La transformación del mito en el ciclo artúrico

por | 26 agosto, 2019

La Naturaleza aborrece el vacío.
Aristóteles.

 

Cuando un mito está activo en una sociedad es difícil de ver desde dentro. Sin embargo, una vez que pierde validez, es muy evidente para esa misma sociedad, que en muchas ocasiones siente un cierto sonrojo porque una creencia, ahora tan ingenua, pudiera movilizar al común de las personas. Al ocurrir esto, el mito pasaría a convertirse en un arquetipo del inconsciente colectivo.

A otra escala, todos tenemos la experiencia de creencias que llega a su fin, porque maduramos, o por cambios de las circunstancias de la vida. Ya no responden a ninguna pregunta, no explican ninguna porción de nuestra existencia, ni forman parte de la visión del mundo. Por fin, han dejado de ser un acicate para actuar en una determinada dirección. Dejan un vacío liberador y una mirada más clara. Pero ese vacío pronto se irá llenando con nuevas creencias, ojalá más apropiadas al nuevo momento.

Sin embargo, hay mitologías que tienen la capacidad de transformarse y renacer, de forma que pueden seguir acompañando a ese grupo humano en su evolución.

Vamos a intentar describir la transformación del mito, utilizando para ello un caso concreto, el del rey Arturo, Merlín, los caballeros de la Tabla Redonda y el Grial, que nos va a permitir trazar varios momentos de síntesis y renacimiento durante el transcurrir de más de 1000 años.

 

El mito en el final del mundo antiguo.

Merlin Vortigern

Merlin Vortigern

El año 410 las legiones de Roma abandonan definitivamente las islas británicas provocando una inflexión de fuerzas. Los pueblos celtas tendrán que protegerse de las invasiones de los pictos, al norte del muro de Adriano, además de los irlandeses, y de las invasiones de pueblos germanos que entran por el oeste, en concreto anglos, jutos y sajones. Las tribus galesas se agrupan bajo el nombre de Combrog (Cambria), comandados por un solo jefe militar, un gwledig.

Los historiadores del siglo VI, -Gildas- y VII –Nennius-, narran cómo en el año 449 los celtas pactan una alianza con los sajones contra los pictos, pero Votigern, su líder, es traicionado y ha de refugiarse en Aberffraw capital de los ordovicos, en la isla de Anglesey.

De ahora en adelante los celtas britanos irán perdiendo terreno, y viendo desaparecer el mundo antiguo. Sus costumbres y religión han vivido bajo la presión de Roma, que si bien no pretende el abandono de los dioses tradicionales, propone una cultura de gran éxito entre las clases dirigentes celtas. Y tras un plazo, que parece muy breve para asentar la asimilación cultural, de nuevo están bajo la amenaza del cambio, traído de mano de la invasión anglo-sajona.

Y aquí comienza a surgir el mito. Aparece Arturo, de momento solo un gwledig, que consigue victorias militares contra los germanos. Los estudiosos modernos discuten sobre su veracidad histórica, quizás un general de la caballería sármata del ejército romano, o quizás un centurión britano llamado Lucius Artorius Castus, en cualquier caso, nada importa al mito sino el triunfo en la batalla de Mont Badon, que le permite fundar Gran Bretaña uniendo a los celtas de Galés, Cornualles (al sur oeste de la isla), y la Bretaña francesa. Finalmente, en el año 537 es derrotado en la batalla de Kamlan, donde muere.

No es el único personaje que aparece en la época respondiendo al modelo de guerrero mítico. Gildas en su “De excidio et conquestu Britanniae” del 545, hace vencedor de la batalla de Mont Badon a Aurelius Ambrosius, un líder romano-británico. Más adelante lo convertirán en tío de Arturo, retomando la importancia de la relación tío-sobrino de la antigua cultura celta, y proponiendo una nueva seña de identidad, que señala que los celtas tienen un pasado civilizado en el imperio, en contraposición a los bárbaros sajones, y profesan el cristianismo en contraste al paganismo germano. Las referencias no están aún en el futuro, así que volverán la vista al pasado, buscando llenar el vacío. Sus mitos y tradiciones antiguas, conviviendo con un pasado cercano, de imperio y cristianismo. Y cohabitaran durante mucho tiempo de una forma convincente. Aún mucho después, en un poema irlandés del siglo X, leemos: “Yo quisiera organizar un festín de cerveza para el Rey de los Reyes; el ejército celeste en él bebería por toda la eternidad”. Este es el festín embriagante de Cernunnos, el dios celta con cabeza de ciervo, en cuyo honor dan su nombre a la bebida sagrada, la cerveza, y al que ahora quisiera el poeta invitar al dios cristiano y a su ejército celeste. Así pues, no es de extrañar que el “irreductible monacato céltico”, fundado a partir de la prédica de monjes de procedencia siria, incorpore el círculo solar celta a la cruz cristiana.

La mayoría de los personajes que más adelante se irán agrupando en torno al ciclo artúrico, ya existen, aunque sin relación entre ellos, y proceden de la mitología celta insular. Owain mab Urien, hijo de Urien, rey de Rheged que en el 590 luchó con su padre contra los anglos de Bernicia, será recordado en la leyenda como Sir Ywain. Gwalchmei era un héroe tradicional de leyendas galesas que en un futuro aún lejano será Gawain, aunque se convertirá en sobrino de Arturo en el romance de Culhwch y Olwen. Seguimos recorriendo la galería de personajes en la que Drystan mab Tallwch será Tristán, y Lancelot du Lac nacerá del héroe galés Llwch Llawwynnauc, que a su vez parece una personificación del dios irlandés Lugh Lonbemnech, y Peredur será Perceval. Aún no ha llegado la hora de las mujeres, y por tanto tampoco de Ginevra.

No todos son hombres de armas. El druida y el bardo, son igualmente necesarios, y surgen las leyendas allá donde se busquen, Lailoken en Escocia; el irlandés Suibhne, que al igual que Merlín enloquece tras una batalla, la de Arfderydd (573) en este caso; y el druida y poeta galés Taliesín. Pero quien obtendrá más fama con el correr de la historia bajo el nombre de Merlín, será el vate Myrddin Wyllt, nacido en el año 540. Todos ellos son similares en cuanto que representan la sabiduría de los antiguos druidas. Son poetas, sacerdotes y jueces, los “videntes del roble” que hunden sus orígenes en la mitología indoeuropea, y a quienes Aristóteles llama los primeros filósofos.

Los celtas no utilizaban la escritura para transmitir sus hechos pasados, dejaban descansar esta responsabilidad sobre la tradición oral, y para ello contaban con los bardos, una profesión hereditaria especializada, y de alta consideración social. Las fuentes escritas más antiguas sobre la cultura celta en general, provienen del mundo clásico, Tito Livio, Julio César o Tácito. Esta cultura oral hará perdurar las leyendas hasta ser recogidas en galés, comenzando en el 850 con el Affallenau, pasando por el compendio del Mabinogion en 1060, hasta las triadas galesas del siglo XIII.

A Myrddin, lo encontramos en al menos ocho poemas galeses, y su función principal es vaticinar el futuro y dar consejo a su señor, tras la muerte del cual, se retira al bosque, medio loco de dolor. El Llyfr Du Caerfyrddin (Libro Negro de Carmarthen), escrito en el siglo XIII, en su tercer poema, Ymddiddan Myrddin a Thaliesin (El diálogo de Merlín y Taliesín) entabla una conversación entre estos dos druidas. Y es en Taliesín en quien vamos a fijar la atención porque, de momento, es quién proporciona un material de mayor interés para entender la mística de la que participan. El Libro Rojo de Hergest es otro códice, escrito entre 1382 y 1410, que recoge entre otros, un grupo de cincuenta y ocho poemas titulados El Libro de Taliesin, entre los cuales aparece su Romance, que no está incluido en el Mabinogion. Robert Graves, en su obra “La diosa blanca. Gramática histórica del mito poético”, nos describe el contenido:

Un noble de Penllyn llamado Tegid Voel tenía una esposa llamada Caridwen, o Cerridwen, y dos hijos, Creirvy, la muchacha más bella del mundo, y Afagddu, el muchacho más feo. Vivían en una isla en medio del lago Tegid. Para compensar la fealdad de Afagddu, Cerridwen decidió hacerlo muy inteligente. Así pues, de acuerdo con una receta contenida en los libros del mago Vergi de Toledo (protagonista de un romance del siglo XII) hirvió la inspiración y el conocimiento en una caldera que había que mantener a fuego lento durante un año y un día. Una estación tras otra agregaba a la poción hierbas mágicas recogidas en las horas planetarias debidas. Mientras recogía las hierbas puso al pequeño Gwion, el hijo de Gwreang, de la parroquia de Llanfair en Caereinion, a cargo de la caldera para que la removiera. Hacia el final del año tres gotas ardientes saltaron de la caldera y cayeron en el dedo del pequeño Gwion. Él se las llevó a la boca e inmediatamente conoció la naturaleza y el significado de todas las cosas del pasado, el presente y el futuro, y así se dio cuenta de que tenía que guardarse de las tretas de Cerridwen que estaba decidida a matarlo tan pronto como terminara él su tarea. En vista de ello huyó, y ella le persiguió en forma de horrible bruja gritona. Utilizando las facultades que le había proporcionado la caldera, Gwion se transformó a su vez en liebre, y ella en lebrel. Él se sumergió en un río y se convirtió en pez; ella se convirtió en nutria. El voló por el aire en forma de ave; ella se transformó en halcón. Él se transformó en un grano de trigo aventado en el suelo de un granero; ella se transformó en gallina negra, escarbó el trigo con las patas, encontró el grano y se lo tragó. Cuando volvió a tomar su forma natural se encontró encinta de Gwion y nueve meses después lo dio a luz en forma de niño. No tenía valor para matarlo, porque era muy bello, y en consecuencia lo metió en un saco de cuero y lo arrojó al mar dos días antes del Primero de Mayo. La corriente lo arrastró hasta la presa de Gwyddno Garanhair, cerca de Dovey y Aberystwyth, en la Bahía de Cardigan, de donde lo sacó el príncipe Elphin, hijo de Gwyddno y sobrino del rey Maelgwyn de Gwynedd (Gales septentrional), que había ido allí a pescar. Aunque no pescó pez alguno, Elphin se consideró bien recompensado por su trabajo y cambió el nombre de Gwion por el de «Taliesin», que significa «muy valioso» y también «rostro hermoso», lo que se presta a que el autor del romance haga juegos de palabras.

Cuando Elphin fue encarcelado por su regio tío en Dyganwy (cerca del Llandudno), la capital de Gwynedd, el niño Taliesin fue allí para liberarlo, y por medio de una exhibición de sabiduría, con la que desconcertó a los veinticuatro bardos de la corte de Maelgwyn -Nennio, el historiador británico del siglo VIII, menciona a los bardos aduladores de Maelgwyn- y a su jefe el bardo Heinin, consiguió la libertad del príncipe. En primer lugar hizo objeto a los bardos de un hechizo mágico, de modo que sólo podían decir blerwm blerwm con los dedos sobre los labios como los niños, y luego recitó un largo poema enigmático, el Hanes Taliesin, que ellos no pudieron comprender…”

La inspiración y el conocimiento tienen un nombre en la lengua celta, Awen, y es lo que busca Cerridwen operando durante un año y un día, según la receta del sabio de Toledo. Taliesín pareciera nacer tres veces, la primera como un mortal más, la segunda al entrar en contacto por accidente con el producto obtenido de la magia o quizás la alquimia, y obtener así la consciencia y la sabiduría, y por tercera y última vez, tras ser dado a luz por la propia Cerridwen, y luego dejado a su suerte en la corriente de un río, donde es rescatado por un príncipe. En contraposición Myrddin morirá tres veces, atravesado por una lanza, arrojado al vacío y ahogado. La iniciación y la transmigración, dos trances que, tradicionalmente, es necesario realizar triplemente. El objetivo de la iniciación será el Awen, que necesitarán los bardos para realizar dos de los actos que fundamentan su razón de ser, la poesía y la adivinación.

El mito en manos del galés Geoffrey de Monmouth.

Monmouth - Arthur

Monmouth – Arthur

La nueva fecha de partida es 1013, cuando los vikingos daneses se alían con los anglosajones para conquistar a los britanos. Los bretones de Armórica, en el continente, junto con los normandos parten para la isla en ayuda de los galeses, donde obtendrán la victoria de Hastings, en 1066, tras la cual Guillermo II de Normandía decide coronarse rey.

Galeses e irlandeses siguieron luchando juntos contra el poder normando, e incluso consiguen una pasajera unidad en Gales bajo el rey Gruffyd, (1075-1137), pero a su muerte da inicio un sistema de alianzas matrimoniales entre galeses y franceses, que da término a la posibilidad de un reino galés.

Este es el momento de aparición de las obras de Gruffudd hijo de Arthur, más conocido como Geoffrey de Monmouth, maestro en el Colegio de San Jorge en Oxford, y más tarde obispo de Saint Asaph, en Gales del Norte. En 1135 aparece la primera obra, “Las profecías de Merlín”, ocasión en la que el mago sale de la lengua galesa, y a través del latín comienza su imparable cruzar de fronteras.

Al año siguiente vendrá la “Historia de los reyes de Bretaña”. Virgilio escribió la Eneida para dotar a los romanos y al emperador Augusto de una ascendencia mítica, la de los héroes troyanos de la Iliada. Geoffrey de Monmouth utiliza el mismo recurso, pero esta vez los descendientes del troyano Eneas serán los galeses y el duque de Gloucester, hijo natural de Enrique I, para lo que empleará material del mundo clásico, de la tradición bíblica y del folklore céltico galés. Será en esta historia en la que tomará forma el mito de Arturo como paradigma de los valores de la caballería.

La tercer y última obra que nos llega de él es “La vida de Merlín”. Como buen conocedor de la literatura latina y la celta, utiliza ambas para la creación de su Merlín, combinando al druida Myrddin de los bosques galeses que había favorecido con sus profecías la unión de los pueblos celtas contra sus enemigos comunes, con el Aurelius Ambrosius, el líder militar romano-britano del siglo V que en algún momento se identificó con Arturo. El Merlín de Geoffrey es un venerable hombre de Dios con la misión de aconsejar a su señor, lo que llevará a cabo mediante su capacidad profética, después de lo cual se retirará del mundo.

Nuevas ideas comienzan a abrirse camino en Europa, que en la religión se refleja en el culto a la virgen María y el espíritu cisterciense, y en lo profano en la cultura caballeresca, con el Cantar del mío Cid en España, o la Chanson de Roland en Francia. Esta última es parte del llamado ciclo carolingio, donde se canta aquel intento a finales del siglo VIII por parte de Carlomagno de restituir el imperio romano de occidente, que esta vez añadirá las palabras sacro, pues su cabeza visible será el papa, y germano, ya que son sus pueblos los que lo liderarán. Allí se recordará a Carlomagno y los doce pares de Francia, y al mucho menos conmemorado pero fundamental Alcuino de York, el monje erudito, que se mantuvo junto al emperador para recordarle que no todo se alcanza con la espada, y que forjar un imperio requerirá fortalecer también su cultura.

Geoffrey dará a los británicos una imagen similar con Arturo y sus caballeros, y con Merlín, en torno a la cual se irán agrupando valores nuevos que idealizarán el amor cortés, el ejercicio de las armas, la defensa de la religión y el socorro a los débiles.

Síntesis continental.

Códice medieval

Códice medieval

En 1154 sube al trono Enrique II, britano y segundo marido de Leonor de Aquitania. Aunque formalmente ambos son vasallos del rey francés, el primer marido de Leonor, controlan un terreno ocho veces mayor que el del rey, y forman el Imperio angevino, desde Escocia a los Pirineos, dando comienzo a la dinastía Plantagenet. Sin embargo, en Inglaterra domina la minoría normanda que ve con mejores ojos a los Capetos franceses ya que estos descienden directamente de Carlomagno.

Pero Leonor de Aquitania es una mujer excepcional que conoce el poder de la palabra. Ha estado impulsando desde su corte el naciente amor cortés; habla latín, bretón, francés, y las lenguas de “Oc” y “Oil”; es nieta de Guillermo IX, “el primer trovador” y ha crecido entre trovadores occitanos y aquitanos, bardos armoricanos, y poetas andalusíes. Enrique por su parte habla francés, latín y occitano, y también coincide con sus gustos. Pronto se harán descender para el mundo de un antepasado aún más antiguo que Carlo Magno, Arturo de Bretaña, rey de territorios ingleses y franceses.

Encargarán la traducción al francés del material bretón de Arturo a Robert Wace, de forma que podrá sobrepasar la barrera del latín que lo restringe a los círculos cultos. La sociedad anglonormanda compartía la lengua y mantenía constantes relaciones con los bretones, con lo que podrían extender el apoyo a su partido. Con la libertad con que se conciben las traducciones en la época, Wace escribe el Roman de Brut (1155), que incorporará nuevas transformaciones, Arturo ya no muere en la batalla de Camlann, sino que, herido, es trasladado a la isla de Avalón por el hada Morgana; equipará a Arturo con la espada “Caliburn” y un escudo con la imagen de la Virgen; la mesa rectangular de banquete de los códices anteriores, se convertirá en la Tabla Redonda en la que el rey perderá su poder absoluto para ser un primus inter pares, y allí se sentarán doce caballeros, como fueron doce los pares de Carlo Magno y los apóstoles de Jesús;  e intercalará un periodo de doce años de paz para poder mostrar la justicia, cultura y bondades de aquella corte de Bretaña.

Enrique II y Leonor de Aquitania, por su parte, siguieron ayudando a reforzar el mito, identificando Avalón con la abadía Glastonbury, la cual pasará a ser la primera iglesia levantada en Inglaterra y fundada ni más ni menos por José de Arimatea. Los monjes benedictinos colaboraron con entusiasmo al experimentar la forma en que se convertirla en la iglesia que acumulaba la mayor cantidad de donaciones.

El personaje de Merlín tendrá una aceptación especial, y sus profecías políticas comenzarán a reproducirse por todo el continente. Como muestra, en la península ibérica, el rey Alfonso X el Sabio (1252-1284) en sus cantigas nos relata cómo la virgen María realiza un milagro a petición de Merlín.

El mito religioso del Grial.

Perceval, Chretien

Perceval, Chretien

María de Champaña, hija de Leonor de Aquitania, cuenta entre sus protegidos con Chrétien de Troyes, un escritor excepcional del que se dice que es el primer novelista en francés, al cual le ha encargado la composición de romances. Ya ha escrito dos de los fundamentales para perfilar el ciclo artúrico, “Yvain, el caballero del león” y el “Lancelot, el caballero de la carreta”, en donde Ginevra toma relevancia más allá de simple esposa de Arturo. Siguiendo el ideal de mujer que las damas de la corte de Champaña intentan promover, aparece como una reina inteligente y gentil. Pero su siguiente obra, será distinta. Chretien escribe “Perceval, el cuento del Grial” el más extraño libro de caballería, y también el que tendrá una mayor influencia en el tiempo.

La primera aparición del Grial es todo un juego de alegorías. Perceval es invitado por el Rey Pescador a su castillo. El rey está tullido a causa de una herida en la entrepierna, por lo que él y Perceval están sentados en un lecho en el centro de una sala cuadrada, que tiene al fondo una chimenea con fuego. Primero el rey le regala una espada a Perceval. Luego aparece un cortejo encabezado por un paje que porta una lanza de cuya punta de hierro mana una gota de sangre. Luego otros dos pajes con candelabros, seguidos de una doncella con el grial, y cierra otra doncella con un plato de plata. Del grial surge una luz tan intensa que el resto de la sala parece oscurecer. El cortejo pasa y desaparece por una puerta lateral.

Perceval no pregunta por el significado de lo que acaba de presenciar, y eso le pesará el resto de su existencia, y Chretien tampoco da explicaciones. Solo al final del romance dirá que en el interior del grial había una hostia. De hecho, graal es una palabra francesa que designa una escudilla que se utiliza en las mesas ricas. Aún no es el santo Grial.

La tentación de interpretar las alegorías es enorme, y el material producido con explicaciones ingente. Antropólogos del prestigio de George Dumézil o Lévi-Strauss lo han hecho, junto a filólogos y estudiosos de todo tipo. Se ha creído reconocer el simbolismo de las procesiones de Isis y Osiris o del cristianismo bizantino, representaciones de las funciones sociales indoeuropeas, o las cuatro joyas de los antiguos dioses celtas, los Tuatha De Danann, y por supuesto símbolos cristianos como la lanza de Longinos, y el cáliz donde Jesús bebió el vino y el plato donde comió el cordero pascual en la última cena.

La propuesta que apunta Victoria Cirlot parece más sencilla y real. En 1187 Saladino toma Jerusalén de manos cristianas. Apenas han pasado noventa años desde que el papa Urbano II llamara al inicio de las cruzadas, y Francia y el Sacro Imperio Romano ya está despertando de este terrible sueño, si bien aún queda por delante un siglo de luchas crueles.

El marido de María, Felipe, conde de Flandes, acaba de volver de tierra santa. El joven rey de Jerusalén, enfermo de lepra, lo que hacía urgente que pasara el mando de la desesperada defensa de la ciudad a alguien adecuado, y Felipe reunía todos los requisitos. Le ofreció el gobierno, pero este lo rechazó. No está claro cuáles han sido sus intenciones para emprender el viaje, pero antes de partir solicita a la mística Hildegarda que pregunte a Dios por su viaje, por lo que parece que los objetivos que se hubiera planteado eran de importancia y de tipo espiritual.

Quizás en este pasaje Chretien haga referencia a la historia de su señor Felipe en Jerusalén, donde encuentra una tierra desolada con un rey impedido por la lepra como la tierra yerma del Rey Pescador, tullido también por una herida. A Felipe le ofrecen hacerse responsable de un lugar santo lleno de reliquias, pero él no acepta, al igual que Perceval no indaga sobre las maravillas que le presentan. A continuación Jerusalén se pierde, igual que la oportunidad de mantener las reliquias. Y quizás Felipe sintiera, después, esta decisión como le ocurrió a Perceval. La representación de un conflicto interno donde se asocian alegóricamente contenidos que toman la forma de los símbolos adquiridos culturalmente.

Quizás en este pasaje Chretien haga referencia a la historia de su señor Felipe en Jerusalén, donde encuentra una tierra desolada como la tierra yerma del Rey Pescador, un rey impedido por una herida, como el rey de Jerusalen lo estaba por la lepra. A Felipe le ofrecen hacerse responsable de un lugar santo lleno de reliquias, pero él no acepta, al igual que Perceval no indaga sobre las maravillas que le presentan. A continuación Jerusalén se pierde, igual que la oportunidad de mantener las reliquias suponiendo un golpe para toda la cristiandad. Y quizás Felipe sintiera, después, esta decisión como le ocurrió a Perceval. Asistimos a la representación de un conflicto interno donde se asocian alegóricamente contenidos. Sin embargo Chretien no dice nada, y nuestro objetivo aquí es investigar la transformación del mito.

Chretien muere en 1190 o 91 dejando la obra inacabada, pero pronto irán aflorando las continuaciones, que ya serán en prosa, y que tendrán como protagonistas a algunos de nuestros caballeros galeses, Lancelot, Perceval y Tristan.

Pero antes Robert de Boron culminará la cristianización del mito, dando respuesta a las preguntas que han quedado abiertas. Entre 1202 y 1212 escribirá “José de Arimatea” y “Merlín”, donde trazará en detalle la genealogía que lleva desde Arturo hasta José de Arimatea y la sangre de Cristo recogida en el Grial cuando este le baja de la cruz. Ya sí, es el Santo Grial. Además conectará el ideal profano del amor cortés con el ideal religioso del Grial, la Tabla Redonda de “Le Roman de Brut” de Wace, y el Santo Grial de “Le conte du Graal” de Chrètien de Troyes.

Las fuentes que utiliza para la genealogía serán en su mayoría evangelios apócrifos, con conceptos procedentes de una tradición gnóstica, y el principal impulsor de la cristianización del reino artúrico será Merlín, consagrado como el profeta del Grial, y a quien le confiere una ascendencia diabólica. Con estos elementos sorprende encontrar, ya no solo que no tuviera ningún problema con la iglesia, sino también, la gran aceptación y difusión de la obra. Pero es que el “José de Arimatea” es el consuelo por la pérdida de Jerusalén. La ciudad, al ser un objeto, se puede perder, el Grial, inmaterial, no. Las reliquias son piezas inertes que mantienen trazas de lo sagrado, y el Grial es puro espíritu vivo.

Perduración cultural.

Parzival, Wolfram von Eschenbach

Parzival, Wolfram von Eschenbach

Con el fin de la Alta Edad Media, la mitología implicada en el ciclo artúrico pareciera ir perdiendo su utilidad política y social, pero quedará bien insertado en el sustrato cultural.

Se seguirá escribiendo una gran cantidad de obras referidas a Arturo, Merlín, los caballeros de mesa redonda, y la corte de Camelot. Algunas serán obras maestras literarias, como la que ve la luz inmediatamente después, en 1215 en alemán, el Parzival de Wolfram von Eschenbach, el trovador que escribe desde el castillo de Wartburg, donde hay tres reglas establecidas, Dios, el señor y la mujer amada. Para él, el Grial será la “Piedra de la Luz” traída del cielo por ángeles, y entregada a una orden de caballeros guardianes.

También lo serán la obra anónima “Sir Gawain and the Green Knigth” (1390) y “Le Morte Darthur” (1470), de Sir Thomas Malory, entre otras muchas. En Le Morte, escrita en la cárcel, la Tabla Redonda fundada por Merlín, acoge a caballeros cristianos o paganos indistintamente, que buscan saber la verdad sobre el grial. Solo Sir Galahad podrá encontrarla porque es puro y perteneces a la estirpe de José de Arimatea, y al linaje de Salomón, y él y sus compañeros tendrán una experiencia mística con la aparición de Jesús.

Por otra parte, en algunas zonas, continúa operando como leyenda que forma parte de la cultura popular. En 1867 el Vizconde Hersart de la Villemarqué recoge los cantos populares de la Bretaña en su famoso Barzaz Breiz, y aún encontramos a Merlín como referente de un saber antiguo.

Más tarde llegarán obras maestras en la música o el cine, pero aunque de mucho interés por si mismas, en nuestra opinión, no hacen al tema de la evolución y transformación del mito, porque en estos momentos quedan la leyenda y los arquetipos, pero el mito ya no opera. Todavía habrá algún intento de seguir aprovechando su fuerza, como en el caso del social nacionalismo alemán a través de la música de Richard Wagner, pero con un éxito efímero, ya que no se comprende que el mito si consigue transformase es dejando atrás los elementos regresivos, que no son válidos para el nuevo momento. El pasado mítico parece que solo prende en la sociedad en la medida en que responde como imagen compensatoria de una necesidad, proporcionando una salida que moviliza fuertemente la actividad en una dirección que se percibe como válida a futuro.

4 de enero de 2015

Jose García.

John Melhuish Strudwick - Elaine

John Melhuish Strudwick – Elaine

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