, que atrae el alma al cuerpo. Y darán una salida a este ciclo sin fin de la reencarnación a través de la purificación, ya que el alma que alcanza este estado se transforma en un ser divino que se libera del ciclo.

El alma al dejar el cuerpo olvida su pasado, y al volver a entrar en otro cuerpo ya no recuerda nada anterior a su nuevo nacimiento. Una de las láminas de oro órficas, que actualmente se conserva en el museo de Reggio Calabria, y que procede de la excavación de la tumba 19 de la necrópolis de Hiponión, fechada en torno al 400 a.E.C., y que estaba colocada sobre el pecho de una difunta, dice así: “De Memoria (Mnemosyne) he aquí la obra. Cuando estés a punto de morir e ingresar en la bien construida morada de Hades, hay a la derecha una fuente y, cerca de ella, enhiesto un blanco ciprés. Allí, descendiendo, las almas de los muertos encuentran refrigerio. A esa fuente no te acerques en ningún caso. Más adelante encontrarás el agua fresca que mana del lago de Memoria, y delante están los guardianes que te preguntarán con corazón prudente qué es lo que estás buscando en las tinieblas del funesto Hades. Diles: “Soy hijo de la Tierra y del Cielo estrellado, agonizo de sed y perezco, dadme presto de beber del agua fresca que mana del lago de Memoria”, y apiadándose de ti, por voluntad del rey de los etonios te darán de beber del lago de Memoria y finalmente podrás tomar la frecuentada y sagrada vía por la que avanzan los demás gloriosos mystai y bakchoi (es decir, los iniciados y bacantes.)”

Es clara la importancia que dan los órficos a mantener la memoria de uno mismo al morir y volveremos a este punto más adelante, en relación al papel que desempeña Empédocles en este aspecto.

Misterios de Eleusis [19].

Eleusis era una pequeña ciudad agrícola productora de trigo y cebada al noroeste de Atenas, a unos 30 kilómetros. Se cree que los misterios habrían empezado en torno al 1500 a.E.C., durante la época micénica, pero al ser unos ritos de iniciación anual relacionados con el culto a las diosas agrícolas Deméter y Perséfone, pueden tener su origen en el comienzo de la agricultura mucho tiempo antes. Al contrario que el pitagorismo, orfismo y dionisismo, los misterios eleusinos están institucionalizados oficialmente y se celebraron durante al menos dos mil años.

Comencemos por el mito, como siempre, de forma muy simplificada. Deméter es una diosa bondadosa, es la diosa de la vida, de la agricultura y la fertilidad. Tuvo hijos con su hermano Zeus y con el titán Yasio, pero nunca tuvo marido, aunque sus sacerdotisas eran quienes iniciaban a novios y novias en los secretos del sexo. Su hija Perséfone es raptada por Hades, esto entristece a Deméter y la tierra deja de dar sus frutos.

La madre desesperada la busca por toda la tierra. Peregrinando llega a Eleusis, donde funda el santuario y enseña la agricultura. Descubre quienes han estado detrás del rapto, y consigue llegar a un acuerdo con la mediación de Rea, con Zeus y Hades, por el cual Perséfone pasará tres meses al año, (el invierno, puesto que los griegos sólo tenían tres estaciones, omitiendo el otoño), como reina del Tártaro y el resto en la tierra con su madre.

Volvemos a encontrar el tema de pasar un tiempo en el submundo y otro en la tierra, del morir y el renacer, del rescate del infierno. Comenzamos con el chamán que para restablecer el ciclo vital de una persona enferma rescata del infierno la parte del alma perdida, y luego, de forma más elaborada, fueron pasando Dioniso y Apolo, Orfeo y Eurídice, Isis y Osiris, y ahora Deméter y Perséfone. Seguro que habrá especialistas que hayan estudiado este patrón, pero queremos hacer notar la relación entre iniciarse a los misterios del alma, y la comprensión de los ciclos naturales, normalmente relacionados con la aparición de la agricultura. Después de decenas de miles de años cazando y recolectando, quizás la aparición de la agricultura se debiera a algo que ocurrió en el interior de algunos seres humanos, más allá de las condiciones mecánicas propiciadas por el entorno.

Pero volvamos a Eleusis. Los misterios menores se celebraban aproximadamente en marzo, y los mayores comenzaban el 14 de boedromion, el equinoccio de otoño. Duraban nueve días durante los cuales había una procesión para llevar los objetos sagrados desde Eleusis hasta el Eleusinion en la Acrópolis ateniense. A continuación, actos de purificación en los que los participantes se lavaban en el mar, sacrificios de cerdos, y la procesión desde el Cerámico – cementerio ateniense – hasta Eleusis siguiendo la Vía Sagrada. Luego un ayuno previo al momento álgido, donde los que van a ser iniciados entraban en el Telesterion para que se les mostraran las reliquias de Deméter. El resto de lo que ocurría es difícil de saber con seguridad porque estaba penada con la muerte su revelación. Después venían festines de celebración y honras a los muertos[20].

En el centro del Telesterion estaba el Anaktoron (palacio), donde solo podía entrar el hierofante y se guardaban los objetos sagrados, el kiste (cofre) y el kalathos (cesta). Por cierto, que son evidentes los parecidos entre el Telesterion y el Templo de Salomón, y el Anaktoron y el Sancta Sanctorum del templo y del tabernáculo. Sin embargo, no hemos estudiado el tema porque pudiera habernos desviado del objetivo de la monografía.

De los ritos participaban los sacerdotes, sacerdotisas e hierofantes, los iniciados que formaban parte de la ceremonia por primera vez, el resto de los devotos, y aquellos que habían alcanzado la epopteia o revelación, obteniendo así la comprensión de los misterios de Deméter.

Para el ciudadano griego del siglo V a.E.C. en adelante, la existencia de una relación directa entre Orfeo y los misterios en general y el de Eleusis en particular, se daba por hecho. Podríamos citar desde escritores como Aristófanes, que en su comedia Las Ranas[21], lo da como un hecho aceptado, hasta Platón que utiliza la perífrasis “quien introdujo las iniciaciones” para nombrar a Orfeo.

Tres líneas que llevan a la Magna Grecia.

La comprensión de que un fenómeno como el que se produce en la Magna Grecia no se da de forma espontánea, sino que es el resultado de procesos humanos, modifica la forma en la que nos aproximamos a él. De igual forma algunos de los estudiosos más perspicaces han intentado trazar estas líneas que dibujan el camino recorrido. Apuntaremos muy brevemente tres de estos esbozos.

Alexander Fol [22], historiador búlgaro del mundo tracio, nos propone la “diagonal hiperbórea”, que resalta una zona típica de interacción, la cual “Introduce la idea de la Sabiduría Nórdica, empleada en el viaje de Apolo a su templo circular «más allá del Bóreas”. Esta línea iría entonces desde el norte de Tracia (cuyo límite es el Danubio al noroeste del Mar Negro), hasta Creta, pasando por la Grecia europea y la turca. “En Tracia, este espacio espiritual continuaba entre las simbólicas montañas sagradas, que se identifican como Grandes Diosas-Madre. Son el Pangeo, desde cuyo pico Orfeo cantó un himno a Helio, la divinidad más venerada de los tracios, […]”.

Dodds, [23] visualiza otra línea: “Lo que hasta ahora he sugerido es una línea provisional de ascendencia espiritual que comienza en Escitia, cruza el Helesponto en la Grecia asiática, quizás se combina con algunos restos de tradición minoica que sobreviven en Creta, emigra al Lejano Oeste con Pitágoras y tiene su último representante sobresaliente en el siciliano Empédocles”.

Y la tercera, nos la deja Salvatore Puledda [24]. Esta interpretación, apunta a la posibilidad de que hubiera una civilización megalítica común en Inglaterra, Bretaña, España, Cerdeña, Malta, etc., que llegaría hasta la India. Parte de la relevancia de las similitudes de toda índole entre Dionisos y Shiva [25], y las ubica como divinidades precedentes a la invasión aria, que se produjo en varias etapas entre los siglos XX al XII a.E.C.

Estas invasiones conquistaron y sustituyeron a la civilización minoica en occidente cuyo centro era Creta, mientras que, en la India, la que desapareció fue la llamada civilización del Indo, cuyas ciudades Moheno-Daro, Arapa, etc., recientemente comienzan a salir a la luz. Los dioses de los Arianos son los de los Vedas y Homero. “En Grecia, la lenta fusión entre Arios conquistadores y Minoicos produjo la civilización micénica, civilización feudal de guerreros y castillos […] La religión de Shiva-Dioniso, practicada por las clases sometidas, nunca desapareció, ni en Grecia ni en la India. Oprimida por los conquistadores arianos, es probable que haya asumido la forma de un culto secreto y misterioso.”

Estas religiones oficiales, a su vez, entrarían en un proceso de disolución entre los siglos VIII al VI a.E.C. En Grecia, el proceso comenzaría con “el movimiento de los Báquides y de las Sibilas”, y la emigración y colonización de buena parte del Mediterráneo (Asia Menor, Mar Negro y Magna Grecia), entrando en contacto con las antiguas civilizaciones de estas tierras. En Italia aparece el pitagorismo, y el orfismo cobra nuevos impulsos. En oriente, con quien comparten un pasado de ideas religiosas común, y quizás ayudado por intercambios, se produce un efecto similar, “el destino del alma, las prácticas ascéticas y purificadoras, la abstención de la carne y de los sacrificios sangrientos encuentran un paralelo sorprendente con aquellas de los movimientos hindúes del mismo periodo: el movimiento de los Upanishad, el Jainismo, el Budismo.”

Empédocles. Magna Grecia, siglo V a.E.C.

Hemos llegado a un lugar y a un momento hasta donde hemos seguido la pista de diferentes movimientos espirituales y líneas de pensamiento. Es el lugar y momento en el que Empédocles comienza su andadura[26]. En sus poemas muestra un pensamiento complejo, que aúna de forma natural la filosofía, la espiritualidad y la ciencia.

Ahora, intentemos saber mejor quién pudo ser Empédocles, desentrañando qué dijo y qué hizo, pues según quién nos lo presente, será chamán escita, mago del zoroastrismo persa, filósofo presocrático de la naturaleza, líder político demócrata, órfico o pitagórico.

Prácticas pitagóricas en Empédocles.

Como dijimos, dos movimientos están cobrando gran fuerza en este momento en la Magna Grecia, el que Pitágoras ha puesto en marcha apenas una generación antes de Empédocles, trayendo tradiciones arcanas junto a la filosofía Jónica, y el orfismo que también suma en su haber saberes que se pierden en el tiempo. Discernir qué tipo de relación guardaba con estas corrientes será un paso fundamental.

Pero las similitudes entre ellas, las hace difíciles de distinguir: “Orfismo y pitagorismo estuvieron casi inextricablemente interrelacionados en el siglo V a.E.C.”.[27] Esta situación debe hacernos ser prudentes a la hora de fiarnos de las calificaciones en uno u otro sentido. Por ejemplo, Heródoto [28] nos dice que hay ciertos ritos funerarios que la gente creen “supuestamente órficos y báquicos[29] y que son “en realidad egipcios y pitagóricos”, con lo que nos da a entender la poca diferenciación entre ambos para el común de los ciudadanos. Sin embargo, hemos de tener en cuenta la creencia generalizada de que Pitágoras había traído sus ritos de Egipto, y de que todo rito extraño a la religión civil, era tachado de extranjero como forma despectiva de descalificarlo, por lo que también deberíamos tratar con cautela la ecuanimidad del historiador clásico al adjetivarlos.

Diógenes Laercio nos dice que Telauges fue el hijo y sucesor de Pitágoras y que Empédocles fue su alumno.[30] De aquí podemos inducir que Empédocles tuvo un conocimiento directo del primer pitagorismo, pero habremos de añadir otros elementos que refuercen esta relación.

Nos llega a través de Jámblico que, durante un banquete, emplea la magia para contener la ira de un hombre y evitar así que asesinara a otro. Le recita un solo verso de Homero, consiguiendo que este hombre se tranquilice al instante. Esta práctica de “encantamiento que contiene la ira” se ha demostrado tener su raíz en el pitagorismo.[31] Se alude a ella repetidamente en el papiro de Paris, y perduró en la magia greco-egipcia posterior. Si el relato es exacto, habría que apuntar también un fino toque de ingenio al emplear un verso de Homero.

La incubación es otra práctica común entre los pitagóricos y Empédocles[32] para entrar en contacto con los dioses infernales – Hécate y Deméter – y obtener una visión a través de los sueños. Para conseguir estas visiones o comprensiones, que incluían la adivinación, se establecen una serie de tabús, especialmente respecto a comidas, y de ritos destinados a conseguir la “tranquilidad de la mente”. Jámblico de nuevo, en su Vida de Pitágoras, nos cuenta cómo esperan el sueño en el suelo o dentro de la tierra, ya que quieren conectar con dioses del inframundo, y la manera en que “prescribía abstinencia de todo alimento que impidiera el proceso de adivinación […] y rechazaba todo aquello que chocara con la limpieza ritual y convirtiera en turbias las purezas del alma – sobre todo la pureza de las visiones que aquélla contempla durante el proceso del sueño.” En el tabú relativo a las habas, debido a las flatulencias que provocan, se vuelve a hacer patente la normalidad con la que aunaban temas que se escapan a lo estrictamente racional con asuntos perfectamente prácticos.

Si bien estos tabús son específicamente pitagóricos, el ayuno es una práctica más generalizada, que constituía un elemento muy importante en los misterios de Perséfone, ya fuera en Eleusis o en el occidente griego. Por otra parte, Empédocles es vegetariano porque cree que el alma puede viajar no solo a otras personas, sino también a otros animales, y por tanto al comer carne se podría estar cometiendo el pecado de sacrificar a un semejante. Todo esto se une a la fama ascética del de Agrigento, que dice Diógenes Laercio la toma de Anaximandro.

La siguiente práctica realizada por Empédocles no es únicamente pitagórica, sino compartidas con el orfismo, y es la “imitación de Heracles”. En esta práctica se efectuaba una representación dramatizada de los relatos de héroes y dioses, a modo de teúrgia, o ritual purificador. En él además de darse una experiencia personal con consecuencias transferenciales sobre los contenidos internos, se establece también un modelo de comportamiento. De hecho, aquí el mito se convierte en el elemento transformador que también encontramos en los misterios. “Es en el orfismo, el pitagorismo y las corrientes neoplatónicas, donde el mito cobra un nuevo sentido: se le atribuye un cierto poder de transformación en el espíritu de quien se pone en contacto con él. Así, representando escenas míticas los órficos pretendían lograr una “catarsis”, una limpieza interior que les permitía ulteriormente ascender a comprensiones mayores en el orden de las ideas y las emociones”.[33]

Posiblemente la actividad adivinatoria es la que hace que alguno de sus contemporáneos califique a Empédocles de mago persa, dado que en la Grecia del momento lo popular era asimilar los oráculos a los caldeos, que es como llamaban a los mesopotámicos e iraníes.

Guthrie[34] advierte también trazas del pensamiento pitagórico en un enunciado fundamental en la filosofía de Empédocles, cuando plantea que la combinación de los cuatro elementos, en sus distintas proporciones, da lugar a todas las cosas que encontramos en el mundo. Podríamos añadir que el acto propio de idear a la manera filosófica en el occidente griego – diferente de la del mago o el hechicero – está en deuda con Pitágoras, en la medida que sirve de transmisor del pensamiento jónico.

Un gran salto al Etna.

La última práctica considerada pitagórica es, sin embargo, la que más se ha relacionado por parte de los investigadores con la filiación chamánica de Empédocles, y por demás, no sería difícil vincularla también al mito de Orfeo. Nos referimos a la muerte ritual en su famoso salto al fondo del volcán Etna.

Entre algunos autores clásicos hay una cierta discusión sobre si Empédocles murió o no en el salto al volcán, la más de las veces tratando de denigrarle, ya describiéndole como una persona enloquecida que se ha declarado dios entre los hombres, ya como un estafador que intenta aparentar su muerte y resurrección con un truco.

La muerte queda descartada dado que su actividad pública es bien conocida. Y la muerte ritual, con descenso a los infiernos, inmortalización y ascenso o apoteosis (transfiguración a un estado divino), responde a un esquema iniciático bien conocido en la antigüedad. El Etna es para todos los habitantes de la Magna Grecia la entrada a los infiernos, lo que refuerza el significado del acto.

En contra de la vinculación chamánica se ha alegado que este no es el típico viaje a los infiernos del chamán con el objetivo de rescatar un alma, dado que el chamán no baja en persona, sino que envía una especie de representación astral, y que además en esta ocasión no hay nadie a quien rescatar[35]. Sin embargo, Eliade[36] vincula esta forma de iniciación también a las de tipo chamánico, en cuanto a su formato de “penetración en un terreno sagrado identificado con el útero de la Tierra Madre”, además de referir casos en los que “los hechiceros y chamanes han operado el regressus en carne y hueso y no simbólicamente.” Específicamente recoge varios tipos de iniciaciones en lugares y culturas diversas, en las que el héroe ha de bajar a los infiernos internándose en la Tierra Madre.[37] En cualquier caso, vimos anteriormente cómo lo órfico recogió por el camino la influencia chamánica como uno de sus elementos integrantes, por lo que nos serían excluyentes estas interpretaciones.

Asimismo, se ha relatado por diversas fuentes que queda fuera del volcán, o bien éste devuelve, una sandalia de bronce de su dueño, ya en las profundidades. Este pequeño detalle es, sin embargo, llamativo y su estudio, de lo más significativo. En el papiro de París[38], en un papiro de magia greco-egipcio,[39] y en una tablilla de plomo descubierta en Oxirrinco (Egipto central), se relaciona la sandalia de bronce con el culto a Hécate[40], que como ya hemos señalado, era una divinidad importante en las prácticas de los pitagóricos.

En el mito del muslo de oro de Pitágoras[41] y el de la sandalia de broce de Empédocles se ha creído descubrir también la marca de la iniciación en los misterios Eleusinos, que les permitiría a ambos bajar al Hades.[42] También se ha hallado la correspondencia con cultos metalúrgicos procedentes de Anatolia, en el que la marca de un metal en el cuerpo, sobre todo si es noble, indicaría que el sujeto ha alcanzado la divinidad.

Otro vínculo posible está relacionado con la imitación de Heracles, que consiguió su apoteosis y lugar en el olimpo junto a Zeus, a través de la purificación del fuego, guardando el mismo objetivo y forma, que el salto al fuego del Etna-infierno.

Podríamos continuar con otras analogías (el cuerpo ardiente del chamán que entra en trance, la quemadura como señal de la aparición de la kundalini en el tantrismo, etc.), ya que el acto está plagado de posibles simbolismos.

Sin embargo, no hemos hallado nadie que establezca la analogía entre una de las más antiguas leyendas órficas, como es el la del viaje de la Argos, y la historia de la sandalia. Apolonio de Rodas[43], siglos después la versifica recogiendo un hecho ya conocido desde los orígenes de la leyenda. Al rey Pelias de Yolco, en Tesalia, le profetizan que un hombre «al que viera de entre su gente con una sola sandalia», sería el instigador de su muerte. Este hombre es su sobrino Jasón, y para evitar que se cumpla su destino, acuerdan poner en marcha la aventura.

Estilo de vida.

Lo visto hasta aquí nos podría llevar a decidir que hemos establecido una filiación pitagórica suficiente. Sin embargo, el “estilo de vida” consuetudinario al pitagorismo no nos facilita un encaje sencillo entre el patrón definido por el maestro de Samos y el llevado por el de Agrigento. Podemos extraer de ambos movimientos algunas pautas sobre el estilo de vida que llevan aquellos que las siguen, y compararlas.[44]

En el pitagorismo hay un líder, primeramente, Pitágoras, y posteriormente discípulos carismáticos. También hay una clara jerarquía dentro de las “Sociedades de hermandad”, donde internamente se diferencia entre acusmáticos y matemáticos (el nivel más alto), y hay miembros externos que pueden participar de clubs, habitualmente políticos, o no. En las sociedades se permite la participación de mujeres y las relaciones sexuales entre miembros dado que cohesiona la vida social. Y aunque tienen ideas claramente místicas, no hacen demasiado hincapié en la cosmogonía – la explicación de la creación -, ni en la teogonía – la explicación de la generación de los dioses.

Por el contrario, los órficos no son un grupo disciplinado ni tienen líder ni estructura. Sus grupos son más marginales, con menos interés por la filosofía y la ciencia, pero mayor vocación por el ritual y la iniciación en teogonías y cosmogonías orientadas a la purificación del alma, pero sin ortodoxia.

De Empédocles sabemos que no participó en ningún club político, sino que militaba en el partido demócrata, que llegó a liderarlo, con fuertes enfrentamientos con el partido oligárquico.

Él mismo, en sus poemas, nos informa de que desempeña su labor de forma pública viajando de una ciudad a otra. Sus logros le proporcionan popularidad y una cierta fama de mago, que él parece cultivar. Solo una generación después ya corre todo tipo de leyendas fantásticas sobre su vida. Esto nos permite, apoyándonos en el análisis de Martín Hernández[45] sobre los términos utilizados en griego para designar a las personas que ejercen ritos, hacernos una idea más ajustada del tipo de actividad desempeñada por Empédocles, y también de cómo le percibían sus contemporáneos.

En el mundo griego clásico no hay muchas distinciones a la hora de utilizar estos términos, ya que casi todo lo que no pertenece al rito de la religión cívica se engloba en magia, utilizando el término magos, de origen persa, donde designa a una casta sacerdotal, y que habitualmente es peyorativo. Solo aquellos que están más familiarizados con los cultos y las iniciaciones utilizan este lenguaje de una forma un poco más técnica. En el Papiro de Derveni, el término mago se utiliza para los que realizan, junto a los mistas, un ritual iniciático centrado en la recreación de la muerte ritual o una práctica funeraria, y, por cierto, muestra las analogías entre los rituales persas y griegos. También realizan la adivinación a través de los sueños. Empédocles, es para muchos un mago, y entre otras, por esta razón algunos investigadores actuales le relacionan con el zoroastrismo.

Otro tipo de personaje es el kathartés. Los katartas son itinerantes, a menudo bordeando los límites entre religión, magia y ciencia, y está definición encaja con el estilo de vida del de Agrigento evidentemente bien. Pero, además, son los encargados de purificar a personas y ciudades de enfermedades y plagas. Empédocles califica así a Epiménides, purificador de Atenas, pero él mismo consiguió fama desviando el cauce de dos ríos para que limpiaran las aguas de un tercero, y curar así a una ciudad de una epidemia que estaba acabando con sus habitantes. Por otra parte, uno de sus dos poemas se llama Katharmoi (catarsis) o Purificaciones. Más tarde volveremos sobre él, pero ahora apuntaremos que su fin es la purificación de sus conciudadanos.

Un término interesante es el de gons, por su complejidad. Se ha relacionado con el chamanismo y la necromancia, porque es el encargado de guiar a los difuntos al más allá. Vimos antes en un texto de un papiro de magia griego, de procedencia órfica, cómo se guiaba a un recién fallecido para que mantuviera la memoria de sí mismo en el tránsito a la otra vida. También Herodoto utiliza el término para los que se convierten en lobos, y esto nos vuelve a llevar a los chamanes y su relación con la naturaleza y los espíritus protectores. Sorprende además, que, aunque es un término habitual griego, raramente se encuentran referencias en las cuales se haya utilizado para personas, en lugar de destinarlo a personajes míticos, y dos de estas ocasiones se dan con nuestro protagonista, la primera por parte de Diógenes Laercio, quien dice que Empédocles practicaba la gonteía. Y la otra, mucho después, en la Suda (la enciclopedia bizantina del siglo X e.c.). La relación del término con lo órfico es tan evidente como que el historiador Estrabón lo utiliza para calificar a Orfeo, y Eurípides hace otro tanto con Dioniso en las Bacantes.

Sin embargo, hay otro término, agirtés, que se emplea siempre de forma despreciativa, y significa mendigo o pordiosero, relacionado también con las iniciaciones mistéricas y las prácticas de teletaí, o iniciación en las ceremonias sagradas. Platón lo utiliza para gente que se dedica a ganarse la vida mediante la charlatanería mística, y Plutarco, (que no olvidemos que además de historiador, era sacerdote de Delfos, e iniciado en los misterios de Isis y Osiris), lo utiliza para calificar la superstición de la peor clase que solía moverse, sobre todo, delante de los templos.

Si bien Platón utilizó a menudo palabas despectivas en relación a las personas que realizaban algún teleté o iniciación órfica, esto no debe llevar a creer que mantuviera una actitud contraria a ellas, sino más bien hacia las gentes que convertían esto en un negocio basado en la superstición. Recordemos lo que dice en el Fedón:

Y es posible que quienes nos introdujeron las iniciaciones no hayan sido unos mediocres, sino que al contrario, hayan estado en lo cierto al decir desde antiguo, de un modo enigmático, que quienes lleguen al Hades sin iniciar y sin haber cumplido los ritos permanecerán en el fango, y quienes lleguen allí purificados y habiendo cumplido los ritos habitarán con los dioses”.

Los poemas.

Con lo visto hasta aquí, parece que hay un mal encaje con el patrón pitagórico, y posiblemente estaría más cercano a la forma de vida propia de los órficos.

Empédocles, por otra parte, también nos deja información, y esta vez de primera mano, sobre los temas que son de su interés, en los dos poemas que nos han llegado de él. Uno de sus poemas se suele traducir al castellano como “Acerca de la Naturaleza”[46] que efectivamente es un título descriptivo y manejable, pero en griego el nombre – Peri physeos – se traduce por “De la manera en cómo las cosas devienen en lo que son”.[47] Este poema se suele señalar como el más racional, y se presenta su tema principal como una explicación naturalista sobre los principios que rigen el universo físico, y que además resuelve algunos de los caminos sin salida a los que habían llegado filósofos anteriores a él, como Parménides, a quienes parece que trató con gran respeto. Y efectivamente, en la obra queda patente que se ha asumido una forma de pensar más moderna y avanzada que la del hechicero, una forma de pensar diferente a la del sabio de tiempos pretéritos, que ya había comenzado en Jonia su desarrollo y que en aquellos mismos momentos está a punto de alcanzar con Sócrates y Platón, un punto álgido tal, que el resto de la historia de la filosofía se dividirá entre los que fueron antes de ellos y los que vinieron después. En Empédocles encontraremos la diferenciación entre las causas motrices y la materia, o una teoría de las sensaciones[48] que le lleva a apreciaciones como que el Sol no es un dios, sino un disco de piedra calentado al rojo, y de tamaño poco mayor que el Peloponeso, y mayor, por cierto, que la Luna. Y Aristóteles dice en su Sofista que fue el inventor de la retórica por su habilidad argumentando.

Pero, como ya apuntamos, todo este amor por el saber, esta filosofía, convive de forma natural con la mística. Los cuatro elementos están asociados a cuatro dioses, que forman dos parejas divinas[49], Zeus-Hera y Hades-Perséfone. Es un poema repleto de cosmología[50] porque su objetivo primordial es proporcionar a Pausanias, a quien está dedicado, los conocimientos necesarios para que avance en los misterios. Esta afirmación que puede parecer extraña, cobra sentido si rescatamos el cuadro general expuesto, en la dirección de que Empédocles es un iniciador, y Pausanias el iniciado, y que está transmitiendo los enigmas de los elementos/dioses. Desde la Creta minoica, la iniciación en Grecia consta de tres pasos principales que están de trasfondo de las diversas formas que pueden tomar. El primero es el Katharmos, la catarsis o purificación ritual, el segundo la Paradosis, en la que se hace una transmisión personal de la doctrina, y el tercero la Epopteia o revelación.

Pausanias ha alcanzado la pureza en el pensamiento y la acción, y es el momento de transmitirle la doctrina, donde se exponen temas como la reencarnación del alma[51], en cuyo ciclo de reencarnaciones los propios dioses también entran, incluso con una variación tan original como que los mismos dioses pueden volver a encarnarse en mortales, “Al punto tornan a nacer como mortales los que antes aprendieron a ser inmortales”. También conceptos metafísicos como que lo único permanente es el cambio (que enseguida hará surgir en el lector reminiscencias del budismo), o que el universo móvil está dentro de un “esfero” inmóvil que lo abarca todo.

Y en el final del poema, en versos que han sido siempre controvertidos entre los historiadores por su contenido mágico difícil de disimular, encontraremos la promesa del mago a su discípulo, si se mantiene atento a las enseñanzas:

Cuantos remedios hay contra los males y un refugio contra la vejez
vas a aprenderlos, pues sólo para ti daré término a todo esto.
Harás cesar la furia de los vientos incansables que por cima de la tierra
se abaten y arruinan con sus soplos los sembrados.
Y a tu vez, si lo deseas, suscitarás compensadoras brisas
y dispondrás tras la lúgubre lluvia un tiempo seco bienvenido
para los hombres, y dispondrás también, después de la sequía veraniega,
fluidos que moran en el éter, alimento de los árboles,
y sacarás del Hades el vigor de un varón fallecido.”

Siguiendo este mismo desarrollo, el otro de sus poemas que ya hemos mencionado, Katharmoi o Purificaciones, y que está dedicado a sus conciudadanos de Acragante, expresa las recomendaciones que les da a éstos, para que lleven una vida correcta que les permita purificarse. Consejos como no creer que la muerte es eterna, o no comer carne por el motivo que ya comentamos relacionado con la reencarnación, o la forma de hacer sacrificios a los dioses con perfumes en lugar de matar animales.

Rito en los infiernos

Despertaron a Pausanias ya bien entrada la mañana porque no encontraban a Empédocles. La noche anterior se habían mantenido hasta tarde de celebración. El maestro había realizado un sacrificio junto a la quinta de Pisianacte, y les había invitado a él y a un grupo de amigos, y luego habían celebrado un banquete.

Según el sueño les iba venciendo se fueron echando a dormir allí cerca bajo unos árboles. El maestro se había permanecido hasta quedar solo.

Ahora no le encontraban, y algunos creían haber visto luminarias de teas a medianoche, mientras a otros les pareció oír voces. Pausanias les tranquilizó, y tras conseguir una montura, partió inmediatamente hacia el cráter. Le invadió la certeza de lo que estaba ocurriendo y sabía perfectamente a dónde debía ir.

Era el lugar donde él mismo había sido iniciado. Sus recuerdos eran una mixtura de sombras y luces. En el camino de subida, rodeado de antorchas y canticos, apenas se fijó, atento como estaba a no cometer ningún error. Luego durante la noche, según se sucedían las escenas que representaban, fue entrando cada vez más en un espacio y tiempo míticos, que no eran aquella noche ni aquel lugar. Todo parecía ocurrir en un mismo instante de locura cuando él, ya convertido en Dioniso, descubrió su alma dentro de él. No una idea, no un sueño, real como él mismo, quizás más.

Curiosamente, el recuerdo con más luz era el de la mañana siguiente. Ocurrieron otras muchas cosas después, pero sabía que siempre tendría una agradable nostalgia de aquel primer amanecer.

Estaba llegando al cráter y comprobó que se podía acercar. Algunos días el calor de aquella entrada al infierno hacía imposible ni tan siquiera llegar a la distancia de varios estadios. Otros días, la protegía el frio implacable de la cumbre. Pero el maestro parecía conocer bien el humor de aquella montaña.

Cuando llego a la pequeña terraza encontró que había dejado una sandalia de bronce. Para él era suficiente. Intentó imaginar el salto. Lo había intentado muchas veces, y no lo había conseguido. Un salto al Hades en el que uno se desprende de todo, incluyendo de sí mismo.

Volvió sobre sus pasos. Tenía que bajar y decirles a todos que el maestro sí lo había hecho, y que después de unos pocos días en los que culminaría el proceso, estaría de vuelta, tras su encuentro con los dioses.

Alguna conclusión y un extraño acontecimiento en Sicilia.

Kingsley, a través de Burkert,[52] nos recuerda que a diferencia del cristianismo que imponía un sentido de identidad de grupo, las tradiciones de misterios paganos fomentaron un sentido individualista en sus iniciados en donde se apreciaba la creatividad, y se toleraron mutuamente, dándose relaciones entre ellas.

Empédocles tiene en su formación y técnicas una clara huella procedente del pitagorismo, pero en su actuar rescatamos elementos órficos de importancia tal como para no poderlos considerar una simple influencia del lugar y la época, sino como algo consustancial. ¿Han cristalizado en Empédocles distintos movimientos y líneas de pensamiento, produciendo un personaje único? ¿O estamos hablando de una reelaboración de la cosmogonía órfica por parte de los pitagóricos,[53] una especie de reformulación órfica realizada desde el pitagorismo,[54] a la que él está adscrito?

Hay dos hechos que quizás nos aporten algo de luz sobre el asunto.

El primero, lo encontramos estableciendo la búsqueda de otros personajes con una relación entre pitagorismo y orfismo en el mismo sentido que la del filósofo siciliano. Y encontramos otro poeta con esta doble filiación, aunque de menor alcance. Zópiro de Tarento, pitagórico relacionado con la escuela de Arquitas, e inventor de artefactos mecánicos, escribió dos de los poemas órficos más influyentes. Uno de ellos es “Krater”, nombre de las cráteras donde se mezclaban agua y vino, y que luego pasó a designar de forma metafórica a las bocas de los volcanes. Tras este poema está el mito que luego Platón despliega en el Fedón. El otro poema es “Red” que hace lo propio con el mito del Timeo. La influencia de sus poemas y el hecho de que Leonardo Da Vinci encontrara en Estambul varios diseños de ballestas de Zópiro que le inspiraron para sus máquinas de guerra, le han dado la fama necesaria para llegar hasta nosotros.

El segundo hecho, sin embargo, ha pasado desapercibido para los historiadores y estudiosos del orfismo y de la filosofía en general, posiblemente porque fuera de este contexto, no es más que un extraño acontecimiento. Diodoro de Sicilia[55] nos relata que bajo el reinado de Terón de Agrigento, hacia el año 480 a.E.C. se descubrió en Sicilia la tumba de Minos, se desenterró y se envió de nuevo a Creta. Descartando por completo que realmente fuera la tumba de Minos, los que nos queda es que precisamente en Sicilia, al poco de la muerte de Pitágoras, y con un muy joven Empédocles, se organiza el descubrimiento ficticio de un personaje central de la cultura minoica, y el hecho produce un revuelo suficiente como para que quede reseñado por un historiador tiempo después.

¿Quién pudo tener algún interés en desenterrar a Minos del pasado, y cuál era este interés? Solo podemos apuntar hipótesis, por supuesto, pero la religión oficial seguramente no obtendría ningún beneficio reviviendo a quién ya enterró en su día. El orfismo sí podía tener ese interés, pues si en lo expuesto hasta aquí hemos rozado alguna verdad, habría una importante relación con la religión minoica con centro en Creta. Sin embargo, aunque posible, parece poco probable que este movimiento poco organizado haya ideado y puesto en marcha con éxito semejante treta. Los pitagóricos, por otro lado, sí tienen la influencia y la organización que son necesarias, y la apuesta de realzar una religión con coincidencias importantes en el ideario.

Dado el paralelismo simbólico de un acto como el salto al Etna, un acto de culminación,[56] y este otro acto también simbólico, pero de comienzo, casi fundacional, con lo que esto implica de redescubrimiento, con un trato del símbolo y la alegoría tan similar, no resulta muy difícil imaginar que los autores de uno y otro fueran los mismos o tuvieran una estrecha relación.

Como ya vimos, el pitagorismo y el budismo surgen en un mismo momento histórico en el que se han producido procesos equiparables en dos zonas geográficas distantes. En la Magna Grecia, al igual que en la India, este movimiento pone más atención a las prácticas dirigidas al desarrollo de los seres humanos, que a los dioses y sus actos, tan alejados a veces de los hombres, o a los mitos de la creación. Por otra parte, el orfismo, recuperando lo válido de una larga tradición, y asumiendo lo nuevo, suma a su interés sobre una vía alternativa a la espiritualidad en crisis. Nunca llegará a ser religión oficial, ni tendrá nunca una organización que lo intente, ni siquiera tendrá una ortodoxia, pero su influencia será de enorme importancia en diferentes movimientos a lo largo de la historia.

El papel de Empédocles en estos acontecimientos, queda abierto a las interpretaciones[57], lo que, por otra parte, casi es lo más apropiado, para quien fue filósofo y mago, pitagórico y órfico, médico y chamán, político y místico.

Todo sigue moviéndose dentro del “Esfero”.

Hay una transferencia de personas e ideas que se puede trazar desde el sur de Italia y Sicilia a la desembocadura del Nilo. El pitagorismo fue la influencia principal en la literatura mágica que se desarrolla posteriormente como producto del sincretismo greco-egipcio. Bolo de Mendes es una figura importante en el desarrollo de la primera alquimia greco-egipcia, y en la Suda se le califica de pitagórico.

Son notables las semejanzas entre los textos herméticos y los de Empédocles,[58] y coinciden en su combinación de observación científica del mundo natural y la conciencia de que la revelación interior puede mostrar el significado real de la naturaleza. En el texto hermético Kore Kosmou se puede rastrear esta afinidad, y el texto de un papiro mágico greco-egipcio con el que abrimos la presente monografía, se basa en la doctrina empedoclea de los cuatro elementos. En el Papiro de París, se presentan rasgos personales que apuntan a Empédocles, y aparecen extensamente sus formulaciones. También el neoplatonismo recoge su influencia.[59]

Igualmente, el concepto empedocleo de que el fuego no solo está en el Sol sino también en el centro de la Tierra, (experiencia común a los habitantes de Sicilia, que viven en una isla surcada de corrientes subterráneas de lava y junto al volcán Etna), arraiga rápidamente en la alquimia. El fuego central es la verdadera fuente de luz, y su origen es volcánico.[60] En la tradición alquímica griega la imagen de un punto en el centro de un círculo constituye el símbolo habitual del sol, el huevo alquímico y el principio generativo.

Tanto es así que, llegando aproximadamente al año 900 de la era común, se escribe la obra de alquimia de mayor influencia posterior en occidente, el Mushaf al-jamaa (Libro de la Reunión). Su autor es Uthman Ibn Suwaid, nacido en Akhmim (Panópolis), en el alto Egipto, y aunque de su libro solo nos han llagado fragmentos, sí tenemos su traducción latina, la Turba philosophorum (Reunión de filósofos). Esta reunión de filósofos donde se exponen las ideas que sirven de fundamento a la alquimia y la filosofía hermética, está presidida por Pitágoras, y la disertación donde se expone la cosmogonía y los principios materiales y místicos de la alquimia, es dictada por Empédocles.

Cien años más tarde Jabir ibn Hayyan recoge una importante colección de textos alquímicos, algunos de ellos contemporáneos del Mushaf. Aquí el autor alude a las opiniones sobre la práctica alquímica comunes entre la taifat anbadaqlis, o secta de Empédocles. No es el único grupo que se identifica con Empédocles y lo considera la autoridad de referencia[61], también lo hace la rama Ismailí de los musulmanes chiíes. La llamada literatura pseudo-empedoclea árabe guarda una relación similar con la alquimia, el gnosticismo y el neoplatonismo cuyo influjo a la teología medieval es determinante.

Llegando al Renacimiento, la obra de mayor importancia fue el Corpus Hermeticum, cuya traducción desplazó a la de Platón.[62]Sin embargo, no es posible descartar que transmitan enseñanzas mucho más antiguas. Ficino y sus contemporáneos atribuyeron a estas obras una gran antigüedad y creyeron redescubrir en ellas la religión egipcia, o lo que es más, la religión originaria de la humanidad, que habría pasado luego a Moisés y a las grandes figuras del mundo pagano y cristiano: Zaratustra, Orfeo, Pitágoras, Platón y Agustín”.

Desentrañar hasta donde llega la influencia de aquellos actos es difícil, pero si podemos decir que, por más que hayamos querido remodelar nuestro pasado, son una parte de lo que somos hoy.

Alepo. Una noche del año 1191 e.c.[63]

Estamos a mucha distancia de la Magna Grecia, y ha pasado mucho tiempo desde Pitágoras y Empédocles. Sin embargo, para Shihab al-Din Yahya al-Suhrawardi todo es parte de un gran ciclo que se cierra. Esa noche especialmente siente que todo culmina, por la mañana morirá ajusticiado.

Aún es joven, pero no quiere pensar en ello. Ha conseguido al fin calmar todo lo que se revelaba en un su interior contra la injusticia, contra el deseo de no morir, todo lo que gritaba en su interior por lo que dejaba y por lo que no había aún alcanzado. Ahora solo echa una última mirada a aquello que le recuerda quién es. Recuerda especialmente sus estudios y las lecturas de Dhul-Nun el egipcio, que hoy es uno de los más venerados santos del sufismo, pero que, en su día, al igual que ahora él, fue encarcelado por herejía, aunque finalmente pudo explicarse y ser liberado. Los teólogos islámicos también fueron implacables con la idea de que un alquimista reconocido imprimiera fuerza a un islamismo gnóstico en el que el saber de Pitágoras y Empédocles cobrara más importancia que las figuras tradicionales del islam. Dhul-Nun, años después, tuvo quien escribiera un libro para refutar las acusaciones que le habían hecho, el gran Ibn Suwaid, que también escribió algunos de los libros que más le impactaron.

No sabe si él tendrá un día alguien que escriba un libro para defenderle. En cualquier caso, le extrañaría que fuera tan brillante como Ibn Suwaid. Su Libro de la Reunión y su Libro del Sulfuro Rojo no solo son la enseñanza de uno de los más grandes maestros de alquimia, sino que habían conseguido hacerse populares entre los sufís que entendieron que trataban sobre la transformación interior. No puede saber, sin embargo, que esta relación entre los primeros sufís, y el gnosticismo y la alquimia, al pasar del tiempo será embarazosa para eruditos de todo tipo, que la intentarán dejar de lado.

También recuerda sus propios escritos, aquellos por los que al-Malik al-Zahir, el hijo de Saladino va a ajusticiarle, acusado de cultivar el trato con profesores Batini, que es como se nombra peyorativamente a grupos Alevís o Ismailís que defienden la existencia de un nivel de significado interno en el Corán, además de aquel que entienden y admiten las autoridades religiosas y civiles. En sus escritos siempre defendió una línea de saber esotérico que partió del zoroastrismo en Persia, llegó hasta los primeros filósofos griegos, viajó a través del Nilo hasta llegar al sur de Egipto, y desde allí regresó a Persia donde se acaba de cerrar el círculo.

Repasa algunos momentos significativos de la creación de su Escuela, la de la Filosofía de la Iluminación, y presiente y desea que tenga una larga andadura en el tiempo. Al-Suhrawardi no puede saber, o quizás sí, que en el futuro será considerado una figura central del sufismo. Incluso es posible que eso no le importe.

Comienza a clarear la mañana, y reza por su espíritu, ya ha alcanzado la quietud suficiente en sus pensamientos para centrarse en él, y una luz comienza a iluminar su interior.

Los cuatro elementos

Notas

[1] Entre los muchos textos que se pueden consultar, hemos prestado mayor atención a: Copleston, Frederick. “Historia de la Filosofía”, Ariel, (2011), y Stanford Encyclopedia of Philosophy, (http://plato.stanford.edu).

[2] Beck, R.: “Thus Spake Not Zarathustra: Zoroastrian Pseudepigrapha of the Greco-Roman World”, en M. Boyce y F. Grenet, A History of Zoroastrianism III (Leiden 1991), 491-565.

[3] Alexander Fol. “Orfismo Tracio: Breve Sinopsis”. (Sofía)

[4] Copleston, Frederick. Obra citada, capítulo XX, Platón. La Doctrina de las Formas.

[5] Salvatore Puledda, “Las organizaciones monásticas en la historia, (apuntes sin editar)”.

[6] Graves, Robert. “Los mitos griegos”, Alianza Editorial, 1998. Original: The Greek Myths, Penguin Books, 1955.

[7] Hay teorías que indican que podría haber una versión más antigua del mito, donde Orfeo sí rescata a Eurídice de los infiernos.

[8] E. R. Dodds, “The Greeks and the Irrational”, University of California Press 1951.

[9] Thordarson, F. “The Nart Epic and Caucasology”, (Maykop, 1994), 347-348.

[10] González Escudero, Santiago. “Los mitos de la cosmogonía órfica como introducción al pitagorismo”, Revista El Basilisco, número 9, enero-abril 1980, Oviedo.

[11] Eurípides, Alcestis, versos 967 y ss., edición de Oxford.

[12] Luis Gil. “Therapeia. La medicina popular en el mundo clásico”, Guadarrama, 1969, pág. 76

[13] La música de Orfeo tiene poder mágico, porque él aprende la música de la naturaleza y por eso la naturaleza debe de obedecer a la música, según la lógica de la magia simpática que nos explicara Frazer en La Rama Dorada. Hay referencias de cantantes mágicos griegos desde el s. XIII a.E.C.

[14] Martín Hernández, Raquel. Obra citada, p. 192 y siguientes.

[15] Plutarco. “Isis y Osiris. Los misterios de la iniciación”, Ediciones Obelisco, 1997. Plutarco, le escribe a Clea, que dirige las ménades de Delfos: “Si Osiris es el mismo que Dioniso, quién podría saberlo mejor que tú, que diriges las liadas, que has sido iniciada por tu padre y por tu madre en los Misterios de Osiris.” Además, encontramos un himno mágico del siglo V a.E.C., en el que se identifican a Dionisos y a Osiris: “… y del Dioniso Egipcio / mostrando las ceremonias evias de Osiris errante / enseñó las celebraciones nocturnas de un arte mistérico, / y en secreto con voz inspirada pronunciaba un himno mágico / con un ligero lamento fúnebre.”

[16] Roessli, Jean-Michel. ¿Orfeo y orfismo en Qumrán?, artículo publicado en “Orfeo y la tradición órfica: un reencuentro, Volumen 1”, Alberto Bernabé Pajares, Francesc Casadesús, Akal, 2008.

[17] El resumen del mito está basado en: Silo, “Mitos Raíces Universales”. Mitos Greco-Romanos. Dionisos, la locura divina. Obras Completas, Tomo 1. Pág. 194 y siguientes.

[18] Puledda, Salvatore. Obra citada, p. 149 y siguientes. Nos fundamentamos principalmente en este trabajo para toda la explicación del culto a Dionisos.

[19] Graves, Robert. Obra citada, p. 111 y siguientes. Nos basamos principal pero no únicamente para la descripción del mito en Graves.

[20] La descripción del rito está basada en Todd Swanson, de su sitio web (inglés): http://eleusinianmysteries.org/

[21] Argumento de Las Ranas: Dionisos, preocupado por la falta de autores de tragedia con talento, va a buscar al Tártaro a Eurípides, guiado por Esquilo, con el fin de devolverlo a la vida y que siga escribiendo. Eurípides, además de cultivar amistades personales como la de Sócrates, escribió Las Bacantes, donde la trama versa sobre el dionisismo. Este comentario se refiere a cuando Esquilo le dice Dionisos:
a) “Así Orfeo nos enseñó los misterios y a evitar los homicidios; Museo* los remedios a las enfermedades y los oráculos”. Según la edición de la Universidad de Murcia, 1993, p.259, traducción de José García López. B) “Orfeo nos enseñó las iniciaciones y el horror al homicidio;”. Según Biblioteca Edaf, 2007, traducción Luis Nicolau D’Olwer. Resolvemos las diferencias de traducción mediante Raquel Martín Hernández, obra citada, p.108, que es su cuidadoso estudio del lenguaje mágico nos aclara que el termino original para iniciación/misterio es teletaí. Este es el término habitual con el que los griegos de este momento denominan a los misterios de Eleusis.
*Museo es un discípulo de Orfeo, tracio también.

[22] Fol, Alexander. Artículo citado.

[23] Dodds. Obra citada, p. 146. “What I have thus far suggested is a tentative line of spiritual descent which starts in Scythia, crosses the Hellespont into Asiatic Greece, is perhaps combined with some remnants of Minoan tradition surviving in Crete, emigrates to the Far West with Pythagoras, and has its last outstanding representative in the Sicilian Empedocles”.

[24] Puledda, Salvatore. Obra citada, p. 158 y siguientes.

[25] En este sentido, es interesante ampliar el punto con la relación propuesta en este artículo entre determinados mitos griegos con la fisiología de los centros de energía del tantrismo. Ver: Francisco Diez de Velasco. El poder serpentino. De la Grecia clásica a la fisiología tántrica. www.webislam.com, 2002.

[26] Guthrie, William K.C. “Los Filósofos Griegos”, Fondo de Cultura Económica. (Primera edición 1950). Edición 1987. México. p. 55. “Empédocles es una figura muy curiosa, algo así como una combinación de filósofo, de místico religioso a la manera pitagórica, y de taumaturgo. […] Ninguna otra época ni país hubiera podido producir tal fenómeno.”

[27] Burkert, Walter. “Homo Necans. The Anthropology of Ancient Greek Sacrificial Ritual and Myth”, Berkeley 1983 (= 1972), p.39.

[28] Kingsley, Peter. “Filosofía Antigua, Misterios y Magia. Empédocles y la Tradición Pitagórica”. Atlanta. 1995. P. 345.

[29] Recordamos que báquico es igual a dionisíaco; Dionisos = Baco romano.

[30] Laercio, Diógenes. “Vidas, Opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres”. Libro Octavo. Pitágoras, párrafo 28.

[31] Kingsley, P. Obra citada, p.324.

[32] Kingsley, P. Obra citada, p.374.

[33] Silo. “Presentación de Libros. Mitos Raíces Universales. Centro Cultural San Martín. Buenos Aires, Argentina. 18 de abril de 1991.

[34] Guthrie, William K.C. “Los Filósofos Griegos”, Fondo de Cultura Económica. (Primera edición 1950). Edición 1987. México. p. 56. En cuanto a la composición a partir de los cuatro elementos: “Como un verdadero pitagórico, daba gran importancia a la proporción como factor determinante […]

[35] Martín Hernández, Raquel, obra citada, p. 197.

[36] Eliade, Mircea. “Mito y realidad”, p.40

[37] Eliade, Mirecea. “Iniciaciones místicas”, Taurus, 1975, p. 103-107.

[38] Kingsley Peter. Obra citada, p. 321.

[39] PGM LXX

[40] Este símbolo relaciona a la diosa del inframundo con el orfismo, a partir del hallazgo de una pequeña sandalia de oro en una tumba donde también se encontraba una laminilla de oro, y también lo hacen los textos mágicos griegos, PGM LXX con el PGM IV 2293s. y PGM IV 2334. Por otra parte, se dice de Perséfone que calzaba sandalias de bronce en el mundo subterráneo y de oro cuando volvía al mundo de los vivos. Por último, Hécate, en su aspecto positivo es representada por el oro, y en su aspecto subterráneo y mágico con el bronce.

[41] Ver el mito en Diógenes Laercio, la obra ya citada, en su apartado: Pitágoras.

[42] Burkert, Walter. “Lore and science in ancient Pythagoreanism”, Berkeley p.160

[43] Apolonio de Rodas. “Las Argonáuticas”. Cátedra. Canto I, p. 39.

[44] Conferencia: ORFISMO Y PITAGORISMO, Francesc Casadesús Bordoy, Universitat de les Illes Balears.

[45] Martín Hernández, Raquel, obra citada, Punto 2. Los profesionales de los ritos.

[46] Traducción del griego de Alberto Bernabé en: Filósofos presocráticos ed. Alianza, Madrid, 1988. p. 212 a 234.

[47] Kingsley, Peter. Obra citada, p. 476.

[48] Guthrie, William K.C., obra citada (1950), p. 58-59.

[49] Kingsley, Peter. Obra citada, p. 464. Sería de interés estudiar la fertilidad de la idea de las dos parejas divinas a lo largo de la cultura occidental, llegando hasta Carl Jung  y su “Gnosticismo y Alquimia”.

[50] Kingsley, Peter. Obre citada, p. 473.

[51] Empédocles. “Acerca de la Naturaleza” en “Filósofos presocráticos”, ed. Alianza, Madrid, 1988 p. 212 a 234.

[52] Kingsley, Peter, obra citada, p. 433.

[53] González Escudero, Santiago. Obra citada, p.6.

[54] Puledda, Salvatore. Obra citada, apartado Órficos.

[55] Diodoro de Sicilia. “Biblioteca histórica”, IV, 79.

[56] La palabra griega (teleté), utilizada habitualmente para “iniciación” también tiene el significado de “culminación.”

[57] Dodds, E.R., obra citada, p. 146. Expresa su opinion así: “If I am right, Empedocles represents not a new but a very old type of personality, the shaman who combines the still undifferentiated functions of magician and naturalist, poet and philosopher, preacher, haealer, and public counsellor.[…]” (Si estoy en lo cierto, Empédocles representa no un nuevo tipo de personalidad, sino uno muy antiguo, el chamán que combina las funciones aún no diferenciadas de mago y naturalista, poeta y filósofo, predicador, sanador, y consejero público).

[58] Kingsley, Peter. Obra citada, p.448.

[59] Plotino, neoplatónico alejandrino, en el siglo III e.c., nos recuerda el papel de Empédocles guiando a las almas en el tránsito de la muerte.

[60] Hermes Trimegistro, “La Tabla de Esmeralda”. El texto se encuentra incluido en Musaeum Hermeticum (1625), que se publica por primera vez en Alemania como Gloria Mundi, Frankfurt (1620).

[61] Kingsley, Peter. Obra citada, p. 492 y siguientes.

[62] Puledda, Salvatore. ” Interpretaciones del Humanismo. P.11.

[63] Basado en Kingsley, Peter, obra citada, y “En los oscuros lugares del saber”, Atlanta, 2010.

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