La Devi-Mahatmya

por | 30 julio, 2018

El sabio habló: [1]

Durante cien años los dioses y lo los Asuras lucharon por la supremacía de los tres mundos, cuando Mahisha era el señor de los Asuras e Indra señor de los dioses[2]. La valentía y el arrojo de los Asuras les llevó a la conquista, y Mahisha tomo el lugar de Indra.

Los treinta dioses, vencidos, se presentaron ante Shiva y Vishnu, y les describieron con precisión lo ocurrido. “Mahisha domina sobre las jurisdicciones del Sol, Indra, Agni, Vāyu y la Luna, de Yama y Varuṇa y de los otros dioses. Expulsados ​​por ese Mahisha con alma malvada de Svarga[3], todas las huestes de los dioses vagan por la tierra como mortales”. Con estas palabras solicitaron refugio para ellos y la destrucción de Mahisha.

Una intensa gravedad se reflejaba en los rostros de Vishnu, Shiva y Brahma por lo que habían oído. Concentraron estas emociones y las convirtieron en una enorme energía que comenzó a surgir por sus bocas. Los dioses siguieron su proceder, y sus cuerpos también concentraron y proyectaron su potencia. Una enorme amalgama de energía impregnó los tres mundos, y de tal cúmulo de fuerza vital se autogeneró la diosa, la Devi, que desarrolló su rostro tomando la energía de Shiva, y con la de Tama hizo crecer su cabello, con la de Vishnu sus brazos, los pechos gemelos formados de la Luna, con la de Indra la cintura, y las piernas y muslos obtenidos de la de Varuna, y con la de la Tierra sus caderas; los pies tomaron la energía de Brahma, y sus dedos del Sol, y por la de Vasus, creó sus manos; la nariz de Kuvera, los dientes de Prajapati, los tres ojos se desarrollaron por la potencia de Agni, las cejas por la de los dos crepúsculos, y los oídos con la de Vayu.[4]

Los dioses la admiraron atónitos, invadidos por una gran alegría. Lo que cada uno de ellos era, no se podía aproximar a lo que ahora veían que era el único resultado posible de la unión de tal energía.

Movidos por una profunda conmoción, se fueron aproximando ofrendándole sus propios símbolos y armas. Primero el tridente que sería su símbolo distintivo[5]. Luego Krisna su disco, y Varuna una caracola; Agni la lanza, Maruta el arco y las flechas, e Indra el rayo de trueno; los Mil-ojos la campana de su elefante Airvata, Yama la vara del Destino, y el señor de las aguas una soga; Brahma un cuenco de barro, el Sol le entregó sus propios rayos, y el Tiempo una espada y escudos nuevos; también recibió una joya de cresta celestial y un brillante ornamento de media luna, además de joyas y armas de la mejor factura. Finalmente, el señor de las serpientes le entregó una cobra para que colgara por su cuerpo y fue coronada con la flor de loto.

Entonces prorrumpió en una risa tan potente que los tres mundos retumbaron, haciendo temblar al mar y desplazarse las montañas. Los inmortales se unieron a la explosión de alegría haciendo llegar la sacudida a las últimas esferas celestes.

Asura Mahisha y su horda se preguntaban alarmados “¡Qué es esto!”, pero entonces se vieron impregnados por la luz de la Devi que lo llenó todo. El gran general Asura llamado Cikshura se lanzó contra ella, y tras él, el Asura Camara con su caballería y el Udagia con miríadas de carros; y Mahahnu, y Yaskala, y cada Asura se unían al ataque arrastrando a la batalla más elefantes, carros y caballos de guerra hasta que al Asura Mahisha se vio flanqueado por un ejército de millones. Arrojaron sus armas a la Devi, que las apartaba con sus brazos, mientras el león que le servía de montura acosaba enfurecido a las tropas. A cada profunda respiración de la Devi exhalaba miles de seres humanos que fortalecidos por la energía de la diosa, destruían los ejércitos y a los propios Asuras.

Los generales Asura, viendo que la derrota les amenazaba, se lanzaron uno a uno, en combate con la Devi, que dio muerte a algunos mientas a otros, embrujados por el sonido de su campana, los apresó, y aún algunos más cayeron despedazados bajo las garras del león. Los humanos que marcaban el ritmo de la lucha con sus tambores e instrumentos, continuaron con la música, ahora para celebrar y bailar cada victoria.

Los Asura demostraron su valor, pero sus esfuerzos no obtenían fruto, así que el propio Asura Mahisha tomó forma de búfalo, atemorizó a las hombres y arremetió contra el león. En su furia hacía derrumbarse las montañas, removía el mar y rasgaba las nubes con sus cuernos, por lo que la diosa le echó el lazo y lo inmovilizó. En ese momento cambió su forma para escapar y se convirtió en león, pero la diosa le cortó la cabeza, a lo que respondió transformándose en un hombre que atacaba con su escudo y cimitarra, pero la Devi le atravesó con sus flechas, y como respuesta se convirtió en un gran elefante, pero la diosa le partió por la mitad con su espada. Volviendo a su forma de búfalo bramó sacudiendo todo lo que es movible y lo que es inmóvil. La madre del mundo tomó a sorbos la bebida sublime una y otra vez, riendo con la boca roja por el hidromiel. Entonces ella, la Noche del Destino, saltó sobre el Asura dándole una patada en el cuello que fue mortal, momento en el que todas las cosas creadas lanzaron el grito “¡Conquista!”[6]

Todos los dioses y grandes sabios la alabaron cantando sus mil nombres.

Ella, Ambika, cuyo cuerpo comprende todos los poderes
Ella, Candika, que destruye el miedo al mal y cambia la mente
Ella, Shakti, la energía, que llena la vida, donde nace la inspiración
Ella, Durga, invencible en su terrible violencia que todo lo arrasa
Ella, Parvati, la montañesa que reina en los altos picos del Himalaya
Ella, Kali, la negra destrucción, la oscura desolación
Ella, Yogishvari, que enseña los caminos internos a los ascetas
Ella, Ammá, madre cuyo regazo concede la mayor protección
Ella, Uma, misteriosa mandataria de la noche oscura
Ella, Shanti, cuya capa de paz desciende trayendo la felicidad buscada
….
Oh tú, Mahdevi, gran diosa de los tres mundos[7]

 

NOTAS

[1]  Este escrito toma el tema, el argumento y los personajes, del Markandeya Purana (s. VII) y concretamente de los capítulos “La Devi-Mahatmya. Masacre del ejército de Asura Mahisha”, y siguientes.
Los Puranas son libros religiosos hinduistas, y este en concreto se considera no sectario, ya que es neutral con respecto a los dioses Vishnú y Shiva, u otros.
Otra de sus peculiaridades, es que contiene 22 capítulos, del 78 al 90, en los que se glorifica a la diosa, e incluso, como en los relacionados con el episodio que nos concierne, se la presenta como la más poderosa de todos ellos. Y esto en el contexto de unas creencias y cultura que relega a la mujer, y por tanto a la diosa, a un papel menos que secundario.

Si bien resume en apenas dos páginas un texto mucho más largo, creo que no hay ninguna modificación en el tema, se ha seguido el orden en el que transcurre el argumento, y se han utilizado los mismos personajes principales con sus símbolos.

Se han empleado dos versiones del libro:

[2]  En otro artículo, Bajo la luz de Ahura Mazda, podemos ver una explicación sobre como dos tipos de dioses, los Ahuras o Asuras y los Daevas, comunes a los indoiranios, cuando se separan en dos grupos, indo e iranios, toman caminos opuestos. Para los iranios los Ahuras pasan a ser dioses benefactores y los Daevas se demonizan, mientras que en el Indo el proceso es el opuesto. Precisamente en el Markandeya Purana encontramos esta transformación contada desde el punto de vista hinduista. (https://www.mikrokosmo.net/bajo-la-luz-de-ahura-mazda/)

[3]  En el hinduismo, Svarga, Swarga o Suarga es un grupo de mundos celestiales ubicados en el mítico Monte Meru.

[4]  Le creación de la diosa a partir de la transformación en energía de los diferentes aspectos del mundo, personificados en los dioses, es perfectamente acorde con los postulados hinduistas referentes a los chakras o centros energéticos, y puede ser muy evocador para aquellos que trabajan desde diferentes disciplinas con la energía.

Estos chakras o centros energéticos transformas las percepciones del mundo en energía que activa los diferentes centros para que el sistema psicofísico dé una respuesta.

Desde antiguo han existido escuelas que han practicado métodos para entrenarse en la sensibilización requerida para percibir esta energía, con el objetivo de aprender a movilizarla conscientemente y concentrarla.

Todos los seres humanos, de hecho, experimentan esta transformación de estímulos (imágenes) en energía durante la práctica del sexo, así como su concentración en un centro, el sexual, y el orgasmo en el que, habitualmente, termina la experiencia.

Una vivencia similar pero con otros centros es de la que hablan yoguis y ascetas de todo tipo, pero el éxtasis final toma otras formas relacionadas con el sentimiento o el intelecto. También son equiparables los problemas para alcanzar un final adecuado, como son la racionalización, la falta de concentración, etc.

Quizás estas similitudes y la guía que puedan proporcionar, han llevado a que, desde muy antiguo, los más sabios sacralizaran los aspectos sexuales femeninos y masculinos. En un sentido cultural más amplio, son muchas las civilizaciones antiguas que adoraron los símbolos sexuales, a lo que, sin duda, también habrán ayudado otras consideraciones como la reproducción, la relación amorosa, conveniencias para la adaptación, etc.

Centrándonos en el subcontinente indio, en el shivaismo es  comunes los símbolos del lingam y el yoni, y la representación de la diosa en su función de consorte de Shiva como Shakti, expresión de la energía femenina, cuya traducción habitual es fuerza.

Pero la idea de trasfondo es más antigua que el nombre de Shiva, que aparece por primera vez en el Shvetashvara Upanishad en el 400 antes de nuestra era. Un siglo después, en el Ramayana ya es un dios poderoso, y en s. III ANE los griegos vieron en él a Dionisos. Pero hasta el s. V de la era actual no cobra toda su fuerza como creencia popular.

Y sin embargo, la tradición dice que no hay época en que Shiva no existiera. En el séptimo milenio ANE, el dios proto-indio Kueyash se representa rodeado de animales salvajes, como tigres y elefantes. En la cultura del Indo, del 3800 al 1750 ANE, se encontrará gran número de sellos con una figura igualmente rodeada por estos animales sentada en postura de loto, y más tarde aún, en el Atharva Veda volvemos a encontrarlo como Pushupati “dios de los animales” y “dios fálico” que se fundirá con Rudra, el dios indoiranio de la tempestad.

Y todo este tiempo, aunque la larga tradición de cultura patriarcal ensalza sobre todo la figura masculina, el polo femenino de esa energía seguirá siendo indispensable, y la diosa irá asumiendo nuevas formas, más que pasando de una a otra. La diosa se asimila a la naturaleza y en esta todas las facetas tienen cabida, no necesita abandonar unas características para tomar otras nuevas. Parvati, “la montañesa” que vive en las cimas del Himalaya con Shiva es la diosa, como lo es Tara en la selva. La Ammá maternal y la Durga terrible.

[5]  El tridente está relacionado con diosas madres de diferentes lugares, por lo que es posible que sea una reminiscencia de tiempos anteriores, y realmente un “símbolo distintivo”.

[6]  Encontramos en diferentes literaturas escenas parecidas, en las que en una persecución los dos protagonistas se transmutan en animales para obtener ventaja. Una muy lejana en el contexto y, sin embargo, llena de semejanzas está en El Libro Rojo de Hergest, (1382 – 1410) que, contiene las aventuras del druida Taliesín, y nos cuenta la persecución del Gwion por la bruja Cerridwen. Se puede ver el texto en el artículo: La transformación del mito en el ciclo artúrico, http://www.revista.farosdelahumanidad.org/?p=1038.

[7]  En el Markandeya Purana no se hace referencia a los mil nombres de la diosa, pero si se suceden repetidas alabanzas de los dioses y los sabios a los diferentes aspectos de la diosa, y me pareció bien resumirlas en este concepto de sus mil nombres referidos a sus mil facetas, que, por otra parte, sí se incluyen en el Kurma Purana.

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