Notas sobre la Transferencia en Jung

por | 2 mayo, 2019

Carl Gustav Jung en 1913 rompe con Freud y, a continuación, tienen varias alucinaciones, para él llenas de significados.  Esa misma primavera tiene visiones que aparecen como sueños que él, posteriormente, considera premonitorios de la primera guerra mundial que comienza el 1 de Agosto.

Al comenzar la guerra experimenta como una certeza que su vida no solo depende de él mismo. Paralelamente, en su psicología analítica el Yo ya no mantendrá una interrelación exclusiva con el inconsciente personal, en su constitución aprecia la existencia de un inconsciente colectivo transpersonal. “Constituye la condición previa de cada psique individual, tal como el mar es el portador de cada una de sus olas”.

Se propone desvelarlo y la forma de leer sus significados es a través de los arquetipos. Decide experimentar consigo mismo, y se hace la siguiente pregunta: “¿Pero, cuál es, pues, tu mito, el mito en el que tú vives?

Es consciente de que el lenguaje de los arquetipos y del propio inconsciente es el poético. En 1916 escribe una pequeña obra que no publica y solo deja leer a los conocidos. Más tarde pensará que es un error de juventud. Es el Septem Sermones ad Mortuos. Estos sermones están aparentemente escritos por Basílides, un gnóstico alejandrino, y toma la forma de este tipo de escritos, o al menos según lo conocido en aquellos momentos, pues hay que recordar que hasta 1945 no se descubren los manuscritos gnósticos de Nag Hammadi (Egipto).

El gnosticismo comenzó poco después de hacerlo la era actual, como un movimiento sincrético que aunaba el cristianismo, la filosofía griega, principalmente Pitágoras y Platón, y la concepción oriental de la obtención de la iluminación o el contacto con lo divino a través de técnicas de desarrollo personal más que a través de la gracia otorgada por un dios. En un principio tuvo un gran prestigio, incluso entre los cristianos, como vía para las mentes más avanzadas, pero pronto pasó a ser perseguido.

En estas siete enseñanzas a los muertos plantea algunos conceptos importantes en desarrollos posteriores, especialmente que el mundo de los dioses se manifiesta en la espiritualidad y en la sexualidad, y enlaza con el hermafrodita de Platón y la búsqueda del ser humano por encontrar su complemento.

La Nada o lo Pleno lo llamamos nosotros PLEROMA. Ahí dentro se deja de pensar y de existir, pues lo infinito y eterno no tiene propiedad alguna.”

“Pero lo cambiable es la Creatur; es, pues, ella lo único fijo y determinado, pues tiene propiedades, ella misma es Propiedad”. […] “La diferenciación es la Creatur.”

“Si el Pleroma tuviera una esencia, Abraxas sería su manifestación.” “…unifica lo Pleno y el Vacío en su acción.” […] “Es el Hermafrodita”.

Treinta años después vuelve a tratar sobre la “unión mítica”, la “coniunctio”, cuando escribe “La psicología de la transferencia”, en donde aborda esta delicada técnica que, para él, es la clave en el tratamiento psicoanalítico.

Plantea que “los contenidos inconscientes aparecen siempre en primer lugar como proyectados sobre personas y circunstancias exteriores”. De estos contenidos, los que no logran integrarse, pueden transferirse a través de la proyección, y de esta forma deshacer el nudo y liberarse.

Para desentrañar el simbolismo del inconsciente colectivo, de los arquetipos que esconden tras de sí fuertes cargas emocionales, se ayuda de una obra alquímica del año 1550, el Rosarium Philosophorum. Puede parecer una extraña elección, “pero quien conozca los estudios expuestos en mi obra ‘Psicología y alquimia’ estará al tanto de las íntimas relaciones que existen entre la alquimia y los fenómenos con que debe contar la psicología de lo inconsciente para sus fines prácticos”.

Si bien reconoce en este arte los aspectos precursores de la química, le interesa más el aspecto de “filosofía mística”, que es capaz de “expresar mitológicamente el arquetipo de la unión de los opuestos, es decir, la imagen de la unio mystica” y “la unión matrimonial de los místicos con la divinidad”.

A través de las imágenes propuestas en el Rosarium Philosophorum entramos en el mundo transferencial, donde cuatro estrellas nos hacen retomar el contacto con los cuatro elementos, y una quinta nos indica el camino a la consecución de la quinta esencia. Donde la pila de mercurio pasa a contener el aqua permanens donde se origina la vida, y el vaso se convierte en útero donde crece el homúnculo.

Las siete estrellas nos encuadran en el macrocosmos, y el sol y la luna son padre y madre de la transformación, pasando a ser rey y reina en la tierra y unir sus rosas en cruz para formar la trinidad y, libres de ropajes, desnudar la verdad.

Mediante la inmersión en el agua purificante y el calor entramos en el inframundo ctónico, donde en la hora de la conjunción surgirán los más grandes portentos, ahora convertido en sepulcro, la culminación de la unión es dejar de ser. Para después, siguiendo las indicaciones, hacer el camino de regreso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *